Portada - El profesor Kasimir Popkonstantinov y el relicario de mármol que podría albergar los huesos de San Juan Bautista. Fotografía de George Busby, autor del artículo.

En busca del ADN de Jesús de Nazaret

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Era la primera escala de una travesía extraordinaria. En una soleada pero terriblemente fría tarde de enero de este mismo año, me encontraba en una pequeña isla del Mar Negro cercana a Sozopol, ciudad de la costa oriental de Bulgaria. Sveti Ivan lleva largo tiempo siendo un destino para viajeros: en la antigüedad podía presumir de poseer un templo dedicado a Apolo. Pero yo estaba allí para hablar con un anciano arqueólogo búlgaro sobre el descubrimiento más importante de su carrera.

En el año 2010, Kasimir Popkonstantinov descubrió lo que cree que son los huesos de uno de los santos más famosos de todos los tiempos: San Juan Bautista. Yo estaba interesado en comprobar qué podía decirnos el análisis de ADN sobre aquellos y otros huesos. Acompañado del experto en la Biblia Joe Basile, me encontraba viajando por todo el mundo filmando  un documental  sobre las pruebas históricas y científicas que vinculan ciertos hallazgos arqueológicos con el mismísimo Jesucristo.

Popkonstantinov realizó su descubrimiento cuando excavaba una iglesia del siglo VI que se encuentra en la isla de Sveti Ivan (San Juan en búlgaro), iglesia construida sobre una basílica del siglo anterior. Mientras raspaba cuidadosamente el barro que cubría el lugar donde se habría encontrado el altar, el arqueólogo búlgaro se topó con una losa de piedra, hallando debajo de ella para su sorpresa una pequeña caja de mármol. Inmediatamente supo de qué se trataba. Para que una iglesia fuera consagrada en esta región de Europa en el siglo V, necesitaba albergar una reliquia perteneciente a un santo u hombre religioso. La caja, en realidad un relicario, albergaría en su interior una reliquia de este tipo.

El arqueólogo continuó excavando en la zona y descubrió otra caja más pequeña, a un metro de distancia aproximadamente. Sobre el canto de esta segunda caja se podía leer una inscripción: “Dios te salve, siervo Tomás. A San Juan.” Cuando Kasimir abrió más tarde el relicario, encontró en él cinco fragmentos de huesos. El epitafio de la caja de menor tamaño, que probablemente servía para transportar los huesos cuando era necesario realizar algún viaje, era el elemento clave de evidencia que llevó a creer al investigador que los huesos podrían haber pertenecido a San Juan Bautista. El hallazgo es de una importancia inmensa, ya que San Juan Bautista era tanto discípulo de Jesús como familiar suyo (su primo segundo), lo que significa que compartirían parte de su ADN.

Amanece en el Monte de los Olivos, panorámica de la ciudad vieja de Jerusalén. Fotografía: George Busby

Amanece en el Monte de los Olivos, panorámica de la ciudad vieja de Jerusalén. Fotografía: George Busby

Gracias a ciertos avances científicos, el estudio del antiguo ADN –la extracción y análisis del material genético obtenido a partir de huesos y fósiles de organismos diversos, hallados excavando en el terreno– está en pleno auge. Disponemos ahora de secuencias de ADN de cientos de individuos que llevan muertos largo tiempo, y el análisis de estas secuencias está permitiendo afinar nuestra comprensión de la historia de la humanidad.

El ADN como prueba de identidad

En un principio era escéptico acerca de lo que podíamos averiguar gracias a los huesos hallados en Bulgaria. Para empezar, ninguna prueba de ADN podía demostrar que los restos realmente hubieran pertenecido a San Juan Bautista, Jesucristo o cualquier otro individuo concreto. No podemos extraer y analizar una muestra de ADN desconocido y afirmar mágicamente que pertenecía a este o aquel personaje histórico. Para hacerlo, necesitaríamos tener una muestra de ADN que inequívocamente procediera de San Juan Bautista con la que poder comparar el de los huesos. Así pues, el hecho de secuenciar el ADN en sí mismo no iba a resultar de mucha ayuda.

Otra consideración importante es el riesgo de contaminación. En un escenario ideal, el antiguo material que buscamos para su análisis genético debería mantenerse intacto y no manipulado por nadie desde que muere el individuo. Las mejores muestras de antiguo ADN son las halladas bajo tierra en excavaciones, ya que basta con meterlas en una bolsa y mandarlas directamente a un laboratorio para su análisis. En los 500 años que pasan entre la muerte de San Juan Bautista y la custodia de sus huesos en el relicario de la iglesia, mucha gente podría haberlos manipulado, dejando en ellos parte de su ADN.

Nuestra Misión

Ancient Origins pretende descubrir e investigar lo que creemos representa la parte más importante de los conocimientos que podemos lograr como seres humanos: nuestros orígenes.

Si bien hay quien podría pensar que poseemos ya un conocimiento profundo sobre el tema, pensamos que aún existen infinidad de enigmas y misterios que necesitan ser estudiados.

Por lo tanto, alentamos a una comunidad abierta dedicada a la investigación, la comprensión y explicación de los orígenes de la vida de nuestra especie en el planeta Tierra: organizamos, apoyamos y también financiamos los esfuerzos que van en esta dirección.

Nuestro objetivo es ir más allá de las teorías, y presentando una evaluación precisa de la investigación actual, resaltamos y ofrecemos puntos de vista alternativos a las declaraciones de la ciencia y arqueología convencionales.

Embárcate con nosotros en un viaje para explorar civilizaciones perdidas en el tiempo, antiguos lugares y hallazgos y misterios científicos inexplicables, mientras reconstruimos conjuntamente la historia de nuestros orígenes.

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