Portada - ‘El castigo de las Danaides’ (1785), óleo de Martin Johann Schmidt. (Public Domain)

Las terribles Danaides: 49 princesas asesinas de los mitos griegos

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Los antiguos griegos no tenían ningún reparo en pintar a las mujeres de su mitología como asesinas. De entre ellas, las más letales fueron sin duda las Danaides, las cincuenta princesas cuyos crímenes las condenaron a castigos dignos de Sísifo en el Inframundo. Pero, ¿hasta qué punto eran tan malvadas como para que el poeta Horacio se refiriese a estas traviesas muchachas como “la infame semilla de Dánao”?

Los linajes reales de la mitología griega

La historia da comienzo, como en la mayor parte de los mitos griegos, con una genealogía. Dánao y su hermano gemelo Egipto formaban parte de una de las más ilustres familias de la mitología griega, según el Pseudo-Apolodoro. De este linaje nacieron Perseo, Heracles y Argos, el guardián de muchos ojos.

Todo empezó cuando el dios-río Ínaco tuvo una hija, Ío, sacerdotisa de Hera en Argos; Zeus se enamoró perdidamente de ella, la raptó y la convirtió en vaca para protegerla de la que había sido su divina señora, Hera. Por supuesto, Ío se quedó embarazada, y tras ser perseguida por un tábano enviado por Hera, dio a luz en Egipto a un niño al que puso de nombre Épafo.

Juno (Hera) descubre a Júpiter (Zeus) con Ío. (Pieter Lastman, 1618)

Juno (Hera) descubre a Júpiter (Zeus) con Ío. (Pieter Lastman, 1618)

Finalmente, Épafo llegó a ser rey de Egipto (buena definición de cómo apropiarnos de los mitos de otras culturas para hacer nuestra esa cultura). Tuvo una hija, Libia, que dio su nombre a una nación. De Poseidón, Libia tuvo dos gemelos: Agenor y Belo. Es posible que conozcan a Agenor por sus ilustres descendientes; Pseudo-Apolodoro afirma apasionadamente de él que, “Agenor partió a Fenicia y reinó allá, convirtiéndose así en el ancestro del gran linaje,” del que formarían parte Europa (madre del rey Minos) y Cadmo (fundador de Tebas y antepasado de Edipo). Belo, sin embargo, se quedó por Egipto y tuvo dos hijos gemelos: Dánao, padre de las Danaides, y Egipto, cuyo nombre otorgarían posteriormente Homero y compañía al antiguo reino de los faraones. 

Las hijas de Dánao

Siendo adultos, Dánao y Egipto se enzarzaron en una lucha terrible. “Al haber discutido más tarde por cuestiones relacionadas con su reino, Dánao temía a los hijos de Egipto” comenta el Pseudo-Apolodoro. De modo que Dánao reunió a sus hijas y huyó con ellas a Grecia, refugiándose en su ciudad ancestral de Argos.

Pero los cincuenta hijos de Egipto le siguieron, suplicando a su tío que les perdonase—y que les concediera las manos de sus hijas como sus futuras esposas. A Dánao no le gustaba la idea, pero nos podemos imaginar cómo un rey nuevo en el trono puede hacer uso de cincuenta yernos reales. Aquellos jóvenes también le ayudarían a defender su reino. De modo que accedió a casar sus cincuenta hijas con sus cincuenta sobrinos… aparentemente. Dánao asignó a cada uno de sus sobrinos una de sus hijas, y dio asimismo a cada una de ellas una daga para que asesinaran a sus sospechosos maridos en la noche de bodas. ¿Pero por qué habrían de hacer algo así?

Las Danaides dan muerte a sus maridos. (Public Domain)

Las Danaides dan muerte a sus maridos. ( Public Domain )

El crimen de las Danaides

En la tragedia de Esquilo Las suplicantes, en la cual el Coro está compuesto por Danaides, consideradas bárbaras egipcias, las mujeres justifican su violencia afirmando que deseaban evitar “un pecaminoso matrimonio con los hijos de Egipto.” Las Danaides exclaman en la obra que estaban “aterrorizadas” por estos hombres, señalando que sus primos eran orgullosos, lascivos y en general no muy dignos de confianza.

Los Egiptidas no eran virtuosos griegos, afirman las Danaides, sino hombres violentos, impíos y codiciosos. En la obra, el Coro juzga estos matrimonios entre primos y primas como pecaminosos, aunque Dánao consigue persuadir a sus hijas para que se casen con la intención de forjar una alianza con sus sobrinos: al fin y al cabo habían salido en persecución tanto de él como de sus hijas, y lo último que quería Dánao era una guerra.  

“Lo que siguió es de todos conocido: el crimen que cometieron las hijas de Dánao al asesinar a sus primos,” recuerda el antiguo escritor y viajero Pausanias. De hecho en este crimen todas las Danaides menos una asesinaron a sus maridos antes de consumar su matrimonio.

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