Portada - Esqueleto enjoyado. (historiesofthingstocome.blogspot.com)

Macabras reliquias enjoyadas: los santos mártires de las catacumbas de Via Salaria

En 1578, los trabajadores de unas viñas, movidos por la curiosidad, descubrieron unas catacumbas romanas cerca de la Via Salaria. Años más tarde, los arqueólogos lograron desenterrarlas por completo, revelando un sobrecogedor espectáculo que parecía de otro mundo. Entre 500.000 y 750.000 esqueletos se extendían fantasmales frente a ellos, antiguos restos de individuos que habrían vivido en los primeros siglos del cristianismo, durante los cuales se dio muerte a miles de ellos, considerados en muchos casos mártires de la fe. Muchos de estos esqueletos, con oro y joyas incrustados y adornados con finas vestiduras, fueron expuestos en iglesias para mostrar los tesoros que aguardaban a los creyentes más devotos.

Los responsables de iglesias católicas de todo el mundo recibieron la noticia e inmediatamente se sintieron intrigados por el descubrimiento, decidiendo en muchos casos hacerse con el esqueleto de algún mártir (o de varios) para sus parroquias, y dispuestos a pagar una buena suma de dinero por su adquisición. Se podía adivinar un resurgimiento de la fe y un renovado interés por el catolicismo gracias a la compra y distribución de estos santos difuntos, lo que apuntaba a una recuperación sustancial después de los ataques a la religión y la destrucción de numerosas y veneradas reliquias por parte de los protestantes en décadas recientes.

Según explica Paul Koudonaris, autor de Heavenly Bodies (‘Cuerpos Celestiales’), exhaustivo informe sobre los santos de las antiguas catacumbas, la obtención de uno de estos esqueletos para una iglesia en algunas zonas, en particular algunas regiones alemanas duramente castigadas por las guerras de religión, era susceptible de convertirse en una fuerte reafirmación de la fe, así como en una admirable demostración de riqueza. Algunos ciudadanos pudientes intentaron conseguirlos para sus propias colecciones privadas, mientras que otros centros comunitarios apelaban al Vaticano para hacerse con su propia reliquia de los mártires recién descubiertos. Una vez obtenidos, los exponían de forma ostensible, creyéndolos santos capaces de proteger a la congregación, familia o comunidad. Cuando no era posible comprar un esqueleto completo, a menudo se conformaban con algunos huesos, como por ejemplo un costillar o una calavera.

Dr. Paul Koudounaris (CC BY-SA 3.0)

Dr. Paul Koudounaris ( CC BY-SA 3.0 )

¿Mártires o infieles?

Paganos y judíos fueron enterrados también en las catacumbas junto a los cristianos, aunque ya saliendo de la iglesia y requiriendo cierta atención por parte del visitante. Un rasgo determinante resultó ser la marca de la letra ‘M’ cerca del cadáver. Aunque algunos escépticos han argumentado que esta ‘M’ grabada podría referirse a otras cuestiones, como al nombre ‘Marcos’, muy popular en la antigua Roma, las autoridades eclesiásticas estaban convencidas de que significaba ‘mártir’. Por otro lado, la Iglesia creía que los esqueletos pertenecientes a los mártires podían ser identificados por el etéreo resplandor dorado que emitían, así como por su aroma deliciosamente perfumado, por lo que se contrató a prestigiosos físicos para recorrer las fosas de las catacumbas y seleccionar a los auténticos mártires de entre el resto de sus compañeros, personajes sin duda más comunes.

Pasando por alto la posibilidad de que este aroma pudiera deberse a la antigua costumbre romana de depositar frascos de perfume en las tumbas, la iglesia también creía firmemente que el sedimento extraído del interior de los recipientes hallados junto a los restos había contenido en el pasado la propia sangre del difunto, no perfume. Al determinar que un esqueleto había pertenecido a un mártir, la Iglesia Vaticana podía a continuación decidir de quién se trataba y concederle oficialmente este título.

Detalle de la Galería de Mártires del siglo XX de la Abadía de Westminster. (CC BY-SA 3.0)

Detalle de la Galería de Mártires del siglo XX de la Abadía de Westminster. ( CC BY-SA 3.0 )

No era poca cosa alojar a uno de estos santos mártires en tu iglesia en aquella época. Oportunamente, los registros bautismales de algunas iglesias revelan a menudo cómo numerosos niños eran bautizados con el nombre del mártir, hasta muchos años después de la llegada de la macabra reliquia, un honor adecuado para propiciar que el santo les cuidara activamente, protegiera contra el mal o produjera otros efectos benéficos. Algunas iglesias llegaron incluso a llevar registros de “libros de milagros”, en los que se anotaban los efectos positivos o golpes de buena fortuna que se creía que habían sido obra de aquellos santos patrones regionales.

Los mártires se engalanan

El proceso de ornamentación de cada esqueleto se encargaba habitualmente a conventos, o en ocasiones a algún monasterio. Seguían hasta tres años de trabajo, en los que frecuentemente se cubría inicialmente el cadáver con una mortaja de gasa tejida expresamente por las monjas. Este tejido era fino y vaporoso, pero impedía la acumulación del polvo y ayudaba a mantener los huesos unidos en el transcurso del proceso de decoración. También se hacían rostros de cera para las calaveras de algunos mártires, en ocasiones sonrientes o con otras expresiones faciales. Tras el amortajamiento y/o el rostro de cera venían las joyas, gemas, oro y suntuosas vestiduras, así como la cuidadosa manipulación del esqueleto para adoptar posturas realistas. Diversas monjas, o grupos de monjas y monjes, empezaron a expresar sus diferentes y reconocibles estilos a la hora de decorar los restos de los mártires, aunque habitualmente realizaban estos trabajos de forma anónima.

Esqueleto de un supuesto mártir hallado en las catacumbas de Via Salaria, cubierto de joyas. (historiesofthingstocome.blogspot.com)

Esqueleto de un supuesto mártir hallado en las catacumbas de Via Salaria, cubierto de joyas. ( historiesofthingstocome.blogspot.com)

Desacreditados y destruidos

Al acercarse el siglo XVIII a su final, muchos líderes políticos adoptaron una perspectiva más moderna y empezaron a considerar todo lo que les parecía remotamente ‘supersticioso’ como algo negativo. Como por ejemplo, el emperador del Sacro Imperio Germánico José II, que tenía en mente expropiar y destruir estas reliquias con la esperanza de erradicar estos rasgos de “vulgaridad” o “barbarie” entre sus súbditos.

Los miembros de la comunidad, sin embargo, veían estas reformas desde una perspectiva muy diferente, y a menudo se sentían desesperados ante la eliminación de aquellos santos a los que habían venerado durante generaciones. A pesar de todo, las reliquias fueron despojadas de sus joyas, retiradas, y almacenadas o destruidas, ignorándose las protestas de sus afligidas congregaciones.

Emperador del Sacro Imperio Germánico José II, retrato obra de Anton von Maron. (Public Domain)

Emperador del Sacro Imperio Germánico José II, retrato obra de Anton von Maron. ( Public Domain )

Los mártires que se salvaron

A pesar de todo algunos de los esqueletos de estos venerados santos sobrevivieron a aquel destructivo fin de siglo, y pueden contemplarse aún a día de hoy, siendo la colección más numerosa que ha llegado hasta nosotros la de diez esqueletos completos expuesta en la Basílica de Waldsassen (Bavaria).

Una urna de cristal protege los restos del “Martyr Candidus” de la Abadía de Irsee, Bavaria. (Public Domain)

Una urna de cristal protege los restos del “Martyr Candidus” de la Abadía de Irsee, Bavaria. ( Public Domain )

Otros se encuentran repartidos y expuestos en iglesias como San Pedro de Munich, o perdidos en sótanos y cimientos de diversas iglesias a la espera de ser descubiertos y restaurados.

Relicario de la Iglesia de San Pedro de Munich. (CC BY-SA 2.5)

Relicario de la Iglesia de San Pedro de Munich. ( CC BY-SA 2.5 )

Valor artístico y difícil identificación

Según Koudounaris, la sobresaliente y meticulosa labor artística realizada por monjas y monjes, así como el proceso asociado con la ornamentación de los santos de las catacumbas (ya que eran artistas autodidactas) los hace merecedores de su propia y diferenciada subcategoría de arte. Desde la perspectiva de un historiador de arte, Koudounaris cree que “la cuestión de quiénes fueron los santos de las catacumbas en vida pasa a ser secundaria en comparación con el logro de crearlos. Son las obras de arte más magníficas jamás creadas con huesos humanos.” Aun así, cabe preguntarse quiénes serían en vida hace siglos, y cómo se habrían sentido en relación con su espectacular auge y estrepitosa caída tras su muerte, bajo la forma de un esqueleto bellamente enjoyado.

Reliquia de las Catacumbas de San Pancracio. Fotografía tomada en la exposición del Museo Histórico de St. Gallen en Wil, Suiza. (CC BY 2.5)

Reliquia de las Catacumbas de San Pancracio. Fotografía tomada en la exposición del Museo Histórico de St. Gallen en Wil, Suiza. ( CC BY 2.5 )

Imagen de portada: Esqueleto enjoyado. ( historiesofthingstocome.blogspot.com)

Autor: Kristen Callihan

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

 

Fuentes:

‘Meet the Fantastically Bejeweled Skeletons of Catholicism’s Forgotten Martyrs’, Rachel Nuwer (2013). Smithsonian Mag. Disponible en:  http://www.smithsonianmag.com/history/meet-the-fantastically-bejeweled-skeletons-of-catholicisms-forgotten-martyrs-284882/?utm_source=facebook.com&no-ist

‘Nineteen Bejeweled Skeletons That'll Blow Your Mind’, Julia Pugachevsky (2013).

‘Beauty from the crypt: Mystery of Europe's jeweled skeletons’. CNN Style. Disponible en: http://www.cnn.com/2013/12/05/world/gallery/beauty-from-the-crypt/

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