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Ancient Origins España y Latinoamérica

Crimen y castigo: Condenas eternas impuestas por los antiguos dioses griegos

No hay mensaje más claro que un terrible castigo ordenado por los dioses. En los sistemas de creencias de culturas de todo el mundo, las deidades han disciplinado a sus rebaños desde tiempo inmemorial, aunque quizás en ningún caso de forma tan imaginativa y conocida como los dioses de la mitología griega. La forma definitiva de procurar dolor y desdicha era el castigo eterno.

Estos desmesurados castigos eternos impuestos por los dioses sobre deidades menores, semidioses o comunes mortales no eran simples medidas punitivas contra un pecador, sino que además servían de aviso a otros para que no repitieran peligrosos comportamientos como la arrogancia, la codicia y la desobediencia; básicamente cualquier cosa que pudiera desafiar a los dioses o ir contra la moral de la época. He aquí algunas de las más notables leyendas de condenación eterna en los mitos griegos:

Prometeo

Prometeo, un Titán inmortal, está considerado el creador de la humanidad. En las leyendas más antiguas, el Titán y el dios Olímpico Zeus se enzarzaron en muchas épicas batallas, y los antiguos textos describen a Prometeo como inteligente, campeón de la humanidad y, en ocasiones, como a un astuto embaucador.

Se considera que Prometeo otorgó al hombre el don divino del fuego, tras haberlo tomado (o robado) del monte Olimpo, y por extensión, de Zeus. En diferentes versiones del mito, el fuego simboliza la fuente de luz y calor que permitió a los humanos progresar y prosperar, aunque en la época Medieval también representaba la sabiduría divina o el conocimiento. En la mentalidad post-Renacentista, Prometeo era considerado un símbolo del desafío a la tiranía institucional.

‘Prometeo Trae el Fuego’, obra de Friedrich Füger. Prometeo otorga el fuego a la humanidad como relata el poeta griego Hesíodo.  Public Domain

Por este intolerable acto de robo y desobediencia contra la voluntad del todopoderoso Zeus, Prometeo fue condenado a un castigo eterno. Fue encadenado a una roca, y todos los días un águila (que representaba a Zeus) aparecía para desgarrar su carne y comerse su hígado. Todas las noches, el hígado de Prometeo se regeneraba, para volver a ser devorado de nuevo al día siguiente. De este modo, su tortura no tenía fin.

El águila desgarra la carne de Prometeo y devora su hígado cada día, por el resto de la eternidad. Cuenco de Laconia  (~550 a. C.) (Karl Ludwig Poggemann, Flickr/CC BY 2.0)

Este acto contra la voluntad de los dioses ha sobrevivido al paso del tiempo como leyenda, y se le hace referencia frecuentemente en la moderna cultura popular.

Sísifo

Antaño rey de Éfira (antiguo nombre de Corinto), se cuenta de Sísifo que era un asesino, egoísta y mentiroso. Capturaba y mataba a viajeros, regocijándose en sus muertes. Reinaba en Corinto con puño de hierro, pero sus crueles manipulaciones quedaron impunes hasta que Sísifo traicionó a Zeus al revelar el lugar secreto en el que se ocultaba una ninfa de las aguas.

Por sus pecados, Sísifo fue encadenado al pie de una montaña en el Tártaro, profundo abismo y calabozo en el que se padecían espantosos tormentos y sufrimientos.

Zeus impuso al rey Sísifo el más terrible y desquiciante castigo eterno. Era obligado a empujar una gigantesca roca sin descanso hasta la cima de la empinada montaña. Esta roca había sido maldecida de tal modo que cada vez que Sísifo estaba a punto de alcanzar la cima, volvía a caer rodando montaña abajo. El resultado era una eternidad de esfuerzos inútiles y frustración continua.

Aún a día de hoy, las actividades interminables, inútiles e infructuosas son descritas como “Sisíficas”.

Los pecados de Sísifo le condujeron a su definitiva y desquiciante condenación eterna. Public Domain

Aracné

Aracné, en la leyenda grecorromana, era una mujer humana cuyos talentos como tejedora eran espectaculares. Era diestra hasta tal punto que no solo se convirtió de largo en la mejor del mundo en su oficio, sino que además se jactó  de que probablemente fuera incluso mejor que Atenea, diosa de la guerra y la sabiduría y también tejedora. Esto definitivamente captó la atención de los dioses, que no estaban dispuestos a permitir que una arrogancia semejante quedara impune, especialmente viniendo de una simple mortal. Atenea bajó a la tierra, visitó a Aracné bajo la forma de una anciana tejedora, y ambas compitieron. En una de las versiones de la leyenda, Aracné superó a Atenea, tejiendo una obra maestra. Pero el tapiz que había tejido era irrespetuoso, pues mostraba a los dioses realizando actos ridículos e indignos. Atenea se percató de que no solo había sido vencida, sino también insultada, y se enfureció. Tocó la frente de Aracné, obligándola a sentirse humilde y culpable. Aracné inmediatamente se ahorcó, y Atenea la trajo de nuevo a la vida como araña, para que pudiera tejer eternamente.

La palabra “araña”, procede del mito de Aracné.

Ilustración 12 del Purgatorio de Dante, por Gustavo Doré, en la que se puede observar a Aracné en una postura convulsa, bajo una forma híbrida de mujer y araña. Public Domain

Atlas

Según la leyenda, hubo una gran serie de batallas que duraron 10 años entre los Titanes y los dioses Olímpicos, denominada Titanomaquia.  Esta guerra iba a determinar quién dominaría el Universo entero, y acabó con la victoria de los Olímpicos.

El Titán Atlas y su hermano se habían aliado con los demás Titanes. En el mito se narra que una vez fueron todos derrotados, muchos de ellos fueron condenados al Tártaro, mientras que Atlas fue castigado a permanecer de pie en el límite occidental del mundo y a soportar eternamente el peso de los cielos sobre sus hombros, a fin de impedir que bajo ningún concepto el plano celestial y el terrestre se tocaran.

En una de las versiones del mito, Atlas engañó al divino héroe Hércules para que él aguantara los cielos sobre sus hombros (entendiéndose que era el único ser capaz de algo así además de Atlas), pero Hércules a su vez engañó a continuación al Titán para que volviera a cargar con el peso de los cielos.

Modernas interpretaciones del mito muestran a menudo a Atlas con el mundo sobre sus hombros, pero en la versión original eran los cielos los que sostenía, condenado a soportar su carga por toda la eternidad. (Cominik Bartsch, Flickr/CC BY 2.0)

Lección aprendida: si desafías a los antiguos dioses, asume los peligros que de ello se derivan.

Tántalo

Algo menos conocida en la lista de castigos eternos es la leyenda de Tántalo.

En el mito, este hombre era hijo de Zeus y una Oceánide (ninfa marina). Se convirtió en rey de Sípilo, región montañosa situada en lo que hoy es Anatolia. Tántalo no solo fue favorecido por Zeus, sino también por muchos otros dioses. A menudo cenaba con ellos en el Monte Olimpo, y se le concedían grandes honores. Sin embargo, se equivocó fatalmente al cometer varios y muy graves pecados contra los dioses. Se dice que robó ambrosía y néctar (comida y bebida de los dioses), que luego ofreció a sus amigos mortales para impresionarles. También robó uno de los animales favoritos de Zeus, un perro dorado, y reveló secretos divinos que Zeus había compartido con él.

Pero nada podía superar su última ofensa: Tántalo mató a su propio hijo, lo asó y sirvió este infame plato a los dioses en una cena de celebración. Omniscientes, ninguno de los dioses cayó en su sucia treta excepto Démeter, que sí comió parte del hombro del hijo de Tántalo.

Los dioses estaban tan furiosos y horrorizados que el propio Zeus aplastó a Tántalo hasta matarlo con un peñasco arrancado del monte Sípilo, para a continuación arrasar su reino como propina.

Finalmente, Zeus castigó a Tántalo con una eternidad de escasez y desesperación en el Tártaro. Se obligó al rey caído a permanecer de pie en una piscina que contenía agua fresca y limpia, con un árbol frutal cercano, cuyas ramas se encontraban siempre cargadas de apetitosa fruta. Dice la historia que Tántalo sentía una sed muy intensa, pero cuando abría la boca para beber del agua de la piscina, su nivel descendía hasta vaciarse del todo. También sentía un hambre atroz, pero la fruta, aunque tentadoramente cercana, quedaba por muy poco fuera del alcance de su mano.

Aún en la actualidad se utiliza la palabra ‘tantalizador’ o ‘tantalizante’ en diversas lenguas para describir algo que se desea y que parece tentadoramente cercano pero que queda fuera de nuestro alcance.

Está claro que comportarse de manera tan infame—faltar al respeto y traicionar a los dioses, asesinar y robar—aseguraba una eternidad de torturas, así estaba dispuesto.

La tortura de Tántalo no tenía fin. Óleo, 1630s-1640s. Public Domain

Aunque los nombres de los dioses y su incidencia en nuestras vidas quizás hayan cambiado, la naturaleza humana no. Estos antiguos relatos todavía resuenan en nuestro interior, y sus advertencias aún siguen presentes en nuestro lenguaje cotidiano, influyendo sin duda en nuestros comportamientos y decisiones.

Imagen de portada: El castigo de Ixión. La condena de Ixión consistía en permanecer eternamente atado a una rueda solar ardiente por haber asesinado a su suegro. En la leyenda esto le convirtió en el primer culpable de la muerte de uno de sus parientes cercanos de la mitología griega. Public Domain

Artículo actualizado el día 13 de octubre del 2022.

Autor Liz Leafloor

Referencias

Tompola, 2015. “Eternal Punishment in Greek Mythology” eRepublik [Online] Disponible aquí.

Osborne, Kevin. Burgess, Dana L., 2004. “The Complete Idiot's Guide to Classical Mythology” (Extracto) InfoPlease [Online] Disponible aquí.

Camus, Albert. “The Myth of Sisyphus” New York University, 2015 [Online] Disponible en: https://www.nyu.edu/classes/keefer/hell/camus.html

“Worst Punishment in Greek Mythology” Rankopedia, 2012 [Online] Disponible aquí.