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Ancient Origins España y Latinoamérica

La extraña historia del Príncipe Negro de Canterbury

Entre los ataúdes de la catedral de Canterbury, los visitantes pueden encontrar la lápida de Eduardo de Woodstock, más conocido como el Príncipe Negro. Este príncipe medieval del siglo XIV era el hijo mayor del rey Eduardo III y Felipa de Hainault. Su biografía no impresiona, pero su lápida con el extraño epitafio grabado sobre su superficie de piedra y la escultura de su cuerpo sin vida le han hecho famoso en todo el mundo. ¿Quién fue Eduardo de Woodstock y por qué era conocido como el Príncipe Negro?

Monumento dedicado a Eduardo de Woodstock, el Príncipe Negro. Catedral de Canterbury. (CC BY-SA 3.0)

¿Una fama injustificada?

La razón principal por la que Eduardo se hizo famoso fue por ser el primer Príncipe de Gales inglés de la historia que no se convirtió en rey de Inglaterra. Su padre murió un año después que él, por lo que el trono de Inglaterra pasó a ocuparlo Ricardo II. La vida de Eduardo transcurrió en el ejército. Al alcanzar la edad adulta era un fuerte y carismático líder militar, cuyas victorias sobre los franceses en las batallas de Poitiers y Crécy le convirtieron en un héroe nacional por algún tiempo. Sin embargo, no era más que uno de muchos grandes líderes militares. Probablemente fuera el típico duque, un monarca sin corona. También se cree que habría padecido disentería amebiana, lo que habría influido en su irascible personalidad. 

Eduardo era conocido como el Príncipe Negro por su crueldad con los franceses y el resto de sus enemigos. Su vida estuvo marcada por la guerra y su carácter sangriento. No tenía compasión con sus enemigos, y este hecho le convirtió en un personaje carismático. A pesar de su crueldad, tras capturar al rey de Francia Juan el Bueno, le trató con el respeto que merecía como rey. Sin embargo, con todo aquel que no fuera miembro de la realeza empleaba métodos mucho más agresivos.

Eduardo, el Príncipe Negro, recibe Aquitania como herencia de su padre el rey Eduardo III. (Public Domain)

Eduardo se casó con su prima Juana de Kent, pero tuvo también muchos hijos ilegítimos nacidos fuera de su matrimonio. Su amante Edith de Willesford dio a luz a su querido hijo Roger Clarendon (1352-1402). Otras mujeres desconocidas dieron luz a sus hijos Eduardo, Juan y Carlos. Con su esposa Juana tuvo dos hijos legítimos: Eduardo y Ricardo. Ambos nacieron en Francia, donde Eduardo y Juana se habían hecho cargo de la administración de Aquitania en calidad de príncipes.

[izquierda] Eduardo de Angulema y Juana de Kent (Public Domain) [derecha] Ricardo de Burdeos (Public Domain)

Una muerte que llegó demasiado pronto

Eduardo murió a la edad de 45 años de disentería y otras enfermedades contraídas a causa de su debilitado sistema inmunitario. Algunos de los posibles trastornos que podría haber padecido son nefritis, cirrosis y edema. Es también muy probable que sufriera de complicaciones en heridas infligidas en el campo de batalla. A causa de su frágil salud, los doctores le aconsejaron que regresara a Inglaterra. Es posible que volviera a su tierra natal pocos meses antes de su muerte.

Eduardo pasó los últimos días de su vida en el Palacio de Westminster, y según sus últimas voluntades, fue enterrado en la cripta de Canterbury. La capilla se habilitó también para su esposa Juana, condesa de Kent, que se unió a él muchos años más tarde. La tumba estaba decorada con una escultura de bronce con la efigie de Eduardo. Su vida aparece resumida en el epitafio de su tumba, tal y como estipulaba su testamento:

Tal como tú eres, un día fui yo.
Tal como yo soy, algún día serás tú.
Poco pensé en la hora de mi Muerte
Mientras me quedaba aliento.
En la tierra poseí grandes riquezas
Tierras, casas, grandes tesoros, caballos, dinero y oro.
Ahora, un miserable cautivo soy,
Aquí yazgo bajo tierra.
Mi gran belleza, toda ella se marchitó.
Mi carne hasta el hueso se consumió.

Esta lápida, restaurada en el año 2006, le dio a Eduardo más fama de la que se esperaba. Se hizo más popular para los visitantes de la catedral de lo que era para los historiadores. La leyenda del Príncipe Negro creció a partir de su muerte y sepultura.

Escultura sobre la tumba de Eduardo. (Public Domain)

El deterioro de la tumba

El Príncipe Negro cayó prácticamente en el olvido hasta el siglo XVII. En la década de 1640, la catedral de Canterbury, en la que se encuentra la tumba del Príncipe Negro, fue atacada por las tropas de Cromwell. Las vidrieras de colores que decoraban las ventanas abiertas en los muros de la tumba del Príncipe Negro fueron destruidas por los soldados, permitiendo de este modo que el sol estropease esta magnífica obra de arte medieval.

Tumba de Eduardo de Woodstock. (CC BY-SA 3.0)

Las pinturas del siglo XIV se deterioraron, y el bronce de la estatua de Eduardo se ennegreció. ¿Podría ser ésta la auténtica razón de que Eduardo recibiera el nombre de Príncipe Negro? Quizás no tuviera nada que ver con su personalidad y su naturaleza cruel, ya que después de todo no eran algo raro en la época. Según otra teoría, se le apodó Príncipe Negro porque llevaba una coraza negra como símbolo de su valor en el campo de batalla.

Elementos heráldicos originales del Príncipe Negro, expuestos en la Catedral de Canterbury. (CC BY-SA 4.0)

La tumba del Príncipe Negro se convirtió con el paso del tiempo en una de las atracciones más populares de la catedral, e inspiró la serie de televisión francesa “Thierry la Frode”, grabada entre los años 1963 y 1966. El argumento de la serie trata de un joven francés que lucha contra el Príncipe Negro.

Eduardo se acabó convirtiendo finalmente en un icono para la catedral en la que fue enterrado, y aunque su biografía no es la más singular de la historia, su carisma y su sobrenombre hicieron sin duda de él uno de los personajes más legendarios de Inglaterra.

Imagen de portada: ‘El Príncipe Negro’ (theflickerees / deviantart)

Autor: Natalia Klimczak

Referencias

Richard Phillipson Dunn Pattison, ‘The Black Prince’, 1910.

Richard Barber, ‘Edward, Prince of Wales and Aquitaine: a biography of the Black Prince’, 1978.

David Green, ‘The Black Prince’, 2001.

‘Cromwell's legacy damages tomb of Black Prince’, disponible en:
https://www.telegraph.co.uk/news/religion/6485858/Cromwells-legacy-damages-tomb-of-Black-Prince.html