Portada - Principal: Reconstrucción de Numancia (CC by 3.0). Detalle: Guerreros celtíberos abren brecha en la empalizada construida por los romanos en torno a Numancia. (weaponsandwarfare)

La defensa de Numancia: una trágica historia de valor y sacrificio

La historia de Numancia es la emblemática narración del valeroso combate de un pueblo nativo ibérico en una batalla que tuvo lugar en una pequeña población peninsular en el año 134 a. C. Enfrentados los numantinos a una poderosa legión romana, ni siquiera su bien construido poblado fortificado pudo salvarles de encontrar la muerte en el filo de una espada romana.

Numancia es el poblado fortificado (‘castro’) en el que tuvo lugar esta devastadora batalla, un asentamiento que se remonta a la Edad del Hierro. Se encuentra en la localidad de Garray, en la provincia española de Soria, y lo conocemos gracias a los escritos del autor e historiador romano Plinio el Viejo. Plinio escribe que el poblado pertenecía a los pelendones, formados posiblemente por una mezcla de ilirios y celtas. Sin embargo, según los historiadores griegos Ptolomeo y Estrabón, Numancia pertenecía a la tribu de los Arévacos, que serían una combinación de celtas e iberos nativos. Los investigadores actuales creen que pelendones y arévacos estaban emparentados. En cualquier caso, quienesquiera que fueran, los habitantes de Numancia se convirtieron en protagonistas de la trágica historia de una aplastante derrota a manos de los romanos.  

La política del Imperio romano antes del asedio final

La idea de conquistar la península ibérica era un antiguo anhelo del Imperio romano desde tiempos inmemoriales: una región rica en tierras fértiles para la agricultura y otros valiosos recursos que podría aportar un impulso vital a la economía de un imperio en expansión. Por otro lado, el control del sur de Iberia permitiría al Imperio controlar el acceso al Mar Mediterráneo, ‘centro del mundo’ en la antigüedad.  

Territorio ocupado por el pueblo celtíbero con las probables localizaciones de sus subgrupos. (Public Domain)

Territorio ocupado por el pueblo celtíbero con la probable distribución de sus diferentes subgrupos. ( Public Domain )

Antes de derrotar a los guerreros celtiberos guarnecidos en el castro de Numancia, los ejércitos romanos tuvieron que afrontar varias derrotas a lo largo de la campaña. Cuando en el año 137 a. C. el cónsul romano Hostilio Mancino llegó a tierras numantinas para asumir el mando, fue presa del pánico ante los rumores sobre las fuerzas enemigas, y según las crónicas una de las noches mandó apagar las hogueras del campamento e intentó huir con sus tropas. Los generales del ejército romano destacado en esta región recibieron la orden de volver a Roma para debatir la situación en Hispania. Según la web de la Universidad de Chicago:

El Senado era escéptico ante esta reanudación de las hostilidades sin mediar provocación, y solicitó saber por qué “después de tantos desastres como habían sufrido en Hispania, Emilio (Lépido) parecía buscar otra guerra.” Escasos de víveres, los romanos se vieron obligados a retirarse y realizaron un intento desesperado de levantar el campamento y escabullirse al abrigo de la oscuridad. “Era tanta la confusión que lo dejaron todo tras ellos, incluso los enfermos y heridos, que se aferraban a ellos suplicándoles que no les abandonaran.” Solo un eclipse de luna salvó a los romanos de la persecución. Lépido fue apartado del mando cuando aún estaba en campaña (la primera vez que se producía una destitución de estas características) y fue vergonzosamente reclamado desde Roma.

Guerreros celtíberos atacan una fortificación romana. (weaponsandwarfare)

Guerreros celtíberos atacan una fortificación romana. ( weaponsandwarfare)

En el transcurso de las conversaciones, Mancino señaló que el cónsul Quinto Pompeyo, sucesor de Quinto Cecilio Metelo Macedónico al mando de la campaña numantina, era uno de los culpables del desastre. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por evadir su responsabilidad, el senado decretó que Mancino fuera enviado de nuevo a Hispania y entregado simbólicamente a los numantinos desnudo y atado. Éstos, no obstante, se negaron a aceptarlo como prisionero. Sería el principio del fin para Numancia.

Se desconoce hasta qué punto son precisos los documentos históricos que informan sobre el número de tropas romanas destinadas a la conquista de Numancia – a menudo no lo son. La crónica más entusiasta sugiere que había un total de 60.000 soldados, pero muy probablemente se trate de una exageración. De cualquier manera, lo que sí podemos afirmar con seguridad es que los habitantes del castro numantino jamás tuvieron la oportunidad de salir victoriosos de la batalla. Como mucho podían rezar por una muerte rápida. Los investigadores de la Universidad de Chicago continúan con su exposición:

Claramente, la situación se había vuelto insostenible. Hubo más combates sin un claro ganador hasta que en el 134 a. C. “cansado el pueblo romano de esta guerra numantina, prolongada y dura más allá de toda expectativa,” eligió a Escipión Emiliano para acabar la guerra, con una dispensa especial que le permitió ser cónsul por segunda vez. Escipión había destruido Cartago doce años atrás y, habiendo aprendido de los errores de sus predecesores, tomó consigo únicamente a amigos y voluntarios, entre ellos (posiblemente) el historiador griego Polibio, cuyo relato de la guerra numantina, perdido en la actualidad, fue utilizado por Apiano para escribir su propia versión de los hechos. Una crónica en la que se cita a Polibio afirmando que el valor de los celtíberos era tal que “los jóvenes evitaban enrolarse aduciendo excusas realmente vergonzosas, indignas e imposibles de comprobar” (XXXV.4).''

Los valientes numantinos

El comandante de las tropas romanas era el general Escipión Emiliano Africano, héroe de la Tercera Guerra Púnica. El ejército de Escipión instaló dos campamentos en las cercanías de las murallas de la ciudad, habitada aproximadamente por unas 4.000 personas. El general sabía que los ciudadanos de Numancia no debían ser subestimados y podían ser enemigos muy peligrosos.

‘Numancia’, óleo de Alejo Vera Estaca (1881). (Public Domain)

‘Numancia’, óleo de Alejo Vera Estaca (1881). ( Public Domain )

Cuentan que los numantinos lucharon con la valentía de los leones y la fuerza de los elefantes. Sin embargo, con el paso del tiempo los defensores sufrieron un fuerte desgaste y no pudieron seguir resistiendo a los asaltantes romanos. Su más famoso guerrero, Retógenes, intentó sin éxito conseguir ayuda de las tribus vecinas.

El asedio se prolongó durante meses, entre ocho y dieciséis aproximadamente, y con el paso del tiempo los defensores de Numancia empezaron a sufrir a causa de la escasez de alimentos, hasta el punto que según algunas crónicas algunos de ellos se vieron obligados a recurrir al canibalismo, aunque no es posible verificar este hecho. El jefe de la tribu intentó negociar con Escipión, aunque sin éxito. Era evidente que después de muchas décadas los valerosos arévacos tendrían que rendirse. Muchos de ellos decidieron suicidarse antes que convertirse en esclavos de los romanos. Se desconoce cuántos numantinos sobrevivieron finalmente.  

Para el año 133 a. C., el asedio y la historia de los valientes numantinos habían tocado a su fin. Numancia fue destruida y sus ruinas se desvanecieron de las páginas de la historia. Para los romanos el lugar se había convertido en un importante enclave estratégico, pero jamás volvió a poblarse de nuevo.

Jarra de tres picos (siglo I a. C.), Museo Numantino. (Public Domain)

Jarra de tres picos (siglo I a. C.), Museo Numantino. ( Public Domain )

La sombra de Numancia

Después de casi 2.000 años, las ruinas de Numancia fueron finalmente descubiertas por Eduardo Saavedra en 1860, y 22 años más tarde fueron declaradas monumento nacional. El poblado fortificado fue desenterrado en el transcurso de las excavaciones que llevó a cabo Adolf Schulten entre los años 1903 y 1912, revelándose que los antiguos cronistas estaban realmente en lo cierto cuando describieron las formas irregulares de las viviendas de este asentamiento.

Cruce de calles en las ruinas de Numancia. (CC BY 2.5)

Cruce de calles en las ruinas de Numancia. ( CC BY 2.5 )

El antiguo poblado fortificado se convirtió en un símbolo de resistencia heroica para muchas generaciones de españoles, y aún en la actualidad se utilizan las expresiones ‘resistencia numantina’ o ‘defensa numantina’ para referirse a un acto de tenaz resistencia final desesperado y suicida. El Museo Numantino de la ciudad de Soria ofrece al visitante la posibilidad de contemplar los últimos vestigios de los valientes defensores de Numancia.

Imagen de portada: Principal: Reconstrucción de Numancia ( CC by 3.0 ). Detalle: Guerreros celtíberos asaltan la empalizada construida por los romanos en torno a Numancia. ( weaponsandwarfare)

Autor: Natalia Klimczak

Este artículo fue publicado originalmente en www.ancient-origins.net y ha sido traducido con permiso.

 

Fuentes:

Lawrence Keppie, Professor Lawrence Keppie The Making of the Roman Army: From Republic to Empire, 2002.

The Celtiberian War , disponible en:
http://penelope.uchicago.edu/~grout/encyclopaedia_romana/hispania/celtiberianwar.html

New Model Legion. The archaeology of Roman camps at Numantia , disponible en:
https://www.academia.edu/2058522/New_Model_Legion._The_archaeology_of_Roman_camps_at_Numantia

The siege of Numantia: how Scipio Aemilianus conquered the bravest of all cities , Duncan B. Campbell, disponible en:
https://www.academia.edu/987374/The_siege_of_Numantia_how_Scipio_Aemilianus_conquered_the_bravest_of_all_cities

Rethinking Numantia (Soria, Spain): A Chronological Review of the Stratigraphic Sequence and the Celtiberian Pottery , Sergio A. Quintero Cabello, Raquel Liceras-Garrido, Alfredo Jimeno Martínez, y Antonio Chaín Galán, disponible en:
https://www.academia.edu/15469192/Rethinking_Numantia_Soria_Spain_A_Chronological_Review_of_the_Stratigraphic_Sequence_and_the_Celtiberian_Pottery

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