Portada - Estructuras de una casa patio del castro de San Cibrao con la construcción ovalada como eje vertebrador, en la zona este de la anteacrópolis. (Lansbricae/GNU Free)

El Castro gallego de San Cibrao saca a la luz su primer barrio original

Los castros son los antiguos poblados fortificados celtas, generalmente perromanos, que se encuentran con bastante frecuencia en la península Ibérica, sobre todo en su noroeste y en partes de la meseta. La palabra “castro” es una derivación del término latino “castrum” que significa, precisamente, “fortificación militar.

El Castro de San Cibrao de Las es uno de los que se encuentran en pleno proceso de excavación arqueológica. Situado en Galicia, a unos 18 kilómetros de la ciudad de Orense, es uno de los castros gallegos de mayor tamaño. Emplazado sobre una pequeña elevación, a 473 metros sobre el nivel del mar, se localiza en un punto de difícil defensa: sobre una pequeña llanura con pronunciadas pendientes por el este, algo menores por el norte y suaves por el oeste y por el sur.

Su estudio científico se inició en el año 1921 con una primera visita al yacimiento por parte del antropólogo y prehistoriador  Florentino López Cuevillas  y del escritor y político Vicente Risco . Un año después, López Cuevillas dirigió la realización de unas primeras catas en el recinto más interior, que dieron como resultado el descubrimiento de las bases de una construcción de planta cuadrangular. Estos trabajos continuaron hasta el año 1925, se centraron en la zona sureste del castro y dejaron al descubierto construcciones de diversas tipologías: de planta elíptica, circular, ovalada, rectangulares y cuadradas, además de la fuente o aljibe.

Calle transversal principal enlosada de subida a la puerta este de la acrópolis del castro. (Lansbricae/GNU Free)

Calle transversal principal enlosada de subida a la puerta este de la acrópolis del castro. (Lansbricae/ GNU Free )

Desde 1948, el historiador, etnógrafo y escritor  Xaquín Lorenzo , con la colaboración y orientación de López Cuevillas, dirigió dos campañas en las que se trabajó en el centro y se descubrieron más construcciones circulares y rectangulares, junto con las puertas de la muralla interior. Luego llegaron varias décadas de abandono y tristes depredaciones del yacimiento. Tanto fue así que en 1980 se comenzó a construir un campo de fútbol junto al castro, y fueron precisamente esas obras las que sacaron a la luz un yacimiento paleolítico. A partir de ese momento se realizaron trabajos de mantenimiento y limpieza del conjunto, dando comienzo a una etapa de lenta recuperación.

A partir de 1980 se llevaron a cabo labores de consolidación de las estructuras ya excavadas anteriormente y nuevas campañas en la zona este en las que se descubrieron gran cantidad de estructuras habitacionales. Gracias a todos estos estudios, en la actualidad se puede afirmar que se trata de un yacimiento correspondiente a la etapa final de la cultura castreña, en la que el proceso de romanización configuró una sociedad con una cultura definida, la conocida también como cultura galaico-romana.

El castro se estructura en dos recintos amurallados de forma elíptica casi concéntricos, con un ligero alargamiento en el eje noreste–suroeste, con unas dimensiones de 294 metros del eje este-oeste y de 420 metros del eje mayor. De este modo, la superficie intramurallas es de 95.900 m², distribuidos en 8.750 m² de acrópolis y 87.150 m² de anteacrópolis.

Las últimas novedades con respecto a las excavaciones de la presente temporada, que se prolongarán hasta finales de noviembre, están generando una gran expectación porque, tal y como se indica desde el periódico La Región , están dejando al descubierto las viviendas de lo que será el primer barrio completo que se podrá observar en este yacimiento arqueológico. Cinco técnicos y otros tantos operarios están recomponiendo las tres primeras casas, cada una de ellas con espacios diferenciados para el almacenamiento de productos agroalimentarios, además de siete molinos.

Algo que resulta muy curioso es que, en ninguna parte del yacimiento, ni ahora ni en anteriores campañas, se han descubierto restos humanos. Ante eso los expertos no pueden más que afirmar que no se sabe lo que hacían con los difuntos. Por su parte, Miguel Ángel López, director de restauración, añade que “la acidez de este terreno deshace el hueso y por eso no hay restos” . De hecho, los únicos restos recuperados hasta ahora tienen que ver con el culto y están situados en la parte más alta de la ciudad.

Murallas exteriores del sur y foso que lleva hacia la puerta sur. (Lansbricae/GNU Free)

Murallas exteriores del sur y foso que lleva hacia la puerta sur. (Lansbricae/ GNU Free )

Con la arqueóloga Yolanda Álvarez al mando, en la presente temporada de excavaciones se intervendrá una superficie de aproximadamente 1.000 metros cuadrados, eligiendo un área concreta con una clara finalidad:

“Descubrir un barrio entero y completar el itinerario de los visitantes en la parte excavada. (…) Cuando aparece algo, hacemos un poco de fiesta”, apunta la directora quien, junto a su equipo, afronta con gran ilusión la minuciosa labor de desenterrar el pasado de esta ciudad, que llegó a contar con 3.000 habitantes.


A finales de noviembre se darán por concluidas las excavaciones, continuando los trabajos durante otros tres meses para restaurar las piezas encontradas, sobre todo de bronce y hierro, que son las más deterioradas. Con esta campaña se completarán en torno a 15.000 metros cuadrados de superficie excavada, lo que supone un 14% de la totalidad del yacimiento, del que todavía queda una gran parte por descubrir.

Imagen de portada: Estructuras de una casa patio del castro de San Cibrao con la construcción ovalada como eje vertebrador, en la zona este de la anteacrópolis. (Lansbricae/ GNU Free )

Autor: Mariló T. A.

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