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portada: Dientes humanos procedentes de la cueva de Qesem. Imagen: Profesor Israel Hershkovitz, Universidad de Tel Aviv

Antiguos dientes aportan pruebas de polución provocada por el hombre en Israel hace 400.000 años

Un equipo multinacional de investigadores ha descubierto el primer caso de polución provocada por el hombre en una cueva de Israel. La prueba de esto se encontró en la placa dental endurecida de piezas dentales de hace 400.000 años, que se había impregnado de irritantes respiratorios, incluidos rastros de carbón — contaminación ambiental provocada por el hombre.  

La cueva de Qesem – un tesoro arqueológico

Phys.org informa de que investigadores de la Universidad de Tel Aviv, en colaboración con especialistas de España, el Reino Unido y Australia, descubrieron los dientes fosilizados en las cuevas de Qesem en Tel Aviv, un yacimiento arqueológico del Paleolítico Inferior que estuvo ocupado por humanos primitivos y en el que ya se han hallado miles de fósiles y utensilios como hojas, cuchillos y láminas de piedra, martillos y hachas de mano también de piedra y huesos procedentes de 4.740 animales como venados, uros, caballos, cerdos, cabras, tortugas y rinocerontes.

Cueva de Qesem cerca de Tel Aviv (Wikimedia Commons)

Cueva de Qesem cerca de Tel Aviv (Wikimedia Commons)

La prueba más antigua de uso habitual del fuego

La Cueva de Qesem también nos ha brindado uno de los ejemplos más antiguos de uso habitual del fuego por parte de los primeros humanos, como prueban las grandes cantidades de huesos quemados, pedazos de tierra calentados, depósitos de cenizas y, lo más significativo, un hogar para el fuego de hace 300.000 años en el centro de la cueva. Un análisis de este hogar ha revelado que fue utilizado repetidamente a lo largo del tiempo.

Aunque los científicos calculan que los antiguos humanos empezaron a utilizar el fuego hace más de un millón de años, no está claro a partir de qué momento su uso se convirtió en algo habitual, por ejemplo, para cocinar las comidas de cada día. Los hallazgos de la cueva de Qesem confirman que por lo menos se estuvo empleando desde hace tanto como 300.000 años.

Diorama que muestra a antiguos cavernícolas en el Museo Nacional de Historia Mongola de Ulan Bator, Mongolia (Wikimedia Commons)

El dominio del fuego por parte de los primeros humanos. Diorama que muestra a antiguos cavernícolas en el Museo Nacional de Historia Mongola de Ulan Bator, Mongolia. (Wikimedia Commons)

La polución más antigua provocada por el hombre

El reciente descubrimiento de los dientes fosilizados revela ahora que estos antiguos humanos respiraban un aire empobrecido a causa de su uso habitual del fuego, probablemente sin una ventilación adecuada de la cueva.

El nuevo estudio, publicado en Quaternary International (Internacional del Cuaternario), analizó los cálculos acumulados en los dientes fosilizados. La placa dental endurecida, que según dijeron los investigadores servía como “cápsula del tiempo”, estaba notablemente bien conservada como resultado de que la cueva había estado sellada durante 200.000 años.

Atrapados en el interior del cálculo, los científicos encontraron rastros de carbón procedentes de las hogueras encendidas en el interior de la cueva.

“Ésta es una prueba de que la primera barbacoa bajo techo del mundo tuvo consecuencias negativas para la salud de sus participantes,” afirma el profesor Barkai de la Universidad de Tel Aviv. “Las gentes que vivieron en Qesem no solo disfrutaron de los beneficios del fuego—asar la carne dentro de casa—sino que también tuvieron que buscar la forma de controlar el fuego—de convivir con él.”

“Este es uno de los primeros casos, si no el primero, de polución provocada por el hombre del planeta… el progreso tiene un precio—y aquí hemos encontrado posiblemente la primera prueba de ello, en la Cueva de Qesem, hace 400.000 años,” añadió.

Esta polución ambiental inhalada bien pudo tener un efecto negativo en la salud de estos primitivos humanos.

Imagen de portada: Dientes humanos procedentes de la cueva de Qesem. Imagen: Profesor Israel Hershkovitz, Universidad de Tel Aviv

Autor: April Holloway

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

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