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Ancient Origins España y Latinoamérica

Huellas de las pezuñas del Diablo sobre la nieve

El 9 de Febrero de 1855, los habitantes del condado de Devon, en Inglaterra, quedaron perplejos cuando al despertar se encontraron con un extraño rastro sobre la nieve—huellas distintas a las de cualquier animal que hubieran podido ver hasta entonces. Grupos de gentes venidas de numerosos pueblos en un área de 40 a 100 millas a la redonda siguieron los rastros, y la curiosidad acabó convirtiéndose en una creciente sensación de espanto y terror.

Las huellas, con una longitud de 4 a 5 pulgadas (10 a 12.70 cm) y forma de pezuña hendida, subían por las paredes, cruzaban los tejados y atravesaban objetos de un lado a otro de forma inexplicable. Parecían hundirse tan poco en la nieve, que casi era como si estuvieran calientes y hubieran abrasado el suelo a su paso. En ciertos lugares, el rastro parecía desaparecer, para reaparecer un poco más allá, como si la criatura que había dejado las huellas hubiera volado por ese corto trecho. Las filas únicas de huellas daban a entender que se trataba de un bípedo.

En algunos pueblos, parecía que el autor de las huellas hubiera visitado casi cada casa.

¿Fue algún animal? ¿Un caso de histeria colectiva? ¿Un truco realizado por algún travieso bromista? ¿Fue, como muchos creyeron, el mismísimo Diablo? Nadie lo sabe con certeza. Echemos un vistazo a los datos, las pruebas, y las posibilidades.

El Papa Silvestre II y el Diablo, ilustración del Cod. Pal. germ. 137, Folio 216v Martinus Oppaviensis, Chronicon pontificum et imperatorum (public domain)

La investigación moderna más exhaustiva de las llamadas huellas del Diablo la emprendió Mike Dash, director de la revista Fortean Times. Recopiló todos los documentos importantes disponibles, incluidas algunas reproducciones de las huellas realizadas por testigos, los datos recogidos por el Reverendo H.T. Ellacombe, vicario de la parroquia de Clyst St. George en East Devon de 1850 a 1885, artículos de periódicos de la época, y otros.

Dibujo de las “Huellas del Diablo” obra del Sr. D’Urban de Clyst St. Mary en Devon, Inglaterra, reproducido en el Illustrated London News.

Otro dibujo de las “Huellas del Diablo”, incluido en los documentos recogidos por el Reverendo H.T. Ellacomb, vicario de la parroquia de Clyst St. George en Devon, Inglaterra, de 1850 a 1885.

Dibujo de las “Huellas del Diablo” obra de G.M.M. de Whitecombs Raleigh, Exmouth, Devon, Inglaterra, reproducido en el Illustrated London News

Dibujo de las “Huellas del Diablo” enviado en una carta del Reverendo G.M. Musgrave de Exmouth, East Devon, incluido en los documentos recopilados por el Reverendo H.T. Ellacombe.

El investigador Mike Dash escribió en un artículo titulado “The Devil’s Hoofmarks”:”En general parece que hay una considerable  mayoría de personas que podríamos esperar que estuviesen familiarizadas con todo tipo de rastros dejados por la fauna local, que estaban desconcertadas, y en muchos casos atemorizadas, por estos rastros y por los lugares en los que los habían encontrado.”

Reverendo H.T. Ellacombe (1790–1885)

No obstante, sí que parece que al menos algunas de las huellas atribuidas al Diablo parecen haber sido obra de algún animal. La noche del 8 de Febrero fue extraordinariamente fría. Pero se dice que tuvo lugar un deshielo en medio de esta noche. La nieve se derritió un poco, y luego se volvió a congelar cuando las temperaturas bajaron de nuevo. Este fenómeno puede deformar las huellas de los animales, y algunas de ellas pudieron haberlas dejado liebres al ir saltando (las dos patas traseras dejan huellas que pueden confundirse con una fila única de pezuñas hendidas), o algún otro pequeño animal. Según consta se vieron marcas de garras en algunas de las huellas, sugiriendo patas de pequeños animales en lugar de pezuñas. En uno de los testimonios, las huellas atravesaron una tubería de desagüe de 6 pulgadas (unos 15 cm) de diámetro. Pero algunas de las huellas parecen desafiar esta posible explicación, y podría haber ocurrido que huellas animales habituales fueran analizadas en algún caso junto con otras de una naturaleza más misteriosa.

En Exmouth, ciudad portuaria del distrito de East Devon, un testigo de nombre W. Courthope Forman explicó: “Las huellas llegaban hasta el jardín delantero hasta quedarse a unos pocos pies de la casa, desaparecían bruscamente, y aparecían de nuevo por detrás a pocos pies del edificio.” Otros hicieron comentarios similares sobre huellas atravesando muros del jardín y otros objetos. En uno de los casos, las huellas se paraban a un lado de un gran montón de heno y seguían por el otro, sin dejar rastro alguno en su parte superior de que algo lo hubiera cruzado por encima. Dash escribió: “Sin duda el problema a la hora de valorar todos los testimonios sobre huellas encontradas en lugares extraños es la ausencia de una descripción detallada de su situación precisa.”

Una “Pezuña del Diablo” en el Puente de Broadfleet, en Pilling (Wikimedia Commons)

Los testigos Reverendos J.J. Rowe y R.H. Busk relatan la forma en la que siguieron los rastros acompañados de perros de caza. Según dijeron, “Al final del rastro, en un bosque, los perros dieron media vuelta aullando aterrorizados.” Al respecto, afirmó Rowe: “El episodio de los perros… lo recuerdo bien y con claridad.” Otro hombre que siguió las huellas encontró un sapo al final del rastro, aunque parece muy dudoso que un sapo fuera capaz de dejar semejantes marcas.

Se encontraron huellas similares en otras dos regiones ese mismo invierno.

Otros Avistamientos de “Huellas del Diablo”

En Marzo de 1855 se observaron también estas huellas en Inverness, Escocia. Un naturalista de la localidad descartó que fueran huellas de liebre o turón, según información publicada en el Inverness Courier en aquellos días.

En Enero de 1855, cerca de Wolverhampton, Inglaterra, unas 200 millas al norte de Devon, se dijo que habían aparecido huellas de pezuñas sobre paredes verticales y tejados de los bares. Según Dash, Elizabeth Brown, dueña del Lion pub de esta región, explicó en una reunión pública que “su negocio era frecuentado principalmente por trabajadores de las canteras y para ellos estos rastros no eran nada nuevo. Marcas similares serían vistas grabadas a fuego sobre la roca de Pearl Quarry, en la colina de Timmins Hill.”

Esto nos lleva de nuevo a los testimonios de que las huellas parecían haber sido “marcadas a fuego” sobre la nieve.

Se han dado otras descripciones similares. En el número de Primavera de 1957 de Tomorrow, a Quarterly Review of Psychical Research, (“El Mañana, Revista Trimestral de Investigaciones Físicas”), el antropólogo y físico investigador Eric Dingwall informaba de un caso de este tipo. Un hombre de negocios de nombre Mr. Wilson descubrió inquietantes huellas en la playa de Devon en 1950. Parecían ser huellas de pezuñas, aunque no hendidas. El tramo que cubría su zancada era de unos 6 pies (1,80 metros) —en un claro contraste con las pequeñas zancadas de 1855 que sólo estaban separadas por unas 8-12 pulgadas (20-30 cm)—y se dio cuenta, según escribió Dingwall, “de que no había arena removida en sus bordes: parecía como si cada una de las marcas hubiera sido cortada y extraída de la arena con una plancha de hierro.”

Dingwall continuó: “Se dio cuenta de lo absolutamente inexplicables que resultaban estas huellas. Ya que aquí teníamos un bípedo dejando un rastro de huellas con forma de pezuña, que empezaba inmediatamente por debajo de un acantilado perpendicular en una playa cerrada y acababan en el mar. No había señales de que el rastro volviera de ahí.” Dingwall preguntó a Wilson si era posible que el animal, o lo que fuera que había dejado las huellas, girase a derecha o izquierda dentro del mar y después regresara a la orilla en algún otro punto. “Pero Mr. Wilson realizó fotografías que mostraban que la playa era un espacio comparativamente estrecho completamente encerrado por promontorios rocosos a ambos lados.”

En invierno de 1957, Lynda Hanson observó huellas de pezuñas en el jardín de sus padres. En una carta enviada al director de Fortean Times, Bob Rickard, escribió que había nevado una pulgada (2,5 cm) durante la noche y que las vio por la mañana, “con forma de pezuña hendida, de 4 pulgadas (10 cm) de ancho, separadas aproximadamente 12 pulgadas (30 cm), seguían una línea recta y acababan justo en medio del jardín.”

La autora de la carta también decía que podía verse el suelo de cemento seco allá donde había huellas, a diferencia de las huellas animales o humanas normales, que dejan una marca de nieve comprimida.

En el año 2009, la funcionaria retirada del gobierno local de North Devon Jill Wade encontró al despertarse huellas en su patio, de unas 5 pulgadas (12,7 cm) de largo, con una zancada de entre 11 y 17 pulgadas (28-43 cm). Inmediatamente llamó a expertos para que lo investigaran. El zoólogo Graham Inglis explicó al Telegraph: “Esta es ciertamente la primera vez que me encuentro con algo así. Las huellas son peculiares, pero no las dejó el diablo… Personalmente, creo que pertenecen a un conejo o liebre pero es verdad que a raíz de ellas se ha desatado una fuerte polémica entre académicos.”

Otras posibles explicaciones para las huellas de Devon—como un canguro que se hubiera escapado de un zoológico, una cadena que arrastrara de un globo meteorológico y otras—se han sugerido y posteriormente descartado o considerado improbables desde diversos puntos de vista. Por inverosímiles que algunas explicaciones puedan parecer, es difícil probar o refutar a la mayoría de ellas con certeza. Lo que está claro es que algo extraño ocurrió en Devon, Inglaterra, durante la noche del 8 de Febrero de 1855.

Imagen de Portada: Ilustración de Gustave Doré para la obra Paraíso Perdido, libro IX, 179–187, el Diablo aparece dibujado con pezuñas hendidas (Wikimedia Commons)

Autor: Tara MacIsaacEpoch Times 

El artículo ‘Devil’s Hoofprints Spotted in the Snow?’ fue publicado originalmente en  The Epoch Times y ha sido republicado y traducido con permiso.