Portada - Uno de los arqueólogos del INAH trabajando en la recuperación de los restos humanos descubiertos recientemente en el yacimiento de Tláhuac. (Fotografía: Melitón Tapia/INAH)

Intenso trabajo arqueológico saca a la luz en México el Tláhuac prehispánico

Tláhuac es una de las 16 delegaciones de la capital mexicana. Ubicada al sureste de Ciudad de México, ocupa más de 83 km² de extensión, y durante la época prehispánica se establecieron en ella diversas aldeas agrícolas. En el año 1222, una tribu nahua fundó Cuitláhuac — actual San Pedro Tláhuac— en un islote situado entre los lagos Xochimilco y Chalco, de los que hoy sólo se conservan algunos canales y humedales. A la llegada de los castellanos, alrededor de los lagos ya se hallaban establecidos los cuitlahuacas, mixquicas y xochimilcas. 

Ahora, un equipo de arqueólogos mexicanos, miembros del INAH, ha hallado en la zona vestigios arquitectónicos, enterramientos humanos, piezas cerámicas y restos de un par de antiguos tlacuaches, único marsupial mexicano que ha sobrevivido hasta el presente y que en los relatos indígenas suele aparecer como el dador del fuego, una especie de Prometeo animal.

Restos de un par de antiguos tlacuaches dispuestos como ofrenda a los dioses. (Fotografía: Octavio Vargas INAH)

Restos de un par de antiguos tlacuaches dispuestos como ofrenda a los dioses. (Fotografía: Octavio Vargas INAH)

Los arqueólogos Octavio Vargas Carranza y Eulogio Gustavo Rangel Álvarez llevan varios meses trabajando sobre el terreno, y coinciden a la hora de asegurar que se puede rescatar el Tláhuac histórico, el de las fuentes, y darle vida con el testimonio arqueológico. De hecho, especialistas de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del INAH han registrado evidencias arqueológicas en el 25% de la superficie total de 400 m² que se está estudiando por el momento.

Es a partir de los 90 centímetros de profundidad donde se han encontrado restos constructivos de los periodos Azteca I, II y III, cuando los mexicas dominaban la Cuenca de México (1200-1521) y Tenochtitlan cayó ante los conquistadores españoles.

Conquista de Míxquic y Tláhuac por Acamapichtli, según el Códice Mendoza. (Siglo XVI). Biblioteca Bodleiana de Oxford, Inglaterra. (Public Domain)

Conquista de Míxquic y Tláhuac por Acamapichtli, según el Códice Mendoza. (Siglo XVI). Biblioteca Bodleiana de Oxford, Inglaterra. (Public Domain)

Además, según se informa desde el propio INAH, Vargas y Rangel han explicado que Tláhuac, antes de la desecación de los lagos de Ciudad de México –algo que sucedió de forma paulatina entre los siglos XIX y XX–, era una isla enclavada en el Lago de Chalco que tenía sólo dos vías de comunicación con tierra firme, hacia Tulyehualco y al norte, a través de calzadas. Los habitantes de Cuitláhuac (cuyo significado en náhuatl es “excrecencia divina”), nombre antiguo de Tláhuac, disfrutaban  del prestigio de descender de Quetzalcóatl. Por ello, en busca de su legitimación, el penúltimo de los tlatoanis mexicas, Cuitláhuac, fue oriundo de este lugar.

Los arqueólogos han excavado un espacio que debió componerse de diversos habitáculos, puesto que hasta el momento han logrado localizar tres accesos distintos. En uno de sus extremos encontraron parte de la osamenta de un individuo adulto, en cuyas extremidades inferiores estaban dispuestas, a modo de ofrenda: una olla, platos, cazuelas y algunos caracoles procedentes de la Costa del Golfo o del Pacífico. También se hallaron orejeras con aplicaciones de turquesa y cuentas de piedra verde.

Enterramiento de un individuo adulto junto a una ofrenda compuesta por platos, cazuelas, ollas, caracoles, orejeras y cuentas de piedra verde. (Fotografía: Octavio Vargas INAH)

Enterramiento de un individuo adulto junto a una ofrenda compuesta por platos, cazuelas, ollas,  caracoles, orejeras y cuentas de piedra verde. (Fotografía: Octavio Vargas INAH)

También se ha encontrado dentro de una olla un enterramiento infantil, con molcajetes trípodes a su alrededor. A escasos dos metros, fue hallada una cista (excavación circular delimitada por piedras) en cuyo interior se habían enterrado los restos de otro niño, de entre 5 y 6 años de edad, junto a cuatro navajillas de obsidiana verde. Por el nivel en el que se encuentran los restos funerarios, los arqueólogos los datan en torno al año 1200.

Con respecto a las ruinas arquitectónicas, entre los materiales de construcción se han observado piedras de basalto o tezontle, arena y la utilización de un tipo de piedra pómez como conglomerante en lugar de la cal habitual, que ya se empleaba por aquel entonces. La parte posterior del terreno se encontró muy alterada por diversas conexiones de drenaje, aunque se consiguió localizar los arranques de algunos muros.

La parte posterior del terreno estudiado se halla muy alterada por diversas conexiones de drenaje, aunque se consiguió localizar los arranques de algunos muros. (Fotografía: Octavio Vargas INAH)

La parte posterior del terreno estudiado se halla muy alterada por diversas conexiones de drenaje, aunque se consiguió localizar los arranques de algunos muros. (Fotografía: Octavio Vargas INAH)

Por otra parte, cabe destacar que en el yacimiento también se han encontrado diversos objetos y artefactos, como piezas cerámicas con la representación de un Xólotl (dios del inframundo con cabeza de perro), un sello con la figura de un mono araña y el símbolo de un caracol recortado, distintivo del dios del viento Ehécatl, además de agujas elaboradas con hueso de venado, un pendiente creado con parte de un hueso craneal humano, herramientas de molienda y puntas de lanza.

“También se han registrado materiales que provienen de otras regiones de Mesoamérica, como jadeíta, serpentina y turquesa, lo que da cuenta de las relaciones que Cuitláhuac mantenía con otras áreas, al haber sido un lugar de paso hacia el centro de la Cuenca de México. Además fue un lugar donde se practicó el cultivo intensivo mediante el empleo de chinampas; tenían recursos agrícolas con los cuales comerciar”, ha explicado finalmente Octavio Vargas.

Sello recuperado en Tláhuac con la figura de un mono araña. (Fotografía Melitón Tapia INAH)

Sello recuperado en Tláhuac con la figura de un mono araña. (Fotografía Melitón Tapia INAH)

Fotografía de portada: Uno de los arqueólogos del INAH trabajando en la recuperación de los restos humanos descubiertos recientemente en el yacimiento de Tláhuac. (Fotografía: Melitón Tapia/INAH)

Autor: Mariló T. A.

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