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Descubierto Guerrero Escita de la Edad del Hierro con Punta de Flecha de Bronce Incrustada en su Espina Dorsal

El descubrimiento del cuerpo de un guerrero Escita de la Edad del Hierro en Kazajistán central, demuestra que habría sobrevivido a la batalla pese a la herida infligida por la punta de flecha de bronce.

El guerrero fue descubierto en un kurgán (túmulo funerario escita) en Koitas, Kazajistán. Formaba parte de un clan de guerreros nómadas. Sus huesos estaban dispersos cuando fueron encontrados y algunos habían desaparecido por completo. Sin embargo, cuando los arqueólogos Svetlana Tur, Svetlana Svyatko, Arman Beisenov y Aleksei Tishkin reconstruyeron su esqueleto encontraron una punta de flecha metálica incrustada en la espina dorsal del hombre. El descubrimiento fue presentado por los arqueólogos en The International Journal of Osteoarchaeology (Revista Internacional de Osteoarqueología) y más tarde publicado por Forbes Magazine. Según los datos históricos disponibles son muy escasas las víctimas de heridas así que sobrevivían.

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Ilustración mostrando el interior de un kurgán Escita (Wikimedia Commons)

El hombre tenía entre 25 y 45 años de edad en el momento de su muerte y medía  1,75 metros de altura. Esto probablemente indique que pertenecía a la élite de su clan, explicando su capacidad de acceso a todo tipo de recursos. Sus huesos, tras las pruebas de carbono 14, han sido datados entre el siglo VII y el VI a. C. y están marcados por una fractura en una de las costillas y por tempranas etapas de osteoartritis en su espina dorsal.

Normalmente, una herida sufrida en la espina dorsal provocada por una flecha mataría a su víctima, pero este hombre sobrevivió y el hueso de su undécima vértebra torácica creció alrededor de la punta de flecha incrustada. El asta de la flecha probablemente fuera extraída de su cuerpo, quedando la punta dentro. En la mayor parte de casos, este tipo de herida causaría peritonitis o hemorragia, pero en esta ocasión el herido sobrevivió tanto tiempo que el hueso creció alrededor de la punta de flecha que, con el paso el tiempo, comenzó a corroerse.

No se encontró prueba alguna de que fuera asistido médicamente, pero la fractura en una de sus costillas junto con su supervivencia a una herida de flecha indican que el hombre era lo suficientemente resistente como para soportar cierto nivel de heridas en la batalla.

Los arqueólogos emplearon radiografía y tomografía computerizada (TAC) para realizar una observación más detallada y ésta reveló un corte transversal triangular. La punta de flecha también se rompió, probablemente a causa del impacto tras golpear con el hueso. Por su parte, el equipo llegó a la conclusión de que la flecha se clava en el cuerpo del hombre viniendo de la derecha y desde una mayor altura. Un último examen con rayos X demostró que la punta de flecha estaba hecha de una aleación de cobre con alto contenido en estaño. Si hubiera sido de plomo, el hombre definitivamente hubiera muerto por envenenamiento.

La Edad del Hierro siguió a la Edad del Bronce en Europa Central y se caracterizó, principalmente, por la difusión del uso de instrumentos de hierro y de acero, incluidas armas. En Europa Occidental y Central, la Edad del Hierro comenzó con la Cultura de Hallstatt, una de las sociedades celtas europeas más antiguas que existió entre los años 800 y 500 a. C. Posteriormente surgió la Cultura de La Tène (500 a. C. -1 a. C.), descubierta en un yacimiento arqueológico de Suiza. Miembros de La Tène eran los celtas que atacaron Grecia y Roma entre el 450 a. C. y el 1 a. C. Estos guerreros utilizaban carros de guerra de dos ruedas que probablemente habían adoptado de los etruscos. A diferencia de la Cultura de Hallstatt, que se concentraba en castros, los miembros de La Tène eran celtas que vivían en pequeños pueblos, dispersos.

En la antigua Escitia, en particular en Ucrania del Este, la Edad del Hierro siguió una cronología diferente, marcada por la Edad del Hierro pre-escita (siglos VIII y VII  aC.), la Edad del Hierro escita (siglos VII al III a. C.) y la Edad del Hierro Sármata (del siglo III a. C. al IV d. C.).

En Kazajistán, al este de Ucrania, las investigaciones arqueológicas han demostrado que dichas sociedades practicaban una mezcla de nomadismo y agricultura. Las principales pruebas de ello se han encontrado gracias a excavaciones en viviendas y por datos medioambientales.

Se han descubierto otros restos escitas en Kazajistán, como los de ‘la princesa de los escitas’, una joven hallada en una tumba de Urdzhar, al este de Kazajistán. Fue enterrada con un tocado de oro y, por tanto, tuvo que ser un individuo destacado dentro de su comunidad. El tocado está decorado con figuras de animales y puntas de flechas y es similar a otro enterramiento Escita, también en Kazajistán, conocido como ‘El Hombre de Oro’. Se trata del enterramiento de un varón que pudo haber sido un príncipe guerrero Escita ya que fue enterrado junto con unos 4.000 ornamentos de oro. En el 2010, los arqueólogos también descubrieron la tumba de un guerrero Escita al que llamaron  ‘El Señor del Sol’ ya que su torso estaba cubierto enteramente de oro.

Imagen de Portada: Batalla entre Escitas y Eslavos (Wikimedia Commons).

Autor: Robin Whitlock

Traducción: Mariló T. A.

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso

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