Portada-Baños romanos de Bath, Inglaterra (CC BY 2.5)

Los antiguos romanos no eran tan limpios como creíamos hasta ahora

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Antes de la llegada de los romanos, Grecia era la única región de Europa en la que se utilizaban retretes. Pero en el momento de máximo esplendor del Imperio Romano, en el siglo III d. C., los romanos ya habían introducido el saneamiento en gran parte de sus dominios, que se extendían por Europa occidental y meridional, el Próximo Oriente y el norte de África. Sus impresionantes tecnologías incluían amplias letrinas públicas con numerosos asientos, alcantarillas, agua limpia en acueductos, elegantes baños públicos para lavarse, y leyes que requerían que las ciudades limpiaran los desperdicios de sus calles. ¿Pero hasta qué punto eran efectivas estas medidas a la hora de mejorar la salud de su población?

Modernas investigaciones clínicas han demostrado que el uso del retrete y el consumo de agua limpia disminuyen el riesgo de contraer infecciones gastrointestinales provocadas por bacterias, virus o parásitos. Deberíamos, por tanto, esperar que este aspecto de la salubridad mejoraría bajo el dominio de los romanos en comparación con la situación de la Europa de la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, épocas en las que estas tecnologías de saneamiento aún no existían. De forma similar, podemos también esperar que ectoparásitos como pulgas y piojos del cuerpo se habrían vuelto menos comunes con la introducción del hábito de bañarse regularmente y la higiene personal.

En un estudio sobre parasitología que he publicado recientemente , he reunido todas las pruebas arqueológicas posibles de parásitos intestinales y ectoparásitos del mundo romano a fin de evaluar el impacto de las tecnologías de saneamiento de los romanos y sus efectos sobre la salud de la población. El estudio compara las especies de parásitos presentes en épocas anteriores a la época romana, en la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, y también tras la desaparición del Imperio Romano, a principios de la época medieval.

Antiguas letrinas públicas romanas, Ostia Antica. (Public Domain)

Antiguas letrinas públicas romanas, Ostia Antica. ( Public Domain )

Me encontré con varios descubrimientos sorprendentes. Inesperadamente, tras la llegada de los romanos no disminuyó la transmisión de parásitos provocada por un saneamiento deficiente. De hecho, la incidencia de parásitos como el tricocéfalo, la ascáride y las infecciones por disentería se incrementó gradualmente durante la época romana en lugar de disminuir como se esperaba. Esto sugiere que las tecnologías romanas de saneamiento, como las letrinas, alcantarillas y suministro de agua limpia, podrían no haber sido tan efectivas como creíamos en un principio a la hora de mejorar la salud gastrointestinal.

Huevo de tricocéfalo. (CC BY-SA 3.0)

Huevo de tricocéfalo. ( CC BY-SA 3.0 )

Es posible que los beneficios que se esperaban como resultado de la aplicación de estas tecnologías fueran contrarrestados por los efectos de las leyes que requerían que los desperdicios de las calles fueran retirados de las ciudades. Textos de la época romana mencionan cómo los excrementos humanos se empleaban para fertilizar los cultivos en los campos, de modo que los huevos de parásitos procedentes de las heces humanas habrían contaminado estos productos y provocado contagios e infecciones en las poblaciones que se alimentaran de ellos.

El segundo descubrimiento sorprendente fue que no había señales de disminución en la cantidad de ectoparásitos tras la introducción de instalaciones de baños públicos para facilitar la higiene corporal a la población. El análisis del número de pulgas y piojos en York, al norte de Inglaterra, dio como resultado un número de parásitos en los estratos de suelo de la época romana similar al que había en los estratos de las épocas vikinga y medieval. Ya que las poblaciones medievales y vikingas de York no se bañaban regularmente, cabría esperar que los baños romanos hubiesen conseguido reducir el número de parásitos hallados en la York romana, pero no fue así. Esto sugiere que los baños romanos no implicaban un claro efecto beneficioso para la salud en lo referente a ectoparásitos.

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