Portada - Pareja romana en una cama. Fresco de la Casa della Farnesina (Roma), c. 19 a. C.

Amores y secretos sexuales de los emperadores de la antigua Roma

En la antigüedad, el pueblo llano no poseía información acerca de las escandalosas vidas sexuales de los personajes principales de su época. Aún así, los rumores han existido desde siempre, y de este modo algunos personajes históricos acabaron siendo famosos por sus aventuras sexuales.

Se rumorea que Guillermo III de Inglaterra prefería los hombres a las mujeres. Catalina la Grande tenía numerosos amantes, y al parecer les hacía regalos incluso cuando su relación ya había acabado para que la ayudaran a encontrar a su próximo hombre. La prensa distribuyó en su época panfletos sobre la vida sexual de María Antonieta. Se rumoreaba que había participado en orgías en las que había yacido con sus cuñados y también con otras mujeres de la nobleza. De Genghis Khan se cuenta que tenía tantas mujeres que a día de hoy el número de sus descendientes vivos asciende a 16 millones de personas. Julio César gustaba tanto de hombres como de mujeres, y sus enemigos políticos solían decir de él que “Era el hombre de toda mujer y la mujer de todo hombre.”

Las perversas prácticas sexuales de Tiberio

El emperador Tiberio está considerado como uno de los más perversos sexualmente de la historia. Reinó entre los años 14 d. C. y 37 d. C., y su biógrafo Suetonio sostiene que, en sus últimos años de vida, el emperador se había construido en Capri una villa para sus orgías. Allí, muchachos y muchachas se entregaban a delirantes juegos sexuales que Tiberio contemplaba y en los que a menudo participaba. En las piscinas de la villa del emperador se entrenaba a estos jóvenes para que le realizasen felaciones bajo el agua, por lo que el viejo emperador les llamaba “mis pececitos”.

Busto del emperador Tiberio. (CC BY-SA 2.0)

Busto del emperador Tiberio. ( CC BY-SA 2.0 )

Sospechas y especulaciones

Griegos y romanos practicaban una moral relajada en lo relacionado con la desnudez, y además admiraban la belleza del cuerpo humano. No obstante, cuando una persona moría, su cuerpo dejaba de resultarles interesante. A consecuencia de ello, su conocimiento de los detalles de la anatomía humana estaba basado en gran medida en especulaciones.

Por ejemplo, tenían la extraña creencia de que el útero de la mujer vagaba por el interior del cuerpo femenino provocando en ocasiones histeria. Para tratar este trastorno, los doctores sometían a la mujer a malos olores y fuertes ruidos, con la intención de ‘asustar’ al útero y conseguir que volviera a su posición original. También tenían extravagantes ideas relacionadas con el clítoris: un clítoris de gran tamaño estaba considerado un trastorno que requería cirugía.

Besarse en público no estaba muy bien visto en los círculos aristocráticos griegos y romanos. No obstante, los maridos besaban a sus mujeres al volver a casa de noche tras haber estado en alguna fiesta. Estos besos no eran de hecho una expresión de afecto. Muy al contrario, las besaban para averiguar si su mujer había bebido en su ausencia. Los besos también perdieron popularidad cuando los ciudadanos de la Hispania romana comenzaron a cepillarse los dientes con orina humana.  

Las escandalosas vidas sexuales de los gladiadores

Muchos famosos gladiadores también llevaban una vida sexual escandalosa. Estaban considerados muy atractivos por las mujeres, incluso los que eran esclavos. Sin embargo, no todos los gladiadores eran esclavos. Cómodo, por ejemplo, prefería la vida de gladiador a la de emperador. Como muchos otros emperadores, Cómodo también buscaba la degradación sexual en su tiempo libre.

Pareja romana desnuda. Fresco de la Casa del ristorante (IX.5.14, habitación f, muro oeste), Pompeya. (62 d. C. – 79 d. C.) (Public Domain)

Pareja romana desnuda. Fresco de la Casa del ristorante (IX.5.14, habitación f, muro oeste), Pompeya. (62 d. C. – 79 d. C.) ( Public Domain )

Los padres de Cómodo, Faustina y el emperador Marco Aurelio, tuvieron problemas en su matrimonio a causa de un gladiador. Faustina sentía un fuerte deseo por cierto gladiador y se lo contó a su marido. El emperador consultó entonces a un adivino sobre esta cuestión, y obtuvo la siguiente respuesta: Faustina debía yacer con el gladiador, que sería asesinado cuando se encontrara sobre ella. A continuación, Faustina sería obligada a bañarse en la sangre del gladiador, lavarse y finalmente yacer con su marido.  

Busto del emperador Cómodo. (CC BY-SA 3.0)

Busto del emperador Cómodo. ( CC BY-SA 3.0 )

Antínoo

Sabina y Adriano se casaron por razones políticas. La emperatriz acompañaba a su esposo en sus largos viajes por todo el imperio romano. A pesar de que el emperador solía acostarse con muchas otras mujeres e incluso con hombres fuera de su matrimonio, ambos esposos continuaban tratándose con respeto.

Esta situación cambió cuando, teniendo el emperador unos cincuenta años, conoció al que se convertiría en el amor de su vida, Antínoo, un joven muchacho de Bitinia. Ambos se volvieron inseparables, y Sabina pasó a ser un testigo forzoso del amor de la pareja. En uno de sus muchos viajes, Adriano, Antínoo y Sabina llegaron hasta Egipto. Durante su estancia en esta provincia, en octubre del 130 d. C., el joven desapareció.

Tondo en el que se observa a Adriano cazando leones, acompañado por Antínoo. (CC BY-SA 3.0)

Tondo en el que se observa a Adriano cazando leones, acompañado por Antínoo. ( CC BY-SA 3.0 )

Adriano estaba arrasado por el dolor. Ordenó numerosas búsquedas del muchacho, pero todas ellas resultaron infructuosas. Pocas semanas después de su desaparición, el emperador proclamó dios a Antínoo y fundó una ciudad en su nombre. Se esculpieron miles de estatuas de Antínoo, y se dio orden de que fuese venerado en todo el imperio. Aún en nuestros días siguen conservándose bustos de Antínoo en algunos museos, y en ocasiones son identificados equivocadamente como de Dionisos o Ganímedes. Años más tarde, Adriano deificó asimismo a Sabina tras su muerte.

Imagen de portada: Pareja romana en una cama. Fresco de la Casa della Farnesina (Roma), c. 19 a. C. ( Public Domain )

Autor: Valda Roric

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

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