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El Misterioso Hombre de Kennewick Aún Permanece en el Limbo

Hace casi dos décadas, dos jóvenes se tropezaron con un cráneo humano en el río Columbia, en Kennewick, Washington. El descubrimiento terminó siendo uno de los mayores hallazgos arqueológicos de toda una generación y, a pesar de extensas investigaciones, los científicos aún no tienen todas las respuestas sobre los orígenes de este misterioso individuo.

Tras el descubrimiento del cráneo, los arqueólogos pudieron recuperar otros 350 huesos y fragmentos y dataron los restos entre hace 8.000 y 9.500 años. Se determinó que los restos eran los de un hombre de mediana edad, alto y de complexión delgada. El hombre de Kennewick, como se le conoce, constituye uno de los esqueletos más antiguos y más completos jamás encontrados en América del Norte. Sin embargo, su importancia no termina aquí.

Durante el análisis del esqueleto, el arqueólogo James Chatters se sorprendió al descubrir que sus características anatómicas eran bastante diferentes a las de los nativos americanos modernos. En particular, su cara larga y estrecha, el mentón prominente y una estatura elevada no se parecían a los restos de otros Paleo-indios. De hecho, las mediciones faciales muestran más similitud con los Ainu de Japón. Los Ainu son una minoría caucásica que antiguamente llegó a controlar la totalidad de las islas japonesas. Un pueblo estrechamente relacionado con los Ainu también vivió hace tiempo en Polinesia y muchos Polinesios de piel blanca (típicamente de la clase dominante) tienen rasgos faciales similares al hombre de Kennewick.

Extensas pruebas de radiocarbono y de ADN podrían resolver algunas de estas incertidumbres. Sin embargo, los intentos de investigar en profundidad los restos se han reducido durante más de una década de enfrentamientos legales entre los científicos, el gobierno estadounidense y cinco diferentes tribus nativas americanas, que reclaman al hombre de Kennewick como uno de sus antepasados.

Kennewick-Man2_0.jpgLa Legislación de Repatriación y Protección de las Tumbas de los Nativos Americanos (NAGPRA), permite que, si se encuentran restos humanos en tierras federales y se puede establecer su afiliación cultural a una tribu nativa americana, la tribu afiliada puede reclamarlos. La tribu Umatilla solicitó la custodia de los restos, queriendo enterrarlos según su tradición tribal. Su reclamación fue refutada por los investigadores con la esperanza de poder continuar estudiando dichos restos.

En el año 2004, un grupo de antropólogos demandó al gobierno de Estados Unidos el derecho a realizar pruebas en los esqueletos. Se había decretado que los vínculos culturales entre cualquiera de las tribus nativas americanas y el hombre de Kennewick no estaban genéticamente justificados, permitiendo así que el estudio científico de los restos continuara. El antropólogo Joseph Powell de la Universidad de Nuevo México examinó los restos, que se analizaron con datos craneométricos, incluyendo otros de poblaciones asiáticas y norteamericanas. Powell confirmó lo que Chatters había inicialmente afirmado. Es decir, que el hombre de Kennewick no era europeo sino que se parecía más a los Ainu y a los Polinesios. Powell aseguró que los análisis dentales mostraron que el cráneo tenía un 94 por ciento de posibilidades de pertenecer a un grupo de Sundadont como los Ainu y los Polinesios.

En el 2005, un examen de 10 días del esqueleto, dirigido por el antropólogo forense Douglas Owsley, confirmó además que las características de la calavera se asemejan a las de los Ainu y sugirió que estos pueblos habían viajado en barco durante generaciones a lo largo de la costa en dirección norte y oriente, hacia América del Norte.

Sin embargo, el mismo año un senador de Estados Unidos modificó la NAGPRA, cambiando la definición de "nativo americano" a  "indígenas de los Estados Unidos". Esto significó que el hombre de Kennewick podía ser clasificado como nativo americano sin tener en cuenta si mantenía algún enlace con una tribu contemporánea. Sin embargo, la sentencia no resolvió la controversia, y quedó por decidirse qué grupo nativo americano debía tomar posesión de los restos. Mientras el debate continúa, el hombre de Kennewick se mantiene en un área privada del Museo Burke en la Universidad de Washington.

Tribus nativas americanas prosiguen su batalla para obtener los restos desenterrados. Según Vivian Harrison, coordinadora de la NAGPRA para la Nación India Yakama, para los huesos del hombre de Kennewick es doloroso permanecer insepultos.

"Esto es un ser humano, y en nuestra creencia, su viaje ha sido interrumpido por haber dejado la tierra. Es preocupante para nosotros. Mi pregunta principal es ¿cuándo terminaran? ¿Cuándo lo dejarán ir, para que pueda regresar a la tierra y terminar su viaje? ", dijo.

Según su sistema de creencias, un daño real recae en la comunidad cuando los espíritus son perturbados en su descanso, incluyendo asesinatos, accidentes y caos.

Sin embargo, los científicos continúan con su batalla para poder estudiar al hombre de Kennewick y, hace poco, unos investigadores de Copenhague recibieron permiso para realizar unas pruebas, usando nuevos métodos que podrían por primera vez extraer el ADN del esqueleto y, tal vez, contestar así a la pregunta acerca de los orígenes de su linaje. Los resultados aún no han sido publicados.

Los restos del hombre de Kennewick poseen el potencial necesario para cambiar, significativamente, las opiniones convencionales sobre cómo, cuándo y por quién fue poblado el continente americano. Sin embargo, los asuntos políticos y éticos pueden provocar que algunas de estas preguntas permanezcan sin respuesta.

Autor: April Holloway

Traducción: Sofia Pollon

Revisión: Moreno Montañaroja

Este articúlo fue publicado originalmente en inglés en www.ancients-origins.net y ha sido traducido con permiso.

Enlaces

Kennewick Man: Encounters with an Ancestor by James Chatters

National Park Service Reports

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