Portada - Los Colosos de Memnón fotografiados en 1908. (Public Domain)

La milenaria leyenda de los cantores Colosos de Memnón

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Los Colosos de Memnon, son dos gigantescas estatuas de piedra que representan al faraón Amenhotep III, quien reinara el antiguo Egipto durante la dinastía XVIII. Estas estatuas fueron talladas en enormes bloques de arenisca de cuarcita que, a su vez, fueron extraídos de una cantera en El-Gabal el-Ahmar y transportados, de manera increíble, a lo largo de 675 kilómetros hasta ser colocados en su ubicación actual, en la necrópolis tebana. Lugar que con el tiempo fue conocido de modo generalizado como el Memnonio.

Tan imponentes estatuas egipcias han permanecido en la necrópolis tebana, al oeste del río Nilo durante los últimos 3.400 años, desde el año 1350 a. C. Las dos gigantescas estatuas gemelas, de 18 metros de altura cada una, representan al faraón Amenhotep III y fueron posicionadas frente al Nilo, mirando al este y al amanecer. Su propósito era guardar y vigilar la entrada al templo conmemorativo de Amenhotep (o templo mortuorio): un centro de culto masivo construido durante la vida del faraón, donde fue adorado como dios sobre la tierra antes y después de su partida de este mundo.

Estatua de Amenhotep III y el dios Sobek procedente del templo de Sobek en Dahamshaen. Museo de Luxor, Egipto. (Gérard Ducher/CC BY-SA 2.5)

Estatua de Amenhotep III y el dios Sobek procedente del templo de Sobek en Dahamshaen. Museo de Luxor, Egipto. (Gérard Ducher/ CC BY-SA 2.5 )

Parece que en un principio ambos colosos eran exactamente iguales, a diferencia de ahora, que no lo son como resultado de una restauración emprendida en tiempos de los romanos.

Cuentan las leyendas que en el año 27 a.C. un terremoto derribó gran parte del conocido como coloso norte. A partir de entonces, el otro comenzó a «cantar» cada mañana al amanecer. Un curioso hecho que incluso fue registrado por los historiadores y geógrafos griegos Estrabón y Pausanias, quienes relataron que aquel sonido era muy parecido a un golpe y muy semejante, también, al ruido que produce la cuerda de una lira al romperse.

Aspecto actual del Coloso Norte. (Olaf Tausch/GNU Free)

Aspecto actual del Coloso Norte. (Olaf Tausch/ GNU Free )

Estrabón es el que nos da la primera mención de este hecho en la literatura histórica, asegurando, asimismo, haber sido testigo del fenómeno durante su visita al lugar, alrededor del año 20 a. C. Como resultado de ello, la leyenda se propagó de modo viral. Tanto que incluso varios emperadores romanos quisieron ver y oír, por sí mismos, el misterioso fenómeno. La última mención fiable de tales sonidos data del año 196 d. C.

La reconstrucción romana que tuvo lugar aproximadamente en el año 199 d. C. parece que logró acallar los misteriosos sonidos, supuestamente emitidos por el coloso sur, puesto que ya no volvieron a ser escuchados nunca más.

Aspecto que presenta a día de hoy el conocido como Coloso Sur. (Olaf Tausch/GNU Free)

Aspecto que presenta a día de hoy el conocido como Coloso Sur. (Olaf Tausch/ GNU Free )

Se han señalado dos tipos de explicaciones para los sonidos de la estatua. Estrabón indicó que, aunque proviniese del pedestal o fuera debido a personas que caminaran por su base, lo cierto es que no había podido determinar su origen. Ninguna de ambas posibilidades –ni la natural, ni la que afirma que eran producidos por el hombre– , han podido ser comprobadas jamás.

En el caso de que se tratara de un fenómeno natural probablemente fuese provocado por cambios de temperatura y por la evaporación del agua que, al pasar a través de las fisuras, habría producido aquellos misteriosos sonidos. Por el contrario, si detrás del fenómeno se encontraba la mano del hombre, no se explica por qué los sonidos cesaron después de la reconstrucción romana.

Los colosos egipcios de Memnón (1846), óleo del austriaco Hubert Sattler (1817-1904). Museo de Salzburgo, Austria. (Public Domain)

Los colosos egipcios de Memnón (1846), óleo del austriaco Hubert Sattler (1817-1904). Museo de Salzburgo, Austria. ( Public Domain )

Durante los siglos XVIII y XIX, se recogieron algunos testimonios de viajeros que afirmaban haber vuelto a escuchar los extraños sonidos, aunque ninguno de dichos informes resultó ser totalmente convincente.

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Si bien hay quien podría pensar que poseemos ya un conocimiento profundo sobre el tema, pensamos que aún existen infinidad de enigmas y misterios que necesitan ser estudiados.

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Nuestro objetivo es ir más allá de las teorías, y presentando una evaluación precisa de la investigación actual, resaltamos y ofrecemos puntos de vista alternativos a las declaraciones de la ciencia y arqueología convencionales.

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