Portada-Arriba, Sirena de Fiji expuesta en la sección de ‘Folklore’ de la Haus der Natur (Casa de la Naturaleza), museo de historia natural de Salzburgo, Austria. (CC BY-NC-SA 2.0). Abajo: sirena de Fiji de P.T. Barnum. (Public Domain)

Una espantosa criatura que se hizo famosa: el extraño caso de la sirena de Fiji

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La sirena de Fiji (archipiélago conocido también como “Fiyi”), era aparentemente una extraña criatura que se convirtió en un muy popular espectáculo en el siglo XIX. La sirena de Fiji original fue expuesta por primera vez en el año 1842 por P. T. Barnum, artista y hombre de negocios estadounidense, en el Barnum’s American Museum de Nueva York. Esta curiosa rareza atrajo un gran número de visitantes al museo de Barnum, y da testimonio de su popularidad el hecho de que con posterioridad fueron expuestas otras ‘sirenas de Fiji’ en los Estados Unidos y otros países.

Habitualmente se cuenta de la sirena de Barnum que se quemó en un incendio declarado en el museo en el que se encontraba expuesta en 1865. No obstante, por aquel entonces la sirena habría estado expuesta en el Museo Kimball de Boston, y sólo habría desaparecido cuando este museo también sufrió un incendio a principios de la década de 1880. Algunos han afirmado asimismo que la sirena fue rescatada del fuego (cualquiera de los dos) y aún se encuentra expuesta a día de hoy en algún otro lugar.

¿Una sirena en los Estados Unidos?

La historia de la sirena de Fiji en los Estados Unidos da comienzo con la llegada a Nueva York a mediados de julio de 1842 de un inglés conocido por el nombre de ‘Dr. J. Griffin’ (cuyo nombre real era Levi Lyman, uno de los socios de Barnum), supuesto miembro del ‘Liceo Británico de Historia Natural.’ Griffin, al parecer, trajo consigo una de estas ‘sirenas’, de la que se decía que había sido capturada cerca de las islas Fiji, en el Pacífico sur. La noticia de la llegada de Griffin, junto con el extraño espécimen, llegó a oídos de la prensa, y los periodistas acudieron en masa al hotel en el que se alojaba Griffin exigiendo ver a la sirena. Cuando Griffin les permitió echar un vistazo a lo que había traído consigo, los periodistas se convencieron de que era real.

La sirena de P. T. Barnum en una ilustración de 1842. (Public Domain)

La sirena de P. T. Barnum en una ilustración de 1842. ( Public Domain )

P. T. Barnum no tardó mucho tiempo en visitar las oficinas de los periódicos más importantes de Nueva York, donde explicó que había estado intentando convencer a Griffin de que expusiera la sirena en el museo de su propiedad. Por desgracia, el inglés se mostraba reacio a esta propuesta. Al parecer, Barnum ya había preparado con antelación un anuncio publicitario (en el que aparecía un grabado de la típica sirena europea) para promocionar la exhibición de la criatura, y que ahora no le servía de nada. Por esta razón, lo cedió a los periódicos, que decidieron realizar copias impresas del anuncio. Se dice que Barnum distribuyó además por su cuenta 10.000 panfletos por toda la ciudad en los que aparecían ilustraciones de seductoras sirenas.

Todo esto no era más que una estratagema publicitaria, y muy pronto la sirena de Fiji de Griffin se convirtió en un candente y habitual tema de conversación en Nueva York. Finalmente, Griffin accedió a exponer su sirena durante una semana en el Concert Hall de Broadway. La exposición fue todo un éxito de público, y de este modo se permitió a Griffin prorrogarla. Se acordó que también se expondría a la criatura en el Barnum’s American Museum durante un mes. Aparte de la exposición, Griffin también daba conferencias a las multitudes que acudían a ver a la sirena.

Phineas Taylor (P.T.) Barnum. (Public Domain)

Phineas Taylor (P.T.) Barnum. ( Public Domain )

Lo que la gente veía finalmente en la exposición no era definitivamente una de las bellas sirenas con el pecho desnudo que aparecían en los folletos publicitarios de Barnum. En su lugar, se encontraban con el cadáver bien conservado de una extraña y espantosa criatura que les daba la bienvenida cuando visitaban la exposición. De hecho, se revelaría más tarde que la ‘sirena de Fiji’ era en realidad la mitad superior del cuerpo de un joven mono cosida a la mitad inferior de un pez. Debemos aclarar que la ‘sirena de Fiji’ no era obra de Barnum, ya que este tipo de artículos ya se fabricaban en Asia (Japón e Indias Orientales) desde mucho antes de que el hombre de negocios adquiriese su supuesta sirena.

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