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Ancient Origins España y Latinoamérica

María Estuardo: los últimos años de la reina de Escocia

Una vez nacido su hijo y futuro rey Jacobo, se puso en marcha un plan para eliminar a Darnley, esposo de María, quien había conspirado en su contra y la había atacado para provocarle un aborto. El noble inglés se encontraba en una mansión de Edimburgo, intentando restablecerse de una posible sífilis. Sin embargo, en febrero de 1567, la casa explotó y Darnley fue encontrado muerto en el jardín. Este suceso acabó dañando aún más la reputación de la reina.

Leer 1ª parte: María I de Escocia: los primeros años de una joven reina

James Hepburn, IV conde de Bothwell, quien se había divorciado de su esposa tras ser acusado de adulterio, tres meses después de la muerte de Lord Darnley, fue considerado culpable de su asesinato, siendo juzgado en una parodia de corte y absuelto. Unos días después, mientras María procuraba recuperar el favor de sus Lores, Bothwell consiguió que no menos de ocho obispos, nueve condes y siete Lores del Parlamento firmaran el llamado pacto de la taberna de Ainslie, un manifiesto en el que declaraban que María debía casarse con un súbdito escocés de nacimiento y con el que apoyaban, claramente, sus aspiraciones de matrimonio con la reina.

Retrato anónimo de James Hepburn, IV conde de Bothwell. Scottish National Gallery de Edimburgo. (Public Domain)

Rapto, tercer matrimonio y abdicación

El miércoles 24 de abril de 1567, María visitó a su hijo de diez meses por última vez y, mientras viajaba hacia Edimburgo, apareció Bothwell con 800 de sus hombres. Asegurando a la reina que corría un gran riesgo si acudía a la capital escocesa, le propuso llevarla hasta su castillo para protegerla. María accedió, pero una vez en el castillo fue apresada por Bothwell y, muy posiblemente, violada por éste. El 6 de mayo regresaron a Edimburgo, el 12 de mayo la reina lo nombró duque de las Orcadas y tres días después se casaron en el Gran Salón del palacio de Holyrood, en una ceremonia protestante.

La nobleza se volvió contra los recién casados y reclutó un ejército contra ellos. Los ejércitos reales se enfrentaron a las tropas de los Lores en Carberry Hill el 15 de junio, pero finalmente se evitó la batalla porque María acordó acatar sus órdenes con la condición de que dejaran ir a Bothwell, quien huyó hacia Escandinavia, fue encarcelado en Dinamarca, se volvió loco y murió preso en 1578. Pero los nobles rompieron su promesa y llevaron a la reina hasta Edimburgo, encarcelándola en el castillo de Loch Leven, donde María sufrió un aborto de gemelos. Posteriormente, el 24 de julio, la forzaron a abdicar del trono escocés en favor de su hijo Jacobo, de apenas un año de edad.

Estela conmemorativa erigida en Carberry Hill (East Lothian) en el lugar en el que María I de Escocia se rindió a los lores en 1567. (Public Domain)

Huida a Inglaterra y encarcelamiento

El 2 de mayo de 1568, disfrazada de lavandera, María logró escapar y reunir  un pequeño ejército para intentar recuperar el trono. Sin embargo, tras la derrota sufrida en la batalla de Langside, se vio obligada a huir a Inglaterra donde, tan solo tres días después, fue capturada por los oficiales de su prima Isabel I. La reina inglesa dudaba sobre la posible participación de María en el asesinato de su segundo esposo, Lord Darnley, por lo que ordenó llevar a cabo una investigación que tuvo un marcado carácter político –ya que Isabel no deseaba condenar a su prima por asesinato– y que, finalmente, desembocó en un juicio.

Durante su encarcelamiento, María puso de moda la frase “En ma Fin gît mon Commencement” (“En mi final está mi comienzo”), que mandó bordar en sus ropajes. El principal motivo de su procesamiento era mantenerla fuera de Escocia y a sus partidarios bajo control. Mientras, Jacobo Estuardo, conde de Moray, gobernaba Escocia como regente del hijo de María.

La reina Isabel I de Inglaterra con las vestiduras de su coronación, decoradas con rosas Tudor y ribeteadas de armiño. Lleva el pelo suelto, como era tradicional en la coronación de una reina, quizás como símbolo de virginidad. La pintura es obra de un artista anónimo y data de principios del siglo XVII. National Portrait Gallery de Londres, Inglaterra. (Public Domain)

Juicio y “cartas del cofre”

El juicio se celebró en la ciudad de York, entre octubre de 1568 y enero de 1569. María rechazaba reconocer la potestad de ninguna corte extranjera para intentar acusarla por ser una reina ungida, y el caso se complicó por “las cartas del cofre”: ocho cartas que, supuestamente, María envió a Bothwell y que Jacobo Douglas, IV conde de Morton, habría encontrado en Edimburgo, en un cofre de plata, junto con otros documentos como el certificado de matrimonio de María y Bothwell. En el tribunal no se permitió a María ver prueba alguna ni hablar en su propia defensa. Por su parte, ella rechazó ofrecer una defensa escrita a menos que Isabel garantizara un veredicto de no culpable, algo que la reina inglesa se negó a aceptar.

Las cartas del cofre fueron aceptadas por la investigación como genuinas, después de un estudio de la escritura de las mismas. Sin embargo, la investigación llegó a la conclusión de que no se podía verificar su origen. La verdad es que la autenticidad de dichas cartas ha sido fuente de mucha controversia entre los historiadores. Las originales se perdieron en 1584, y las copias disponibles en varias colecciones no forman un juego completo. María argumentó que su escritura no era difícil de imitar, y con frecuencia se ha sugerido que las cartas serían falsificaciones que fueron insertadas en la investigación para incriminarla. Posteriores estudios científicos sobre el estilo de escritura que aparece en ellas han concluido que, como afirmaba la reina escocesa, no fueron escritas por María.

Firma de María Estuardo. Biblioteca Nacional de Escocia, Edimburgo. (Public Domain)

En 1570, Isabel se reunió con diversos representantes del rey Carlos IX de Francia, quienes intervinieron a favor de María al haberse comprometido la monarquía gala a ayudarla a recuperar su trono. Como condición previa, Isabel exigió la ratificación del Tratado de Edimburgo de 1560, en el que se exigía formalmente disolver la alianza de Escocia con Francia, algo que a María no le convenía y por lo que se negaron a ello. Isabel I, quien seguía teniendo muy en cuenta los derechos dinásticos de María al trono inglés, la mantuvo prisionera durante los siguientes dieciocho años.

Conspiraciones y pena de muerte

En 1572 el Parlamento inglés introdujo una ley que eliminaba a María de la sucesión al trono inglés. Isabel, de manera inesperada, rechazó darle su consentimiento real. Además, posteriormente hizo promulgar el llamado Pacto de la Asociación, un documento dirigido a evitar que cualquier supuesto sucesor se beneficiara de su eventual asesinato y que fue firmado por miles de nobles, incluyendo a la misma María.

Retrato de María de Escocia durante su cautiverio en Inglaterra en 1578. (Public Domain)

A medida que fueron pasando los años la ejecución de María se convirtió en una cuestión que Isabel no podía demorar por más tiempo. Además, María habría estado implicada en varias conspiraciones para asesinar a Isabel, sublevar el norte católico de Inglaterra y apoderarse del trono, posiblemente con ayuda francesa o española. Claro que, según  defendían los partidarios de María, estos complots habrían sido inventados para perjudicarla. María fue declarada culpable de traición por una corte de cerca de 40 nobles, incluyendo católicos, después de estar implicada en la supuesta conspiración Babington, en la que habría dado su autorización para asesinar a su prima Isabel.

La decapitación

La víspera de su ejecución, los representantes de Isabel leyeron a María la sentencia de su condena a muerte en el castillo de Fotheringhay, donde permanecía cautiva. Agradeció la noticia porque anhelaba acabar de una vez con sus infortunios, y pidió la presencia de un confesor que le fue denegada, por lo que realizó su confesión por escrito. Después redactó emotivas cartas de despedida al rey de Escocia y a la reina madre. Acto seguido, congregó a los miembros de su servidumbre: a los hombres les repartió todo su dinero y a las mujeres les entregó su  joyero privado. Encomendó a su mayordomo que dijese a su hijo el rey Jacobo VI de Escocia –y a partir de 1603, también rey de Inglaterra–, que no tratase de vengar su muerte. Caída la noche, se retiró a la capilla para rezar durante dos horas.

Breviario personal de María Estuardo que la reina de Escocia llevó consigo al cadalso. En los márgenes de las páginas se pueden observar anotaciones realizadas por la propia María. Biblioteca Nacional Rusa de San Petersburgo. (Public Domain)

La víspera de su ejecución, María apenas durmió. El 8 de febrero de 1587 se levantó antes del amanecer y se puso un vestido de terciopelo negro, un jubón de seda carmesí y un velo negro. Dio un pañuelo a una de sus camareras, pidiéndole que, cuando se acercase al cadalso le vendase los ojos con él. Regresó a la capilla y luego conversó en su cámara con las mujeres, a quienes rogó que asistieran a la ejecución para contar después todo lo sucedido. Mientras hablaba con ellas, golpearon la puerta. Eran los enviados de Isabel.

La condujeron hasta el patíbulo, levantado en el centro de un gran salón. Al entrar, como una de sus damas no pudo contener el llanto, María se llevó un dedo a los labios para hacerla callar. Entonces el verdugo la agarró con rudeza por un brazo, bajó su vestido hasta la cintura y le despojó del jubón, dejando al descubierto su cuello. Fue entonces cuando, a petición suya, su doncella le vendó los ojos con el pañuelo. La reina de Escocia se arrodilló sin la menor señal de flaqueza. El verdugo interrumpió varias veces sus oraciones, pero ella repitió un salmo en latín antes de colocar la cabeza sobre el tajo. Mientras recitaba «In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum» (“en tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”), el ejecutor descargó con todas sus fuerzas un hachazo sobre su cuello, pero no fue suficiente para desprender la cabeza del tronco y tuvo que sacudirle dos más hasta conseguirlo.

Dibujo de la ejecución de la reina María I de Escocia, realizado para documentar la memoria oficial del proceso. (Public Domain)

Seguidamente, el verdugo tomó con una mano la cercenada cabeza y la alzó como si fuera un trofeo, prorrumpiendo: «¡Dios guarde a la reina Isabel! ¡Que todos los enemigos del verdadero Evangelio perezcan de este modo!». Arrancó la cofia de la reina muerta y dejó al descubierto su cabellera, absolutamente canosa con solo 45 años de edad. Luego, tras retirar su cuerpo sin cuidado alguno, lo encerró bajo llave en una habitación contigua a la de sus ayudantes. Las camareras de la reina María miraron por el ojo de la cerradura el cadáver, cubierto con la funda de una mesa de billar.

Allí permaneció hasta que aparecieron los primeros síntomas de descomposición. Sólo entonces lo embalsamaron con prisas para el entierro, a fin de ahorrar gastos, e introdujeron su cadáver en un féretro de plomo, conservándolo in sepulto durante siete meses hasta que decidieron darle merecida sepultura en el cementerio de la Catedral de Peterborough. Previamente, la tela que cubría el cadalso, las tablas del suelo y cuantas cosas fueron alcanzadas por la sangre de la reina, se quemaron o se lavaron por temor a que fueran convertidas en objetos de veneración popular.

Muerte de María Estuardo (1587), óleo del artista Abel de Pujol (1785-1861). Museo de Bellas Artes de Valenciennes, Francia. (Public Domain)

En 1612 sus restos fueron exhumados por orden de su hijo, el rey Jacobo I de Inglaterra, quien ordenó enterrarla en la capilla de Enrique VII de la Abadía de Westminster y crear en su honor un monumento funerario esculpido en mármol, obra del escultor real Cornelius Cure.

Coronada como reina de Escocia con sólo nueve meses y criada en la corte francesa, María I recibió un trato indigno no sólo para una reina, sino para cualquier ser humano. Hoy sus restos continúan reposando en la hermosa Abadía de Westminster, a solamente 9 metros del sepulcro de la reina inglesa Isabel I. Las dos primas nunca llegaron a conocerse personalmente.

Tumba de María Estuardo ubicada en la Abadía de Westminster de Londres, Inglaterra. (Bernard Gagnon/GNU Free)

Imagen de portada: María I de Escocia retratada entre 1578 y 1579 durante su cautiverio por Nicholas Hilliard (1547-1619).Victoria and Albert Museum de Londres, Inglaterra. (Public Domain)

Autor: Mariló T. A.

 

Fuentes:

Zweig, Stefan (1978). María Estuardo. Juventud, S.A.

Duchein, Michel (1991). María Estuardo. Emecé editores, S.A.

Tannahill, Reay (2000). María Estuardo: Reina de Escocia.  EDHASA

National Geographic España: La trágica vida de María Estuardo https://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-tragica-vida-de-maria-estuardo_6689

Sixto, Marta. Detectives de la Historia: María Estuardo, Reina de Escocia. https://www.detectivesdelahistoria.es/maria-estuardo-reina-de-escocia/

Zavala, José María. La cabeza de la reina María Estuardo. https://www.larazon.es/cultura/la-cabeza-de-la-reina-maria-estuardo-CF12532642