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La Necrópolis de los Guerreros y los Dioses: Las Ancestrales Estatuas de San Agustín, Colombia

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La necrópolis más grande del mundo se encuentra en el Parque Arqueológico de San Agustín, al sudoeste de los Andes, en Colombia.

Es un lugar rebosante de dioses, animales míticos, y héroes, que acoge la colección de restos de monumentos religiosos en piedra y esculturas megalíticas más grande de Sudamérica. Este parque se ubica en los municipios de San Agustín e Isnos, en el departamento de Huila, Colombia. Catalogado como Patrimonio Mundial de la UNESCO, abarca San Agustín, el Alto de los Ídolos y el Alto de Las Piedras. Tal vez sea conocido, sobre todo, por sus impresionantes estatuas de piedra, cifradas, actualmente, en 600.

San Agustín se halla a, aproximadamente, 400 kilómetros (249 millas) al sudoeste de la capital de Colombia, Bogotá. Esta población, que cubre un área de 2000 kilómetros cuadrados (772 millas cuadradas), está situada en el macizo colombiano a una altitud de 1800 metros (5906 pies) por encima del nivel del mar. Se ha sugerido que entre los años 3300 a. C. y 600 a. C., la agricultura no se conocía aún en la región de San Agustín. Aunque la sociedad que habitaba este área sí que poseía una rudimentaria tecnología lítica consistente en herramientas de lascas de piedra basáltica. Por lo tanto, es posible que algunas de las estatuas pétreas más antiguas de San Agustín fueran talladas durante este período de ocupación de la zona.

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Algunas de las estatuas de piedra del Parque Arqueológico de San Agustín. Esta concretamente se describe como una tumba con una deidad. Los guerreros y sus alter egos actúan como pilares de la tumba. Wikimedia Commons

Al final del período pre-agrícola, en San Agustín se instaló una nueva sociedad. Esta nueva cultura cultivó maíz y tal y como se cree, vivían formando grupos poco numerosos encabezados por un jefe. La presencia de esta sociedad en San Agustín quedó reflejada en sus tumbas de eje vertical, llenas de sencillos objetos funerarios. Se ha sugerido que esta cultura sólo duró hasta los siglos III o II a. C.

La llamada 'cultura Agustiniana' habría surgido durante el siglo I d. C. y su existencia se prolongaría hasta el siglo VIII d. C. Durante este período tuvo lugar un repunte del arte monumental lítico y muchas de las actuales estatuas de piedra de San Agustín fueron talladas por miembros de la cultura Agustiniana.

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Un águila agarrando a una serpiente con su pico y garras. Wikimedia Commons

Uno de los factores que contribuyeron a la prosperidad del arte lítico fue la consolidación social y la concentración de poder en manos de los jefes. Esto quería decir que el trabajo  podía ser organizado con eficacia para producir un enorme número de estatuas de piedra. Y la inversa: la capacidad de organización del trabajo para la producción de estas estatuas también habría permitido a algunos jefes concentrar el poder en sus manos. Las estatuas talladas por la cultura agustiniana incluían figuras humanas, animales, deidades y monstruos, midiendo la mayor de ellas 7 metros (23 pies) de alto. Entre las más famosas se encuentran un guerrero con dos cuerpos y una cabeza (conocido como el 'Doble de sí mismo') y otra con una figura entregando a un neonato, conocida como el Partero .

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Figura megalítica del Parque Arqueológico de San Agustín. Wikimedia Commons

Antes del siglo VIII d. C., la cultura agustiniana llegó a su fin, como evidencia el abandono de los trabajos monumentales y el cese de la talla de estatuas. Una nueva cultura se instaló en el área durante el siglo XI d. C. y de nuevo la abandonaron hacia el año 1.350.

San Agustín sólo fue descubierto de nuevo durante los siglos XVIII y XIX. La descripción más antigua que se conoce de este lugar se halla en una obra del siglo XVIII titulada "Maravillas de la Naturaleza". Fue escrita en 1771 por un monje español con el nombre de Juan de Santa Gertrudis, que había sido enviado como misionero a Sudamérica. En sus escritos, el misionero declaró su convicción de que las estatuas habían sido talladas por el Diablo para advertir a los habitantes del país de la llegada de los misioneros españoles. Considerando la oscuridad de la cultura que creó estas estatuas, se han expuesto también varias teorías al respecto, incluida una que defiende que prueban la existencia de visitantes extraterrestres. Los arqueólogos, sin embargo, están generalmente de acuerdo en que estas estatuas se empleaban en un contexto funerario, y en que actuaban como guardianes de los muertos. 

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