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Portada - Costa de la Antártida, cuyo espesor glacial tiene siglos de antigüedad (sichkarenko-com/Adobe Stock)

Descubiertos minúsculos animales en lago de la Antártida oculto bajo 1.000 metros de hielo

Un equipo de científicos que se encuentra realizando perforaciones en el lago Mercer, un lago antártico subglacial encerrado bajo 3.500 pies (algo más de 1.000 metros) de hielo, ha descubierto los antiguos cadáveres de diminutos animales entre los que hay “osos de agua,” en un hallazgo que los científicos han descrito como “totalmente inesperado”.

El pasado 26 de diciembre, los investigadores financiados por la Fundación Nacional para la Ciencia de los Estados Unidos (NSF por sus siglas en inglés) logró abrir un agujero fundiendo la espesa capa de hielo hasta alcanzar la masa de agua que se encuentra por debajo. Un informe publicado en la revista Nature afirmaba que el equipo de investigadores de Acceso Científico a Lagos Antárticos Subglaciales (SALSA por sus siglas en inglés) “se abrió camino fundiendo un enorme río congelado con un taladro de alta presión y agua caliente.”

El agua que se encuentra por debajo de la capa de hielo es hidráulicamente activa y está conectada con el mar de Ross. El lago Mercer ha sido identificado como en alto riesgo de colapsar con la Capa de hielo de la Antártida occidental debido al calentamiento global. Ésta es sólo la segunda vez que el ser humano ha podido observar el contenido del lago, y la ambiciosa operación científica se ha llevado a cabo con tecnologías como “radar de penetración en hielo y otras técnicas de detección remota”, según el artículo publicado en Nature.

Principal: Sección transversal que nos muestra el proceso de perforación llevado a cabo para alcanzar el lago (dominio público). Recuadro: ubicación geográfica del lago Mercer (CC by SA 3.0)

Principal: Sección transversal que nos muestra el proceso de perforación llevado a cabo para alcanzar el lago (dominio público). Recuadro: ubicación geográfica del lago Mercer (CC by SA 3.0)

Redescubriendo antigua vida subacuática

The Guardian informaba de que los científicos tomaron muestras de barro del fondo de las heladas aguas del lago, descubriendo “zarcillos de plantas u hongos y restos de algas fotosintéticas que vivieron y murieron en la zona millones de años atrás, cuando la Antártida era mucho más cálida.” Los investigadores descubrieron más tarde crustáceos parecidos a camarones y tardígrados de ocho patas, los conocidos como “osos de agua”, unos diminutos animales que han sido descritos como más pequeños que las semillas de amapola.

David Harwood, micropaleontólogo de la Universidad de Nebraska-Lincoln, comentaba para los reporteros de Nature que el descubrimiento de estos animales en el antiguo lago fue “totalmente inesperado”, aunque lo que realmente impactó a los biólogos enviados al lago Mercer fue el darse cuenta de que algunas de las criaturas eran animales de agua dulce.

Los científicos saben que estas antiguas criaturas habitaban arroyos y estanques de los montes Transantárticos cuando los glaciares retrocedieron durante periodos cálidos hace entre 10.000 y 120.000 años. Pero un problema destacado es que estos crustáceos y tardígrados habitaban estanques situados a unas 50 millas (80 kilómetros) del lago Mercer, y aún no está claro cómo llegaron allí.

Tardígrados fotografiados con un microscopio electrónico de barrido (CC by SA 2.5)

Tardígrados fotografiados con un microscopio electrónico de barrido (CC by SA 2.5)

El ADN puede aportar una respuesta al origen de las criaturas

El pasado 5 de enero, los científicos sellaron la perforación, y creen que tardarán varios años en analizar todas las muestras recogidas. Necesitan estudiar las muestras de ADN de las carcasas de los crustáceos para determinar si eran especies marinas o de agua dulce. El equipo del SALSA también tiene como objetivo determinar la antigüedad de la materia orgánica mediante datación por carbono-14, y secuenciarán asimismo el ADN de las criaturas en un intento de responder a cómo, cuándo y hasta dónde se retiraron los glaciares de la Antártida a lo largo de los milenios.

En el año 2013, Slawek Tulaczyk, glaciólogo de la Universidad de California, Santa Cruz, era co-director de una expedición de perforación desplazada al lago Whillans, un lago subglacial antártico ubicado a unos 50 kilómetros (31 millas) del lago Mercer. Tulaczyk, que lleva estudiando muestras de sedimentos obtenidas de lagos situados por debajo del hielo glaciar desde la década de 1990, señalaba para The Guardian que “nunca se había encontrado nada como esto bajo la capa de hielo hasta ahora.” Un artículo anterior de Nature informaba de que, aunque el equipo de Tulaczyk descubrió que el lago Whillans rebosaba de microbios, no había observado “signos de vida más compleja,” como los descubiertos en el lago Mercer.

La idea de la existencia de lagos bajo la cubierta helada de la Antártida no fue tomada en consideración realmente hasta la década de 1990, cuando las tecnologías de mapeado sísmico por satélite y radar de penetración en hielo comenzaron a revelar la presencia de lagos subglaciales. En la actualidad, los científicos conocen ya casi 400 de estos lagos, alimentados todos ellos por la fusión de la base de la capa de hielo, que según los científicos se produce al ritmo de unos pocos milímetros por año. Este hecho, sin embargo, no está causado por el calentamiento global, sino por el calor ambiental emitido por capas profundas del interior del planeta.

Imagen de portada: Costa de la Antártida, cuyo espesor glacial tiene siglos de antigüedad (sichkarenko-com/Adobe Stock)

Autor: Ashley Cowie

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

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