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Portada-Este retrato de Teófilo Folengo, poeta del renacimiento, obra de un artista desconocido, se encuentra en el Museo de San Sebastiano de Mantua, en Italia. Un equipo médico formado por un padre y un hijo afirma que su sonrisa revela una patología, probablemente una apoplejía o un tumor cerebral.

La sonrisa torcida de un retrato permite diagnosticar una patología a un influyente poeta del siglo XVI

Teófilo Folengo fue un destacado poeta del siglo XVI autor de fantásticas obras que influyeron a escritores posteriores, como François Rabelais, autor de Gargantúa y Pantagruel. Recientemente, dos doctores italianos que estaban estudiando un viejo retrato de Folengo han escrito un artículo en el que afirman que, según se deduce de su extraña y torcida sonrisa, el poeta debió padecer apoplejía o algún tipo de tumor cerebral en la última etapa de su vida.

Los doctores Francesco M. Galassi y Stefano Galassi, padre e hijo, afirman que aunque no pueden asegurar con certeza cuál era la enfermedad que aquejaba al poeta basándose en una única y antigua pintura, se deduce por sus cejas blancas y rasgos demacrados que Folengo estaba llegando al final de su vida y padecía un grave trastorno patológico cuando se pintó el retrato.

“Si realmente esa era la causa principal de su parálisis facial, con toda probabilidad debió sufrir una devastadora apoplejía o un tumor cerebral que creció rápidamente y provocó metástasis, con las graves consecuencias que podemos imaginar para su integridad física. Esta podría ser una explicación fundamentada y científicamente razonable para el fallecimiento del gran poeta,” escriben los autores en la revista Neurological Sciences (Ciencias Neurológicas).

Los doctores explican que aunque existen otros cuadros en los que supuestamente aparece retratado Folengo, se cree que esta pintura anónima es la que refleja con mayor fidelidad los rasgos del poeta, ya que en una inscripción en latín sobre el lienzo se puede leer: “Theophilus Folengo/poeta Merlions/Obyt.” Los rasgos de los personajes que aparecen en otras pinturas no son exactamente los mismos que los del individuo del retrato estudiado por los doctores.

“Lo que inmediatamente llama la atención del espectador es la extraña y anómala sonrisa torcida que aparece en su rostro, que no puede comprenderse como una expresión facial natural sino que debe sin duda interpretarse a la luz de los principios de la diagnosis médica,” escriben los autores del artículo.

El retrato fue noticia cuando se presentó en el Museo de San Sebastiano de Mantua. En un artículo de la Gazzetta di Mantova se dice que Folengo, antiguo clérigo, aparece ataviado con los hábitos de la orden Benedictina. “La boca esboza una mueca involuntaria debido a una enfermedad,” se leía en la Gazzetta. “Teófilo emerge de un fondo oscuro, su cara excavada a partir de la fisonomía imperante, la mirada fija, mordaz, agudo, envuelto en negras ropas flamencas.”

Folengo, que vivió del 1491 al 1544, era también conocido por el pseudónimo Merlino Coccajo o Coccai. Escribió en Latín macarrónico lo que los doctores llaman el “heroicómico” poema Baldus. Esta obra ejerció una poderosa influencia en Rabelais.

La comida de Gargantúa, grabado de Gustave Doré. Gargantúa es un gigante, personaje de la novela de Rabelais “Gargantúa y Pantagruel” (Wikimedia Commons)

La comida de Gargantúa, grabado de Gustave Doré. Gargantúa es un gigante, personaje de la novela de Rabelais “Gargantúa y Pantagruel” (Wikimedia Commons)

Folengo publicó siete libros a lo largo de su vida y también escribió otros que fueron publicados póstumamente. Un breve artículo en www.folengo.com presenta al autor:

Teófilo Folengo era divertido e ingenioso, sus libros retratan el mundo de su época: abogados, cocineros, alguaciles, monjes, posaderos, él mismo. Incluso si se le compara con otros hombres y mujeres del Renacimiento, Folengo destaca como extremadamente culto y versátil, sus escritos aúnan la literatura del pasado y el presente, la sagrada y la profana, geografía, sexualidad y muchos otros campos. Poeta, publicista, comentarista e intérprete, se presentaba a sí mismo en sus textos de todas las formas posibles: su Caos del Triperuno es una grandiosa exploración de sí mismo escrita hace 500 años. Su ingenio, su corazón y su minuciosa precisión atrapan al lector: Forjado palabra por palabra, construye un puente del que aquellos que amen su obra dependerán para siempre. Folengo quiere hacernos reír mientras nos invita a cruzarlo una y otra vez.

La obra escrita de Folengo se ha comparado con las salvajemente originales y extrañas pinturas de Jerónimo el Bosco:

Una paradoja notable es característica del Bosco como artista. Mientras que se opone incansablemente a la ‘locura’, la irracionalidad, el ‘salvajismo’, y el pensamiento (y comportamiento) descontrolados, su arte opera fundamentalmente a través de una invención caprichosa e impredecible, la libre asociación y la libertad formal. … Esta comparación no estaba injustificada, ya que escritores macarrónicos como Merlino Coccajo (Teófilo Folengo, 1491-1544) en su poema épico Baldus, a menudo expresa una visión del mundo similar a la del Bosco.

‘La Tentación de San Antonio’ de Jerónimo el Bosco, cuya obra se ha comparado con los escritos de Teófilo Folengo. Para hacerse una idea más aproximada de lo extravagante de esta pintura, véase la imagen de Wikimedia Commons en alta resolución.

‘La Tentación de San Antonio’ de Jerónimo el Bosco, cuya obra se ha comparado con los escritos de Teófilo Folengo. Para hacerse una idea más aproximada de lo extravagante de esta pintura, véase la imagen de Wikimedia Commons en alta resolución.

Los doctores Francesco M. Galassi y Stefano Galassi también han diagnosticado otros trastornos médicos en conocidas pinturas históricas, incluido el fresco de Pompeya en el que aparece Príapo, un dios rústico menor de la fertilidad, protector del ganado, de las plantas y árboles que dan fruto, de los jardines y de los genitales masculinos. Según los Galassi, la pintura revela un caso agudo de fimosis, en el cual el prepucio que cubre la cabeza del pene no puede retirarse lo más mínimo.

El nuevo enfoque de algunas investigaciones consistente en emitir diagnósticos médicos a partir de antiguas ilustraciones abre un nuevo e interesante campo de estudio dentro de la historia.

Imagen de portada: Este retrato de Teófilo Folengo, poeta del renacimiento, obra de un artista desconocido, se encuentra en el Museo de San Sebastiano de Mantua, en Italia. Un equipo médico formado por un padre y un hijo afirma que su sonrisa revela una patología, probablemente una apoplejía o un tumor cerebral.

Autor: Mark Miller

Traducción: Rafa García

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

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