Portada - Uno de los investigadores escalando en un rocódromo mientras lleva puesta la moderna réplica de una armadura medieval. (Fotografía: El Mundo)

Demostrado científicamente: las armaduras medievales permitían moverse con agilidad

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Suele suceder que cuando evocamos la imagen de un antiguo caballero medieval, portando su impresionante armadura, lo imaginamos moviéndose más despacio de lo habitual, con pasos lentos e, incluso, actuando de forma torpe una vez en tierra debido al gran peso y volumen de sus corazas de acero. De hecho solemos verlos así porque de ese modo nos los han mostrado a menudo desde la gran pantalla cinematográfica. Sin embargo, tal y como suele sucedernos cuando nos vemos envueltos por la mágica oscuridad de la sala de proyección: cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia en este caso.

Tal y como podemos leer en el portal de noticias sobre tecnología Gizmodo, los pocos textos medievales que se conservan hoy en día nos presentan un panorama muy diferente a lo que el cine se ha empeñado en mostrarnos con respecto a los combates con armadura pesada. Por ello, un equipo de investigadores de la Universidad de Ginebra ha querido experimentar en carne propia la realidad de moverse con una armadura que pesa alrededor de 30 kilos.

Armadura medieval al completo. (Rama/Public Domain)

Armadura medieval al completo. (Rama/ Public Domain )

Lo que han hecho los expertos es reproducir la curiosa rutina de ejercicios que realizaba Jean le Meingre, "Boucicaut”, mariscal de los ejércitos franceses bajo el reinado de Carlos VI , a finales del siglo XIV. Además de por sus muchas victorias militares, Jean le Meingre pasó a la historia por su colosal forma física y por luchar siempre protegido por una armadura de placas .

El secreto de su formidable estado físico radicaba en una rutina diaria de ejercicios que realizaba con dicha armadura puesta. Tales ejercicios incluían saltos a caballo, correr largas distancias, ejercitar los brazos blandiendo hacha o martillo, subir una escalera de mano sin usar las piernas, escalar paredes, ejecutar diversas series de piruetas y hasta bailar vistiendo la pesada armadura.

Retrato del Mariscal francés Jean II Le Meingre, famoso por sus victorias bélicas así como por su formidable forma física. Libro de Horas de Juan de Boucicaut (c. 1405-1408). Museo del Ejército de París, Francia. (Public Domain)

Retrato del Mariscal francés Jean II Le Meingre, famoso por sus victorias bélicas así como por su formidable forma física. Libro de Horas de Juan de Boucicaut (c. 1405-1408). Museo del Ejército de París, Francia. ( Public Domain )

Los investigadores han pasado meses repitiendo los susodichos ejercicios, que aparecen recopilados en un manuscrito medieval conservado en la Biblioteca Nacional de Francia . Para ello, según informaciones publicadas por el diario español El Mundo , han construido una réplica exacta de la armadura (sin el casco) cuyo peso, alcanza los 26,18 kilos y, para su sorpresa, no es solo posible ejecutar todos los ejercicios, sino que además pueden realizarse con una sorprendente facilidad. 

Los resultados del estudio han sido publicados en la revista especializada  Historical Methods: A Journal of Quantitative and Interdisciplinary History , y demuestran que el uso de armaduras de placas de acero en batalla no reducía la velocidad de movimiento tanto como se cree. Tan solo reducía la resistencia física del caballero que la portaba, por el lógico desgaste que implicaba cargar con su peso.

En este vídeo de la Universidad de Ginebra podemos observar algunas de los pruebas y ejercicios realizados por los investigadores para recrear y comprobar la movilidad en combate de los soldados y caballeros medievales equipados con armaduras de placas

De hecho, biólogos británicos pertenecientes a la Universidad de Leeds realizaron un estudio similar en el año 2011 midiendo el consumo de oxígeno de personas vestidas con este tipo de armadura, y sus conclusiones fueron que dicho consumo era 1,9 veces superior en carrera y hasta 2,3 veces mayor simplemente caminando con ella. Además, el hecho de llevar puesto un casco también empeoraba el rendimiento, puesto que al llevar el visor bajado se limitaba y dificultaba la entrada de oxígeno al cuerpo.

Por lo tanto, podemos ver cómo gracias al reciente estudio de la Universidad de Ginebra ha quedado destruido el clásico mito de que los caballeros y guerreros medievales casi no podían moverse una vez se apeaban de sus fieles cabalgaduras. Este descubrimiento probablemente nos permita comprender mejor las tácticas de guerra medievales y el desarrollo de las batallas en las que participaban soldados y caballeros equipados con este tipo de armaduras.

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