Portada-Uno de los ochos esqueletos de perros que se encontraron junto a tres estacas a las que probablemente estuviesen atados. Foto: Jacob Due/Museo Moesgaard

Descubierto en Dinamarca un Centro de Sacrificios de la Edad del Hierro con Restos Humanos y Caninos

Un equipo de arqueólogos ha desenterrado en Dinamarca un bien conservado poblado de la Edad del Hierro junto con los restos de un humano y ocho perros, que yacían próximos a unas estacas a las que habrían estado atados en una turbera cercana. Las circunstancias del descubrimiento sugieren que el hombre y los animales fueron sacrificados y a continuación se les depositó en fosas excavadas en la turba como ofrenda a los dioses.

The Local  informa de que los hallazgos fueron realizados en las excavaciones arqueológicas de Skødstrup, al norte de Aarhus, en Dinamarca. Los restos del humano y los canes se encontraron a solo 200 metros de otro terreno pantanoso que ya había dado lugar a numerosos descubrimientos arqueológicos desde principios del siglo XIX, entre ellos numerosos objetos y restos de la Edad del Hierro, como espadas, lanzas, escudos, un falo de madera, huesos humanos quemados y los restos de trece perros. Las armas se han datado en torno al 300 a. C., mientras que los restos humanos y animales datan de entre el 250 d. C. y el 275 d. C.

“Esperábamos grandes cosas de estas excavaciones, pues hasta ahora ya se han encontrado en los pantanos cercanos a Skødstrup un asentamiento, un lugar de enterramiento y gran cantidad de ofrendas y sacrificios,” declaró a The Local Per Mandrup, arqueólogo del Museo Moesgaard y director de las excavaciones. “Pero estos nuevos descubrimientos superan con creces nuestras expectativas, y el hallazgo de un esqueleto humano es la guinda del pastel”.

Los restos humanos pertenecen a una mujer que murió con algo más de 20 años. Su esqueleto está incompleto, pues no se encontró su cráneo.

Los huesos recién descubiertos pertenecían a una mujer de algo más de veinte años. Foto: Jacob Due/Museo Moesgaard
Los huesos recién descubiertos pertenecían a una mujer de algo más de veinte años. Foto: Jacob Due/Museo Moesgaard

En el poblado de la Edad del Hierro se han encontrado cimentaciones de viviendas y calles empedradas. En sus cercanías están el lugar en el que se llevaban a cabo los enterramientos y los pantanos para los sacrificios. “Nos aporta información muy valiosa acerca de la vida en la Edad del Hierro, en tiempos de paz y de guerra, no nos estamos asomando únicamente a su universo religioso,” apunta Mandrup en declaraciones a The Local.

Una carretera de la Edad del Hierro. Foto: Jacob Due/Museo Moesgaard

Una carretera de la Edad del Hierro. Foto: Jacob Due/Museo Moesgaard

Pruebas sustanciales sugieren que a principios de la Edad del Hierro, los pantanos eran utilizados para realizar ofrendas a los dioses, lo que incluía sacrificios humanos y animales, armas y otros tesoros. Muchos de los restos humanos recuperados en estos pantanos se encontraban notablemente bien conservados gracias a las condiciones de acidez y ausencia de oxígeno de los terrenos pantanosos ricos en turba, que preservan la materia orgánica prácticamente intacta. Uno de los descubrimientos más impresionantes realizados en este tipo de terrenos ha sido el Hombre de Tollund , los restos de un hombre del siglo IV  hallados en Dinamarca, cuyo rostro se había conservado prácticamente igual que el día en que murió. Su expresión es pacífica y tranquila, y de hecho parece que estuviera durmiendo. Como muchos otros, el hombre de Tollund había sido sacrificado como parte de un ritual de la Edad del Hierro.

El bien conservado rostro del Hombre de Tollund. Imagen: Wikipedia

El bien conservado rostro del Hombre de Tollund. Imagen: Wikipedia

 

A lo largo de los siglos, se han desenterrado al llevarse a cabo actividades relacionadas con la extracción de turba los restos de más de 500 hombres, mujeres y niños en Europa noroccidental, especialmente en Irlanda, Gran Bretaña, los Países Bajos, el norte de Alemania y Dinamarca. La mayoría datan de entre el 800 a. C. y el 200 d. C. Nadie sabe con certeza quiénes eran estos individuos y cómo acabaron en los pantanos, pero parece que la mayoría de sus cuerpos no son solo los restos de gente desafortunada que cayó al pantano tras perderse por el camino, puesto que muchos de ellos muestran señales de haber sufrido una muerte violenta.

Las costumbres funerarias de la época y la región implicaban la incineración de los cuerpos, de modo que el hecho de que algunos se encontraran deliberadamente depositados en las turberas, y a menudo acompañados de ofrendas votivas, sugiere que no eran enterramientos normales, y parecen apuntar a la posibilidad de que fueran víctimas de sacrificios. Por ejemplo, el Hombre de Tollund, fue descubierto aún con una soga al cuello, aunque no presenta otras lesiones y parece haber sido cuidadosamente depositado en el pantano: se le cerraron los ojos y la boca, y su cuerpo se dispuso en una postura propia de un durmiente – algo que no hubiera ocurrido si hubiese sido un vulgar criminal.

Apariencia actual del Hombre de Tollund. Foto: Tollundman.dk

Apariencia actual del Hombre de Tollund. Foto: Tollundman.dk

Los arqueólogos han reconocido que, aunque las recientes investigaciones aportan nuevos y valiosos datos sobre estos cuerpos depositados en los pantanos, aún quedan muchas preguntas sin respuesta. Como bien expresó Lotte Hedeager, experta en arqueología de la Edad del Hierro en la Universidad de Oslo, en Noruega: “Nunca podremos conocer con exactitud la percepción que tenían de la vida y la muerte estos individuos de hace 2.000 años. Eso seguirá siendo un auténtico secreto guardado por los pantanos.”

Unos 30 cuerpos hallados en pantanos se encuentran en museos daneses, en los que los científicos han trabajado durante décadas, intentando desvelar el misterio de quiénes eran estos individuos, cómo murieron, y por qué. Los restos humanos hallados en Skødstrup ya han sido enviados al Museo Moesgaard para someterlos a nuevos análisis.

Imagen de portada: Uno de los ochos esqueletos de perros que se encontraron junto a tres estacas a las que probablemente estuviesen atados. Foto: Jacob Due/Museo Moesgaard

Autor: April Holloway

Traducción: Rafa García

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

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