Portada - Tríptico (abierto) ‘El juicio final’ (1467-1471), óleo sobre tabla de Hans Memling. Fuente: Dominio público

La Profecía de los Papas: ¿nos estamos acercando al final de los tiempos?

Durante miles de años, personas de todo el mundo antiguo afirmaron tener el poder de ver el futuro. En el año 1143 fue escrita la Profecía de los Papas - repasando los atributos vinculados a los 112 pontífices posteriores a San Pedro. Esta profecía de hace 900 años predijo que Benedicto XVI sería el Papa número 111, por lo que, de estar en lo cierto, el reciente cónclave papal habría sido la antesala del fin del mundo.

En 1595, un monje benedictino llamado Arnold de Wyon publicó Lignum Vitae – un texto en el que afirmaba “haber descubierto la Profecía de los Papas", escrita originalmente por San Malaquías, arzobispo de Armagh en el año 1143. En 1871, el abad Cucherat escribía en su libro Las profecías de la sucesión de los papas que en 1139 Malaquías fue “convocado a Roma por el Papa Inocencio II para recibir dos palios de lana para las sedes metropolitanas de Armagh y Cashel.”

Mientras estuvo en Roma, parece ser que Malaquías experimentó una “visión de los futuros papas” que registró por escrito como una secuencia de frases crípticas describiendo los rasgos de la personalidad de cada papa. Se dice que San Malaquías dio su manuscrito a Inocencio II y el documento permaneció inadvertido en los Archivos Vaticanos hasta su descubrimiento en el año 1590.

San Malaquías representado en una vidriera de la Catedral de la Inmaculada Concepción, Sligo, Condado de Sligo, Irlanda. (Andreas F. Borchert/CC BY SA 3.0)

San Malaquías representado en una vidriera de la Catedral de la Inmaculada Concepción, Sligo, Condado de Sligo, Irlanda. (Andreas F. Borchert/ CC BY SA 3.0 )

La Profecía de los Papas

El primer Papa que aparece en la lista después de San Pedro es Ex caſtro Tiberis , quien al parecer habría vivido en un “castillo sobre el Tíber.” En relación con el último papa, de Wyon afirma que Malaquías escribió una declaración apocalíptica que se traduciría del latín como sigue:

“En persecución extrema, en la Santa Iglesia Romana reinará Pedro el Romano, quien cuidará a su rebaño entre muchas tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas (probable alusión a Roma, aunque Jerusalén también tiene 7 colinas) será destruida y el Juez Terrible juzgará a su pueblo. Fin.”

Portada (dominio público) y última página (dominio público) de las profecías del Lignum Vitæ (1595).

Portada ( dominio público ) y última página ( dominio público ) de las profecías del Lignum Vitæ (1595).

Cuando el texto fue descubierto en 1595 despertó gran intriga y aportó un aire de legitimidad al papado, ya que muchas de las descripciones de Malaquías coincidían con las de los papas anteriores. Para muchos, la renuncia de Benedicto XVI en el año 2013 anuncia el principio del Fin de los Tiempos –como también fue profetizado.

Sin embargo, no existe ni un ápice de evidencia tangible que pueda asociar a Malaquías con la Profecía de los Papas, y el “documento original” que de Wyon aseguraba haber “encontrado” en los Archivos Secretos del Vaticano nunca ha sido visto por nadie, jamás. Poco después de su descubrimiento muchos eruditos católicos lo consideraron una falsificación contemporánea, aunque muchos otros han seguido creyendo en la autenticidad del texto hasta el día de hoy.

Los Archivos Secretos del Vaticano son el repositorio central de la Ciudad del Vaticano para todos los actos promulgados por la Santa Sede. (Centro Televisivo Vaticano/CC BY 3.0)

Los Archivos Secretos del Vaticano son el repositorio central de la Ciudad del Vaticano para todos los actos promulgados por la Santa Sede. (Centro Televisivo Vaticano/ CC BY 3.0 )

Los escépticos argumentan que, históricamente, cuando alguien tenía visiones proféticas se las comunicaba a un montón de gente. Pero Malaquías, al parecer, no mencionó su visión ni a un alma, ni siquiera a su biógrafo, San Bernardo de Claraval, quien documentó varios supuestos milagros de Malaquías. Y, dependiendo de cómo interpretemos la profecía, Benedicto XVI no es el Papa número 111. Diez antipapas figuran entre los “112 papas” de la lista, por lo que según esta hipótesis Benedicto XVI sería realmente el Papa número 101.

Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el 15 de mayo del 2005. (Dnalor 01/CC BY SA 3.0)

Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el 15 de mayo del 2005. (Dnalor 01/ CC BY SA 3.0 )

Demostrando que la Profecía de los Papas es una falsificación

Entre los historiadores que sostienen que las profecías de los papas son una falsificación de finales del siglo XVI se encuentra el monje y erudito español Benito Jerónimo Feijóo y Montenegro, quien escribió la obra Teatro Crítico Universal entre los años 1724 y 1739. En un capítulo titulado ‘Supuestas profecías’, Feijóo observaba un “alto nivel de exactitud en las descripciones de los papas hasta la fecha en que fueron publicadas” y a continuación un “alto nivel de inexactitud después de la fecha de la publicación.” Fray Benito Jerónimo Feijóo y Montenegro fue un monje y erudito español que lideró la época de la Ilustración en España y desmintió mitos y supersticiones. La observación anteriormente mencionada convenció a Feijóo de que la profecía había sido “creada justo antes de su publicación.”

Retrato de Benito Jerónimo Feijóo y Montenegro. (Dominio público)

Retrato de Benito Jerónimo Feijóo y Montenegro. ( Dominio público )

Habiendo establecido ya que la profecía probablemente era un engaño, ¿por qué fueron creadas entonces? El sacerdote francés del siglo XVII Louis Moréri presentó una teoría sobre esta cuestión en su enciclopedia Le Grand Dictionnaire historique , donde sugería que “los partidarios del cardenal Girolamo Simoncelli las crearon en un intento de apoyar sus aspiraciones a convertirse en Papa en la década de 1590”. Su argumento era que las profecías predecían que el papa que sucedería a Urbano VII sería Ex antiquitate Urbis (“de la antigua ciudad”), y Simoncelli era de Orvieto, cuyo nombre original en latín era Urbevetanum, “vieja ciudad” (Miller, 1981).

Explayándose extensamente sobre la falsedad de la profecía, M. J. O'Brien, sacerdote católico que escribió en el año 1880 una monografía sobre las profecías, observaba acerca de ellas: “Estas profecías no han servido a ningún propósito. No significan absolutamente nada. Su latín es malo. Es imposible atribuir tan absurdas menudencias [...] a ninguna fuente sagrada. Los que han escrito en defensa de la profecía han presentado escasos argumentos en su favor. Sus intentos por explicar las profecías posteriores a 1590 son, y lo digo con todo el respeto, la menudencia más deplorable.” (O’Brien, 1880).

¿Qué dice la falsa profecía de nuestros días y del futuro?

Si la lista de descripciones se asocia directamente con la lista histórica de los papas desde su publicación, Benedicto XVI (2005-2013) correspondería al señalado como penúltimo papa, descrito con el lema “Gloria olivae” (la gloria del olivo). Recordemos ahora cómo la última profecía predice el Apocalipsis: “En persecución extrema, en la Santa Iglesia Romana reinará Pedro el Romano, quien cuidará a su rebaño entre muchas tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas (probablemente Roma) será destruida y el Juez Terrible juzgará a su pueblo. Fin.”

El nombre original del papa Francisco no es Pedro, sino Jorge Mario Bergoglio, y por ahora no parece estar dando señales de intentar provocar el fin del mundo. ¡Esperemos que siga así!

Papa Francisco. (Jeffrey Bruno/CC BY SA 2.0)

Papa Francisco. (Jeffrey Bruno/ CC BY SA 2.0 )

Imagen de portada: Tríptico (abierto) ‘El juicio final’ (1467-1471), óleo sobre tabla de Hans Memling. Fuente: Dominio público

Autor: Ashley Cowie

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

 

Referencias:

Catholic Encyclopedia 1913,

Feijóo y Montenegro 1724-1739, p. 129.

Arnold Miller, “Louis Moréri’s Grand Dictionnaire historique,” In Notable Encyclopedias of the Seventeenth and Eighteenth Centuries: Nine Predecessors of the Encyclopédie, ed. Frank A. Kafker (Oxford: Voltaire Foundation, 1981), 13-52.

O'Brien 1880, p. 110.

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