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Ancient Origins España y Latinoamérica

Antiguos manuales de medicina: ¿Fuente de nuevos avances médicos?

El descubrimiento que ganó el más reciente Premio Nobel de Medicina no habría sido una gran revelación para los médicos de la antigua China. La química farmacéutica Tu Youyou determinó que la artemisinina podía utilizarse como tratamiento para la malaria a principios de los 70. Pero la planta de la que procede este compuesto químico, Artemisia annua L. (ajenjo dulce), ya se empleaba para tratar las fiebres, quizás provocadas por la malaria, en épocas tan antiguas como los siglos III o IV de nuestra era.

Tu descubrió las propiedades de la artemisinina (qinghaosu en chino) después de leer textos chinos tradicionales que databan de esa época (siglos III-IV) y contenían numerosas recetas de preparados con hierbas medicinales. El camino hasta llegar a este descubrimiento y su difusión no fue fácil debido a las dificultades de buscar, recoger y analizar cientos de muestras de plantas con el clima político que se respiraba en la China de los años 70. Afortunadamente, la persistencia dio sus frutos y la artemisinina es a día de hoy un medicamento esencial en la lucha contra la malaria.

Aunque esta historia pueda parecer algo poco común en la medicina moderna, la artemisinina está lejos de ser el único compuesto empleado a día de hoy que derivó de un principio activo de origen vegetal. Por ejemplo, otro tratamiento contra la malaria, la quinina, procede de la corteza de un árbol de la selva amazónica Cinchona officinalis L. La analgésica morfina se obtiene de la amapola del opio o adormidera Papaver somniferum L. Y la venenosa estricnina procede del árbol Strychnos nux-vomica L. Estas plantas se han utilizado durante siglos o incluso milenios, antes de que los farmacéuticos consiguieran aislar sus principios más activos.

De modo que, ¿podemos esperar descubrir nuevos remedios gracias al estudio de antiguos textos médicos, como Tu consiguió con tanto éxito? La respuesta a esta pregunta es compleja, y desgraciadamente no puede ser un claro y rotundo “sí”. Los antiguos textos farmacológicos, ya estén escritos en chino, árabe o griego (o en cualquier otra lengua antigua) no son fáciles de consultar por diversas razones.

Tu Youyou desarrolló un tratamiento contra la malaria después de consultar antiguos textos chinos tradicionales (South China Morning Post)

Antiguos libros de cocina

Estos textos farmacológicos normalmente se presentan como una serie de recetas sin demasiada información acerca de si cada remedio en concreto se empleaba o no. Pensemos por un momento en nuestro libro de cocina favorito: probablemente no prepararemos todas sus recetas, y si no realizamos anotaciones en sus páginas nadie sabrá cuáles llegamos a probar y cuánto nos gustaron (o no). Rara vez encontramos anotaciones en los antiguos textos farmacológicos.

A menudo es difícil saber con exactitud qué plantas aparecen el la lista de ingredientes de una antigua receta. A día de hoy, la nomenclatura botánica de Linneo se emplea en todo el mundo para referirse a las plantas, adjudicándosele a cada una de ellas un género y un nombre de especie, así como el nombre de un autor. Por ejemplo, en “Artemisia annua L.”, “Artemisia” se refiere al género, “annua” a la especie y “L” a Linneo, el famoso botánico sueco.

Pero antes de que el sistema de Linneo fuese ampliamente aceptado, la nomenclatura de las plantas era muy variable y diversos nombres comunes se utilizaban para referirse a la misma planta. Esto significa que no siempre es posible saber con certeza a qué plantas se hace referencia en los textos antiguos. Si no podemos traducir con precisión estas antiguas recetas, ¿cómo podemos evaluar su eficacia?

Las definiciones de las enfermedades van ligadas a las culturas. Esto significa que cada cultura definirá sus enfermedades de forma diferente. Por ejemplo, los griegos y los romanos consideraban la fiebre una enfermedad, mientras que en la actualidad la conceptuamos solamente como síntoma de una enfermedad.  

En los textos médicos griegos y romanos encontramos muchas descripciones de “fiebres intermitentes”, fiebres que remiten y se vuelven a dar en pocos días. A día de hoy sabemos que las fiebres intermitentes son uno de los síntomas de la malaria, pero también son síntoma de otras enfermedades. ¿Deberían entonces los científicos probar todos los antiguos remedios para las “fiebres intermitentes” en su búsqueda de nuevos medicamentos antimalaria?

Libro de recetas de hace 1.000 años con tratamientos medicinales, el Kitab al-tabikh escrito por Ibn Sayyar al-Warraq. Foto: Biblioteca Nacional de Finlandia.

Medicina Holística

Quizás lo que destaca como más importante en esta cuestión es que los historiadores de la medicina creen que todo sistema médico debe ser entendido como un todo. Esto significa que, desde el punto de vista de un historiador, resulta problemático centrarse solamente en aspectos de la antigua medicina que ya han sido resueltos por la ciencia moderna y rechazar el resto como poco interesantes.

Aunque hay muchas antiguas medicinas que son efectivas desde un punto de vista moderno, muchas otras son francamente peligrosas. Por ejemplo, a muy pocos de nosotros se nos ocurriría purgarnos de una enfermedad por medio de una sobredosis de eléboro, como hacían los griegos a menudo.

Con todas estas premisas en mente, aún se puede argumentar que hay mucho potencial para el descubrimiento de nuevos medicamentos en los antiguos textos médicos. Esta investigación requerirá de colaboraciones entre farmacólogos, historiadores y etno-farmacólogos (profesionales que estudian la medicina tradicional empleada por los diferentes grupos étnicos), y  demostrará ser un gran desafío ya que cada uno de estos especialistas tendrá la sensación de estar hablando un lenguaje diferente. Pero el maravilloso ejemplo de Tu Youyou deberá recordarnos que la recompensa puede ser muy elevada, especialmente cuando nos lleve a la consecución de avances y descubrimientos en la lucha contra enfermedades tan extendidas.

Imagen de portada: Tratado de cinco volúmenes sobre cuestiones médicas obra de Dioscórides y titulado De Materia Medica, Bizancio, siglo XV. (World Imaging/Wikimedia Commons).

El artículo ‘Could ancient textbooks be the source of the next medical breakthrough?’ obra de Laurence Totelin fue publicado originalmente en The Conversation y ha sido republicado y traducido bajo una Licencia de Creative Commons.