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Restaurada en Pompeya lavandería de hace 2.000 años junto con otros cinco edificios

En Pompeya, la antigua y bien conservada ciudad romana arrasada por una nube de gas volcánico y sepultada a continuación bajo las cenizas en el 79 d. C., los expertos han restaurado y abierto al público varios edificios, entre ellos una lavandería pública en la que antiguamente se lavaba la ropa con orina.

Estos edificios presentan coloridos frescos pintados en sus paredes y mosaicos en sus suelos, con variados motivos como pájaros, flores, jarrones y otras escenas diversas. Algunos de los edificios quedaron dañados tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

La restauración de estos seis edificios ha costado unos 105 millones de euros (en torno a 115 millones de dólares). La Unión Europea se había comprometido a financiar la restauración de Pompeya con millones de euros, y el gobierno italiano también ofreció una cantidad algo menor, pero las disputas entre los burócratas y la mala gestión provocaron que solamente una fracción de este dinero se hubiera invertido en octubre del 2015, cuando ya se acercaban las fechas de vencimiento de los plazos programados. Fue entonces cuando los restauradores empezarón a trabajar contra reloj para evitar perder la subvención.

Las Naciones Unidas habían amenazado con retirarle a Pompeya el título de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, pero esta amenaza parece haber remitido, ya que el gobierno italiano, representado en este caso por el arqueólogo Massimo Osanna, ha conseguido revertir la situación en solo dos años al poner en marcha este nuevo proyecto.

Una antigua lavandería

La lavandería, cuya antigüedad se calcula en unos 2.000 años, disponía de grandes cubetas o bañeras para lavar la ropa. También tenía pilas de piedra para aplicar tintes y una prensa utilizada para planchar la ropa. La gente de la época recogía orina en los urinarios públicos y la empleaba para eliminar manchas especialmente difíciles. Los pompeyanos secaban su colada en la azotea de la lavandería tendiendo su ropa al sol.

Pompeya fue una floreciente ciudad romana que acabó sepultada por las cenizas volcánicas. Se cree que muchos de sus habitantes lograron escapar de la erupción del Vesubio, aunque los cuerpos de algunos pompeyanos y muchos edificios, incluido este gran teatro, se conservaron bajo las cenizas. (Fotografía: Radomił/Wikimedia Commons)

Pompeya fue una floreciente ciudad romana que acabó sepultada por las cenizas volcánicas. Se cree que muchos de sus habitantes lograron escapar de la erupción del Vesubio, aunque los cuerpos de algunos pompeyanos y muchos edificios, incluido este gran teatro, se conservaron bajo las cenizas. (Fotografía: Radomił/Wikimedia Commons)

Lujosas villas pompeyanas

Como podemos leer en este artículo de The Telegraph, otro edificio que se abrió al público el día de Navidad fue la Casa del Criptopórtico, una lujosa villa con jardines que también ha sido restaurada. La antigua vivienda dispone de cuatro baños termales con revestimiento de estuco y mosaicos. El nombre de Criptopórtico proviene del largo corredor cubierto de la casa. Tiene grandes ventanas que permiten que la luz llegue hasta una sala de estar adyacente.

Otras cuatro viviendas se abrieron también al público estas Navidades, la Casa de Paquio Próculo, la Casa del Sacerdos Amandus, la Casa de Fabio Amandio y la Casa del Efebo.

Pompeya, la ciudad congelada en el tiempo

Pompeya, la ciudad congelada en el tiempo por una erupción del Vesubio en el año 79 d. C., había sido puesta bajo la protección del gobierno italiano con la intención de preservarla de la degradación provocada tanto por los elementos como por saqueadores, entre ellos posiblemente también miembros del grupo de crimen organizado de la región, la Camorra napolitana, como ya informó este mismo año Ancient Origins. Numerosos proyectos de construcción y restauración se encuentran ahora en marcha en la antigua ciudad romana.

La restauración de esta antigua ciudad se estaba llevando a cabo con un presupuesto de 130 millones de euros (143 millones de dólares), que también se invirtió en producir una exposición de moldes de yeso de algunos de los cuerpos de las víctimas de Pompeya petrificados en los últimos instantes de su vida. Muchas obras de arte, estatuas, frescos y papiros se conservaron gracias a la erupción volcánica que cubrió la ciudad de cenizas. Pompeya recibió 2,7 millones de visitantes en el año 2014.

Pompeya fue una floreciente ciudad Romana desde el siglo VI a. C. hasta que la erupción del Vesubio la congeló en el tiempo, conservándola a lo largo de los siglos gracias a las capas de ceniza escupidas por el volcán. Aunque Pompeya fue inicialmente redescubierta a finales del siglo XVI, solo empezó a ser excavada adecuadamente en el siglo XVIII.

Los excavadores del siglo XVI se sobresaltaron por los sexualmente explícitos frescos que estaban desenterrando, bastante escandalosos para las sensibilidades de los ciudadanos de la Italia de la época, así que rápidamente volvieron a cubrirlos con tierra.

Uno de los frescos sexualmente explícitos que sorprendió a los descubridores de Pompeya a finales del siglo XVI (Fotografía: Fer.filo/Wikimedia Commons)

Uno de los frescos sexualmente explícitos que sorprendió a los descubridores de Pompeya a finales del siglo XVI (Fotografía: Fer.filo/Wikimedia Commons)

Cuando se reanudaron las excavaciones casi dos siglos más tarde, los arqueólogos encontraron la ciudad prácticamente intacta – había barras de pan aún en el horno, y se descubrieron cuerpos de hombres, mujeres, niños y animales petrificados en sus últimos momentos, con el miedo aún reflejado en sus rostros. Restos de comida seguían ignorados sobre el pavimento después de muchos siglos. El impresionante descubrimiento significaba que los investigadores podrían reconstruir con exactitud cómo era la vida de los antiguos romanos en Pompeya – la comida que comían, los trabajos que realizaban y las casas en las que vivían.

Imagen de portada: Las paredes de esta lavandería de la antigua Pompeya quedaron dañadas por bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. (Fotografía: D’Auria)

Autor: Mark Miller

Traducción: Rafa García

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

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