Portada - Restos óseos de un bisonte localizados en el municipio mexicano de Terán. (Fotografía: Araceli Rivera/INAH)

Identifican en México un ritual de invierno practicado hace al menos 8.000 años en la última Edad de Hielo

En el estado mexicano de Nuevo León, bajo sus inmensas llanuras, se esconden numerosos tesoros arqueológicos esperando ser desvelados. 20 años han necesitado los especialistas para sacar a la luz algunos de dichos tesoros. Ahora, tras diversos proyectos de estudio, por fin han logrado armar — y comenzar a comprender — un rompecabezas que describe la interacción mantenida entre los primeros humanos que poblaron México y numerosos animales ya extintos durante la última Era de Hielo, hace alrededor de 8.000 años.

Según se indica desde la página web del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH) , este nuevo e importante descubrimiento se localiza a una veintena de kilómetros de otro depósito arqueológico con características rituales, del que hace 20 años sólo se rescataron dientes de las mismas especies. Dicho depósito fue encontrado bajo una losa de piedra rectangular, en el centro de un abrigo de roca cuya boca fue disminuida con grandes bloques de piedras, de tal forma que sólo caben en él dos personas. Por ello, el yacimiento fue llamado La Bóveda .

En aquella exploración de entonces, Araceli Rivera , arqueóloga e investigadora del INAH, y su equipo pensaron que encontrarían todo tipo de restos de animales del Pleistoceno pero sólo pudieron hallar dientes y muelas: en La Bóveda nunca aparecieron esqueletos ni los cráneos. Ni siquiera mandíbulas.

Petroglifos descubiertos en el municipio mexicano de General Terán, Nuevo León. (Fotografía: Araceli Rivera/INAH)

Petroglifos descubiertos en el municipio mexicano de General Terán, Nuevo León. ( Fotografía: Araceli Rivera/INAH )

La arqueóloga, con la ayuda del paleontólogo Joaquín Arroyo Cabrales , también investigador del INAH, dedujo que se encontraban ante los restos de un ancestral ritual llevado a cabo por antiguos pobladores de finales del Pleistoceno, hace unos 8,000 años. Además, a los dientes recuperados había que sumar el hecho de que, en el solsticio de invierno, La Bóveda se ilumina con un haz de luz que recorre la laja de piedra rectangular e ilumina el interior durante algunos minutos. Los estudiosos y entendidos defienden que debió tratarse de un ritual relacionado con el invierno: cuando los grupos humanos que habitaban las llanuras sufrían carestía de alimentos por culpa del frío clima.

Durante los años posteriores, los científicos continuaron desenterrando materiales líticos –datados hace entre 8.000 y 10.000 años– pertenecientes a grupos paleoindios en torno al yacimiento y, por fin, entre los años 2014 y 2015, Araceli Rivera informó de un nuevo descubrimiento paleontológico, fundamental y que llevaban esperando dos décadas: un yacimiento al que llamaron Mohínos y del que sí que se ha podido recuperar una considerable concentración de restos de megafauna, entre la que destacan dientes, molares, cráneos, costillas y vértebras de mamuts, camellos, caballos, llamas y bisontes prehistóricos.

Ahora, la especialista propone que aquellos dientes y muelas recuperados hace 20 años eran trasladados desde Mohínos, donde las piezas dentales eran preparadas para luego irlas depositando en La Bóveda. Asimismo, a lo largo del año 2015, prosiguieron las excavaciones en Mohínos y en un cúmulo de sedimentos salieron a la luz nuevas vértebras. Al profundizar la exploración hasta los 80 centímetros se pudo observar un animal desarticulado. Continuaron excavando y aparecieron dos mandíbulas. Poco después les fue posible identificar una llama prehistórica casi completa.

Sin embargo, la mayor sorpresa emergió cuando, entremezclados con los huesos, se desvelaron tres artefactos de piedra caliza con marcas de haber sido usados: el sedimento había compactado tres herramientas líticas, mandíbulas, parte de las extremidades, casi toda la columna vertebral, las costillas y la pelvis de la posible llama.

La hipótesis de la arqueóloga contempla la posibilidad de que los primeros grupos humanos que llegaron a habitar las llanuras centrales de Nuevo León cazaron y aprovecharon la llama, igual que hicieron con otras especies. Asimismo, propone que los grupos paleoindios de esta región convivieron a principios del Holoceno con llamas y bisontes, antes de que esas especies se extinguieran en la zona al igual que el mamut.

Pieza dental, posiblemente de llama, recuperada en Mohínos. (Fotografía: Araceli Rivera/INAH)

Pieza dental, posiblemente de llama, recuperada en Mohínos. ( Fotografía: Araceli Rivera/INAH )

Durante los últimos 20 años, Araceli Rivera ha recorrido la región centro-sur de Nuevo León y ha explorado una decena de yacimientos paleontológicos con fauna del Pleistoceno compuesta por ejemplares aislados, concentraciones de restos de animales como mamuts, mastodontes, bisontes, llamas, camellos y caballos, así como otros yacimientos relacionados con herramientas elaboradas por el hombre de la época Paleoindia.

La experta arqueóloga ha explicado que la llanura presenta huellas de ocupación humana paleoindia y arcaica, y que en ella se han descubierto lugares con evidencias arquitectónicas, espacios rituales, pintura rupestre y petroglifos, centenares de herramientas líticas y materiales perecederos. En cambio, la parte serrana o montañosa de la región sur alberga vestigios arqueológicos más recientes. Al parecer, los grupos paleoindios prefirieron permanecer en la llanura cazando megafauna, mientras que por la sierra entraron otras oleadas de poblaciones nómadas más tardías, portando otro tipo de artefactos y sin dejar evidencia alguna de petroglifos.

Escápula de mamut recuperada en el yacimiento de Mohínos. (Fotografía: Araceli Rivera/INAH)

Escápula de mamut recuperada en el yacimiento de Mohínos. ( Fotografía: Araceli Rivera/INAH )

Imagen de portada: Restos óseos de un bisonte localizados en el municipio mexicano de Terán. ( Fotografía: Araceli Rivera/INAH )

Autor: Mariló T. A.

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