Portada-Calco del mapa estelar de Suchow (1826), grabado en piedra original realizado por Huang Shang (c. 1190), dinastía Song. (Public Domain)

La Astronomía en la antigua China

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La antigua astronomía estelar china difiere mucho de la babilónica y de la occidental. Los chinos consideraban al universo como una naranja que colgaba de la estrella polar. El ecuador celeste se dividía en 28 “casas” y el número de constelaciones ascendía a 284.

Al igual que sucedía en Babilonia, el antiguo calendario chino de principios del siglo II a. C. conforma un año lunisolar, con ciclos bisiestos de 19 años. La obra Calendario de tres ciclos , aparecida a principios de nuestra era y cuyo autor es Liu Hsin , describe la historia de la astronomía china desde el tercer milenio.

Los astrónomos de la corte imperial china observaron fenómenos celestes extraordinarios cuya descripción ha llegado, en muchos casos, hasta nuestros días. Estas crónicas constituyen para todo investigador una fuente valiosísima porque permiten comprobar la aparición de nuevas estrellas, cometas, etc. También los eclipses se controlaban de esta manera.

Mapa estelar chino, de autor desconocido, mostrando las constelaciones del Polo Norte. (Siglo VII). Biblioteca Británica. (Public Domain)

Mapa estelar chino, de autor desconocido, mostrando las constelaciones del Polo Norte. (Siglo VII).  Biblioteca Británica. ( Public Domain )

Por el contrario, hasta el siglo I a. C. el estudio de los planetas y de la Luna carecía de las condiciones necesarias como para proporcionar predicciones suficientemente exactas de los fenómenos celestes. De hecho existen historias como la de los desdichados astrónomos de la corte, Hsi y Ho , que fueron ejecutados por haber puesto en peligro la seguridad del mundo, al dejar de predecir un eclipse de Sol.

La concepción del Universo en la China antigua se encuentra expuesta en el Chou pei suan ching , un tratado escrito alrededor del siglo IV a.C. Según la teoría del Kai t’ien (que significa: el cielo como cubierta ), el cielo y la Tierra serían planos y se encontrarían separados por una distancia de 80.000 lis (un li equivale, aproximadamente, a medio kilómetro). El Sol, cuyo diámetro sería de 1.250 lis, se movería circularmente en el plano celeste de modo que cuando se encuentra sobre China es de día y cuando se aleja se hace de noche.

Posteriormente, se tuvo que modificar el modelo para explicar el paso del Sol por el horizonte. Así, según la nueva versión del Kai t’ien, el cielo y la Tierra en realidad vendrían a ser semiesferas concéntricas, siendo el radio de la semiesfera terrestre de 60.000 Iis. El texto no explica cómo se obtuvieron las distancias mencionadas y, al parecer, el modelo fue diseñado principalmente para calcular, con una mínima base de geometría, la latitud de un lugar a partir de la posición del Sol. Al final, los astrónomos chinos llegaron a la conclusión de que El Kai t’ien era demasiado complicado para cálculos prácticos, cayendo así en desuso con el paso del tiempo.

Observatorio astronómico chino de Gaocheng, construido en el año 1276. (takwing.kwong/CC BY-SA 2.0)

Observatorio astronómico chino de Gaocheng, construido en el año 1276. ( takwing.kwong/CC BY-SA 2.0 )

Alrededor del siglo II d.C., se empezó a utilizar la esfera armilar como un modelo mecánico de la Tierra y el cielo. Al mismo tiempo surgió una nueva concepción del Universo: la teoría del Hun t’ien (cielo envolvente), según la cual:

“… el cielo es como un huevo de gallina, tan redondo como una bala de ballesta; la Tierra es como la yema del huevo, se encuentra sola en el centro. El cielo es grande y la Tierra pequeña.”

Posteriormente, las teorías cosmogónicas en China girarán alrededor de la idea de que el Universo estaba formado por dos sustancias: el yang y el yin , asociadas al movimiento y al reposo, respectivamente.

De acuerdo con la Escuela Neoconfucionista , representada principalmente por Chu Hsi en el siglo XII, el yang y el yin se encontraban mezclados antes de que se formara el mundo, pero fueron separados por la rotación del Universo. El yang móvil fue arrojado a la periferia y formó el cielo, mientras que el yin inerte se quedó en el centro y formó la Tierra: los elementos intermedios, como los seres vivos y los planetas, guardaron proporciones variables de yang y yin.

Nuestra Misión

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Si bien hay quien podría pensar que poseemos ya un conocimiento profundo sobre el tema, pensamos que aún existen infinidad de enigmas y misterios que necesitan ser estudiados.

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Nuestro objetivo es ir más allá de las teorías, y presentando una evaluación precisa de la investigación actual, resaltamos y ofrecemos puntos de vista alternativos a las declaraciones de la ciencia y arqueología convencionales.

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