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Ancient Origins España y Latinoamérica

Antiguos enterramientos en California: una forma macabra de honrar a los muertos

Las diferentes culturas miran a la muerte de muy diversas formas. Una comunidad de California de hace entre 3.000 y 4.000 años honraba a sus difuntos en algunos casos enterrándolos decapitados, o en otras ocasiones acompañándolos de los cráneos o las tapas de los sesos de los que parecen ser sus parientes o ancestros fallecidos, según afirma un investigador de la Universidad de California-Davis.

El profesor Jelmer W. Eerkens, arqueólogo experto en la California prehistórica, lo asimila a la práctica moderna de conservar las cenizas de los seres queridos tras haber sido incinerados, o sus fotos. “Pero en algunas culturas, lo que guardaban eran los huesos de sus ancestros,” declara el Dr. Eerkens a Western Digs.

El lugar en el que se llevaron a cabo estos enterramientos es Marsh Creek, cerca de Brentwood, unos 70 kilómetros (45 millas) al este de Oakland. En el transcurso de las obras que se estaban realizando para un proyecto de construcción en el año 2002, fueron descubiertos unos 500 enterramientos, fuegos para cocinar, utensilios para preparar la comida y otras herramientas. Los arqueólogos han determinado que algunos de los hallazgos se remontan a hace más de 7.000 años.

Sin embargo, los enterramientos de 130 de estos individuos, según la datación llevada a cabo mediante carbono-14, son del período comprendido entre hace 3.000 y 4.000 años. Siete de estos enterramientos contenían restos de individuos sin sus cabezas. Entre ellos había dos hombres, dos mujeres y tres cuyo sexo no se pudo determinar. Ocho de los enterramientos incluían, además de los esqueletos completos, un cráneo adicional junto a ellos. De estos individuos, dos eran mujeres, cuatro hombres y los otros dos de sexo indeterminado. 

En dos de los enterramientos, de hombres adultos con una edad en torno a los cuarenta años, había en el interior de las tumbas sendas coronillas o tapas de las sesos que quizás se habían utilizado como recipientes. Una de ellas había sido manufacturada a partir del cráneo de un adolescente, y estaba pulida y pintada con ocre rojo.

Guardar los huesos de los difuntos era aún más común en Europa que en la California prehistórica, o al menos lo fue hasta por lo menos el siglo XVIII. Como ejemplo tenemos las osamentas y calaveras de los ‘Mártires de Otranto’ en la catedral de Otranto, Italia. (Andrea Marutti/Flickr)

Ninguno de los esqueletos mostraba señal alguna de violencia pre-mortem, como heridas con puntas afiladas o fracturas de cráneo, lesiones comunes en otros enterramientos prehistóricos de California. Este mismo mes, el propio Dr. Eerkens habló a Ancient Origins de un estudio en el que se analizaron más de 16.000 esqueletos de Nativos Americanos enterrados a lo largo de un período de 2.500 años. El estudio demostró que aproximadamente 1 de cada 15 individuos del centro de California en este período de la prehistoria había sufrido algún tipo de herida por armas punzantes, generalmente flechas o lanzas, o había sido golpeado con algún objeto contundente en la cabeza. Una proporción mucho más alta que la de la Europa Medieval, añadió Eerkens.

Entre los hallazgos realizados en Marsh Creek se encuentra esta casa de piedra de hace 7.000 años. (Foto: John Marsh Historic Trust/Wikimedia Commons)

“En líneas generales, parece haber una tasa de violencia bastante baja en este lugar, mucho más baja que en otras localizaciones más recientes en el tiempo,” declaró el Dr. Eerkens a Ancient Origins en un e-mail. “Nótese que no estamos diciendo que las gentes que habitaran en Marsh Creek fueran absolutamente pacíficas, sino que la tasa de violencia era mucho más baja hace entre 3.000 y 4.000 años que hace entre 2.500 y 200. Nos referimos a que algunas de las pruebas anteriores, que se han utilizado para sugerir que había altas tasas de violencia en Marsh Creek, como los cuerpos sin cabeza y los cráneos adicionales enterrados junto a los restos, no tienen por qué tener su origen, de hecho, en acontecimientos violentos. Creemos por el contrario que estas calaveras adicionales y cuerpos decapitados estarían más bien relacionados con prácticas funerarias y de culto a los antepasados, no con actos violentos. Eso es al menos lo que nuestros muy estables datos de isótopos (obtenidos a partir de los restos de los individuos) sugieren.”

Eerkens y su equipo han planteado la posibilidad de que las cabezas de algunos individuos que habrían sufrido una muerte prematura anterior a la de sus hijos, fueran depositadas en las tumbas de los niños posteriormente. Dos de los enterramientos con cráneos adicionales presentan señales de una caída en el nivel de nitrógeno a una temprana edad, quizás provocada por un destete brusco. Los investigadores especulan con la posibilidad de que se hubieran reunido, por así decirlo, con las cabezas de sus madres tras su muerte.

Dos de los cuerpos fueron enterrados junto con la parte superior de otros cráneos, debidamente seccionada (Imagen cortesía de Jelmer W. Eerkens)

El Dr. Eerkens y su equipo, del que forma parte Ramona Garibay, miembro de las tribus Ohlone descendientes de los pueblos prehistóricos que se están estudiando en la actualidad, publicaron los resultados de sus descubrimientos en la revista American Antiquity.

Hasta ahora, los investigadores habían dado por hecho que los restos de estos quince individuos constituían trofeos de guerra de algún tipo, una práctica habitual en la California de la prehistoria.

Sin embargo, esta suposición parece ahora improbable. El Dr. Eerkens y su equipo han analizado los contenidos de estroncio y nitrógeno presentes en los restos de 200 individuos enterrados en el lugar. Basándose en las cantidades de estroncio, que el cuerpo humano absorbe del agua, los científicos pueden averiguar aproximadamente dónde se ha criado un individuo. Por ejemplo, alguien que viviera en una zona con un alto contenido de estroncio en el agua tendrá niveles de estroncio más altos que quien hubiera vivido en una zona con agua de bajo contenido en estroncio. Por su parte, las cantidades de nitrógeno pueden aportar pistas acerca del tipo de alimentos que formaban parte de la dieta de un individuo.

El Dr. Eerkens comparó el contenido de estroncio presente en los dientes de los individuos enterrados con el de los cráneos que les acompañaban y el de los huesos de los cadáveres decapitados, descubriendo que en todos los casos la firma de estroncio (la “huella” dejada por este elemento) era muy similar. De lo que se deduce que probablemente todos ellos vivieran en la misma zona de Marsh Creek, según podemos leer en Western Digs. Los individuos enterrados de esta forma tan macabra mantenían probablemente relaciones de amistad o incluso parentesco con aquellos que les enterraron.

“Los datos están mucho más en consonancia con un posible culto a los antepasados, en el que en ocasiones los recuerdos se transformaban en objetos y se conservaban como tales — recipientes, en este caso, aunque tenemos también ejemplos de flautas o silbatos [hechos a partir de huesos humanos] en otros casos,” explica el Dr. Eerkens a Western Digs. “Estos objetos probablemente se utilizaran en rituales para recordar a los muertos. Algunos individuos se enterraban más tarde junto con estos elementos, u otros restos de alguno de sus antepasados o familiares.”

Las gentes de Marsh Creek, según creen los investigadores, eran cazadores-recolectores que habitaban en un lugar, en pequeños asentamientos, durante un año entero. Vivían de pequeños animales que cazaban, semillas, pescado y bellotas.

Imagen de portada: El equipo arqueológico, del que forma parte una probable descendiente del pueblo de la California prehistórica que está siendo estudiado, recreó uno de los enterramientos en esta imagen. (Cortesía de Jelmer W. Eerkens)

Autor: Mark Miller

Traducción: Rafa García

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.