X

We value your privacy

We and our partners use technology such as cookies on our site to personalise content and ads, provide social media features, and analyse our traffic. Click below to consent to the use of this technology across the web. You can change your mind and change your consent choices at anytime by returning to this site.

Ancient Origins España y Latinoamérica

La curiosa historia del caballo perdido de Santimamiñe

Dentro de las cuevas de Santimamiñe, situadas en el País Vasco, España, se han hallado restos y pinturas rupestres datados en el Paleolítico Superior y más concretamente en el período Magdaleniense (14.000 - 9.000 años a. C.). Consideradas como un icono de la cultura vasca y uno de los principales yacimientos prehistóricos de la península Ibérica, fueron incluidas en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en julio del año 2008, dentro de los yacimientos reconocidos como “Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España”.

En 1916 unos chavales llegaron hasta las cuevas. Arrancaron unas estalagmitas gigantes y descubrieron un pasadizo secreto. Se adentraron en él y encontraron una serie de pinturas rupestres a las que no  dieron ninguna importancia. Poco después, el compositor Jesús Guridi se hospedó en un balneario de Cortézubi donde el hijo del dueño le contó que, junto a unos amigos, había visto dibujos en unas cuevas de la zona. Interesado, Guridi organizó una excursión. El 11 de agosto de 1916 el compositor se adentró con los pequeños en las cuevas, comprobando que se trataba de pinturas rupestres y dando parte del hallazgo a las autoridades pertinentes.

Desde entonces son varios los estudios realizados en ellas, concluyendo que tienen una longitud de 365 metros con abundantes formaciones calcáreas de estalactitas y estalagmitas que llegan a formar curiosas figuras. También se producen cortinas de carbonato cálcico de diversos colores dependiendo de los óxidos que lleven las aguas. A unos 60 metros de la entrada se abre, arriba a la izquierda, una estrecha galería que se ensancha en dos partes: la primera es la antesala de las pinturas y la otra es la cámara principal. Durante las dos últimas décadas del siglo XX se determinó la necesidad de limitar el acceso para evitar la modificación de las condiciones medioambientales del microclima existente en la cavidad, así como para cerrar la cámara principal donde se encuentran las pinturas.

El yacimiento, situado en la entrada de las cuevas, ha proporcionado hallazgos que van desde el Paleolítico Superior hasta la época romana. En la totalidad de las cuevas se encuentran 47 pinturas de animales: 32 bisontes, 7 cápridos, 6 caballos, un ciervo y un oso. Todas las figuras están representadas en negro y el material utilizado para su ejecución fue el carbón. Sin embargo, según los datos publicados en el periódico El Correo, durante estos casi 100 años los especialistas no se percataron hasta el año 2014 de que en el área de Santimamiñe les faltaba por catalogar un caballo ubicado en la cercana cueva de Morgota.

Entrada a la cueva de Santimamiñe. (Simoncio/GNU FREE)

Fue durante una visita rutinaria cuando dos espeleólogos del ADES descubrieron al equino acéfalo (sin cabeza) de color rojo y 70 centímetros.

«El ADES habrá entrado en Morgota 60 o 70 veces en 30 años. Siempre soñamos con encontrar pinturas y nunca nos fijamos en ésta», lamenta el espeleólogo Gotzon  Aranzábal, descubridor del caballo junto a su compañero Antonio García.

De hecho, el día del hallazgo ninguno de los dos llegó a imaginar que se tratara de una pintura de hace miles de años. Tanto es así que le sacaron una foto y se la enviaron, en tono jocoso, como correo electrónico al arqueólogo Juan Carlos López Quintana llamando a dicho e-mail “delirios”. Pero en cuanto Quintana la vio, no dudó ni un instante de que se trataba de arte rupestre.

Uno de los caballos pintados sobre las paredes de roca de Santimamiñe. (ETOR Entziklopedia/CC BY-SA 3.0)

Poco después observaron que, además del caballo, existen manchas rojas, tizonazos de carbón, puntos y signos rectangulares. En total: quince restos pictóricos y algunos materiales, como un recuperado jarrón de cerámica de otra época. Los expertos en arte rupestre Diego Gárate y César González Sainz han datado la antigüedad de la pintura en más de 20.000 años. En cambio, los hallazgos arqueológicos apuntaban a ‘sólo’ 15.000 años.

¿Serán muchos más los caballos milenarios que nos estén esperando en las cuevas prehistóricas del norte de España?

Imagen de portada: Un espeleólogo del grupo ADES observa el caballo rojo, una pintura rupestre recientemente descubierta cuya datación definitiva aún no se ha realizado. (Fotografía: El Correo/ADES)

Autor: Mariló T. A.