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Dieta de Cerebros Humanos Ayudó a una Tribu de Papúa-Nueva Guinea a Resistir las Enfermedades

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La investigación realizada sobre una tribu de Papúa-Nueva Guinea que se consideraba infame en el pasado por alimentarse de cerebros humanos como parte de sus elaborados ritos funerarios, ha proporcionado una mejor comprensión del desarrollo de la enfermedad de las vacas locas y otros trastornos similares.

Científicos de Gran Bretaña y Papúa-Nueva Guinea han estudiado a miembros de la tribu Fore y han descubierto que su dieta, que en el pasado incluía cerebros humanos en los funerales de sus parientes, les ayudó a desarrollar una resistencia genética a la enfermedad llamada kuru, similar a la famosa ‘enfermedad de las vacas locas’. La investigación también podría resultar útil en el desarrollo de nuevos tratamientos para las enfermedades “priónicas”, incluidos trastornos como el Parkinson y la demencia.

El Kuru empezó a ser conocido en el resto del mundo después de que un oficial médico del distrito que trabajaba en Nueva Guinea observara que las gentes de la tribu Fore, que habitan en las tierras altas de Papúa-Nueva Guinea, estaban siendo atacadas por una enfermedad debilitante misteriosa y mortal. Las víctimas de esta enfermedad inicialmente perdían la facultad de caminar, y a esto le seguía la incapacidad de tragar o incluso masticar. A su vez, esto provocaba una gran pérdida de peso y finalmente, la muerte. Esta enfermedad era llamada por los miembros de la tribu ‘kuru’, que significa “temblar de miedo”. En su peor momento, la enfermedad llegó a causar la muerte de alrededor del 2% de los miembros de la tribu al año.

Comedores de Cerebros-Canibales-Miembros de la tribu Fore de Papúa-Nueva Guinea

Miembros de la tribu Fore de Papúa-Nueva Guinea ( genealogyreligion.net)

La tribu Fore practicaba ritos funerarios que incluían banquetes en los que los hombres comían carne de sus parientes fallecidos mientras que las mujeres se comían su cerebro. El ritual se entendía como una muestra de respeto por sus seres queridos, pero la tribu ignoraba que una mortífera molécula que habita en los cerebros humanos puede causar la muerte si se ingiere.

A día de hoy se sabe que el “kuru” solo es una de las varias enfermedades provocadas por las proteínas llamadas ‘priones’ que tienen la capacidad de reproducirse y volverse infecciosas. Esto ocurre generalmente bajo dos de sus formas, las llamadas PrP-sen y PrP-res. Los priones son fabricados de forma natural por el cuerpo de todo ser humano, pero también pueden transformarse de tal manera que se vuelvan contra su portador. Esto provoca que el prión transformado actúe de manera parecida a un virus, atacando al cuerpo e incluso afectando a otros priones cercanos. Estos otros priones pueden llegar a imitar su comportamiento, extendiéndose así la enfermedad por todo el cuerpo.

La enfermedad priónica mejor conocida de los tiempos modernos es la de las “vacas locas”, cuya denominación correcta es encefalopatía espongiforme bovina (EEB) y que se detectó por vez primera en el ganado en los años 80. Se identificó como su causa la alimentación por parte de las reses a base de piensos de origen animal cuya elaboración incluía cerebros de ovejas infectadas con una enfermedad llamada “tembladera”, en inglés scrapie. El brote de EEB provocó en 1986 el sacrificio de cientos de animales. También produjo agitación en Europa y otros continentes. Para el año 1988 ya se había diagnosticado la enfermedad a 421 animales y en 1989 el gobierno de Estados Unidos prohibió la importación de reses, ovejas y cabras vivas procedentes de los países afectados por esta enfermedad.

De manera aún más preocupante, a principio de la década de los 90 empezaron a morir gatos domésticos que se habían alimentado con pienso que incluía carne de vacas infectadas de EEB. Cinco antílopes de zoos británicos murieron también, después de haber sido alimentados con pienso comercial para ganado. En el año 1993, 120.000 animales habían sido diagnosticados con EEB. Esto provocó que el gobierno británico prohibiese alimentar al ganado con piensos elaborados con carne y huesos de otros animales así como la utilización de este producto en fertilizantes para granjas. A pesar de estas medidas, en 1995 Stephen Churchill, de 19 años fue una de las tres personas que murió de una variante de la enfermedad de Creutzfeld-Jacob (ECJ), una nueva versión de una enfermedad que ya existía, también provocada por priones. Para el año 1996 el número de víctimas humanas en Gran Bretaña se había elevado a 42, y 45 millones de cabezas de ganado habían sido sacrificadas. Al empezar a morir seres humanos por la enfermedad, Japón prohibió la importación de piensos británicos de origen animal, y los Estados Unidos la importación de carne de vacuno británica. Los casos de EEB se siguieron dando en animales hasta el 2012, aunque la incidencia de la enfermedad ya había disminuido considerablemente para entonces.

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