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Portada - Castillo de Al Sela cercano a Tafila, Jordania (CC by SA 4.0)

Descubiertos reveladores antiguos fragmentos de cerámica en la milenaria fortaleza de montaña nabatea de Sela

Un equipo de investigadores que se encuentra explorando en Amman la fortaleza de montaña edomita-nabatea de hace 3.000 años conocida como Sela, ubicada en la meseta de Edom, en el sur de Jordania, entre Tafila y Busayra, ha descubierto restos de la Edad de Hierro que nos hablan en detalle de cómo el lugar era utilizado y reutilizado en tiempos antiguos.

La montaña de Sela se adecuaba bien a las necesidades de los antiguos nómadas nabateos, ya que esta pequeña montaña con sus riscos de roca escarpada en todas sus caras era una fortaleza natural perfecta para almacenar mercancías y centralizar recursos, siendo segura incluso para criar a sus hijos. Según un informe publicado en The Jordan Times, el año pasado los arqueólogos recuperaron fragmentos de herramientas, instrumentos y objetos, incluidos “43 rebordes, 23 asas, cuatro bases y 17 esquirlas diversas.”

“42 de los fragmentos databan de la Edad del Hierro IIC, 23 de ellos del período nabateo y 15 del período romano/bizantino, mientras que los 14 restantes fueron identificados como ayubíes-mamelucos y otomanos.”

Los arqueólogos también observaban que “No se detectó ningún material (cerámica) de la Edad del Bronce o la Edad del Hierro I en el transcurso de la investigación.” El experto jordano Mohammad Najjar comentaba a los reporteros que “esta evidencia apunta a la Edad del Hierro II (Periodo Edomita) como el inicio de la ocupación de Sela, ya que se encontraron algunas piezas de cerámica pintada edomita, mientras que la ausencia de fragmentos de cerámica pintada nabatea era absoluta.”

La fortaleza de montaña de Sela (Nabataea.net)

La fortaleza de montaña de Sela (Nabataea.net)

La ciudad de Sela en la Antigüedad

El historiador griego Estrabón (64 a. C. – 24 d. C.) describe Sela como “la metrópolis de los nabateos... fortificada en todas partes por la roca. En su parte exterior la ubicación es empinada y escarpada, y su interior tiene manantiales en abundancia, tanto para uso doméstico como para regar jardines”. Según Nabatea.net, tradicionalmente muchos historiadores han pensado que Estrabón estaba describiendo el famoso Tesoro Nabateo de Petra, pero Petra no tiene manantiales y se encuentra en un valle abierto con agua canalizada procedente de varias millas de distancia, así que la descripción se ajusta mejor a los manantiales, colinas y riscos de la montaña de Sela.

Según Najjar, la zona en la que se encuentra Sela sólo fue habitable gracias a una gestión cuidadosa del agua, y los nabateos eran expertos constructores de pozos y depósitos de agua, canales y cisternas. La nueva evidencia arqueológica hallada en el lugar sugiere que Sela empezó a ser habitada “en el periodo edomita, cuando los conocimientos y técnicas de gestión del agua [captación, distribución y almacenamiento] fueron concebidos y dominados por los colonos”.

Los nabateos eran una tribu nómada de beduinos que vivía del pastoreo por todo el desierto de Arabia en busca de pastos y lugares donde hubiera agua. Los nabateos han sido incluidos tradicionalmente en la cultura aramea, pero esta hipótesis del origen arameo es ahora generalmente rechazada por los expertos modernos, quienes se remiten a las pruebas arqueológicas, religiosas y lingüísticas que confirmarían que eran en realidad una tribu del norte de Arabia.

Los nabateos eran expertos en ingeniería hidráulica. En la fotografía, canalizaciones de agua talladas en la ladera de una pared rocosa (Dario Bajurin/Adobe Stock)

Un monumento nabateo a los dioses

En el año 2018, una expedición española a Sela encabezada por Rocío Da Riva, de la Universidad de Barcelona, incluyó entre sus participantes a cuatro escaladores profesionales (Noriega Fuente, González Hernández, Mejías Sallés y Lopez Estació). Este equipo descubrió “fragmentos de utensilios y cerámica que se remontaban a la segunda Edad del Hierro, además de monumentos que se alzaban imponentes, con grabados e inscripciones.”

Najjar explicaba al respecto: “Como el monumento se encuentra a 90 metros de altura sobre la pared rocosa, fue absolutamente necesario hacer rápel con cuerdas y material de escalada. Ésa fue la razón por la que se incluyó a cuatro escaladores profesionales en nuestra expedición.” El investigador añadía a continuación que, “Las inscripciones, el monumento y su superficie permanecen intactos.” En un informe publicado en Biblical Archaeology podemos leer además sobre este descubrimiento que “una ininteligible y larga inscripción cuneiforme neobabilónica” rodea a “un relieve de un distinguible estilo mesopotámico” que representa a “una figura de la realeza con un gorro cónico, portando un largo báculo y ante símbolos del sol, la luna y las estrellas.”

Los arqueólogos coinciden por lo general en que la iconografía del monumento “conmemora la conquista de es-Sela y Edom durante la campaña del sur del rey babilónico Nabonido (555 a. C. – 539 a. C.), quien, como es bien sabido, fijó su residencia en el noroeste de Arabia durante gran parte de su reinado.”

Imagen de portada: Castillo de Al Sela cercano a Tafila, Jordania (CC by SA 4.0)

Autor: Ashley Cowie

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

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