Portada-La Dama de Shalott, óleo de John William Waterhouse (Wikipedia)

La leyenda artúrica de Elaine de Astolat, la Dama de Shalott

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Elaine la Justa, Dama de Shalott, llega hasta nosotros a través de la leyenda Artúrica aparentemente con un solo propósito: amar a Lanzarote y, al hacerlo, revelar la imperecedera pasión de éste por la reina de Camelot, Ginebra. Sin embargo, el gran número de versiones de su historia a lo largo del tiempo, que al parecer se inician con la novela del siglo XIII Il Novellino , obra del autor Italiano Masuccio Salernitano, ponen de manifiesto que su relato es mucho más profundo. Más allá de resaltar el amor de Lanzarote por Ginebra, Elaine representa además la pureza Artúrica, el honor y el poder que puede ejercer una mujer al sentirse herida.

La versión más popular de la historia de Elaine fue escrita en el siglo XV por el autor Inglés Sir Thomas Malory, que no inventó la historia sino que se limitó a combinar un gran número de diferentes relatos Artúricos de amor y de honor en el extenso texto, Le Morte d'Arthur (“La Muerte de Arturo”). En la versión de Sir Malory, el lector conoce a Elaine en el decimoctavo libro de la novela, justo después de la búsqueda del Santo Grial, o Sangreal como lo llama Malory.

Aunque el Libro 18 de Le Morte d'Arthur no empieza con Elaine, se le ofrece al lector un breve resumen de las peripecias de Lanzarote desde el final de su gesta, resaltando en especial que ha reanudado su relación con la Reina Ginebra, y que el Rey Arturo está de hecho sospechando de ambos. Para evitar ser descubierto, Lanzarote se muestra esquivo con Ginebra, y esto provoca que la furiosa reina le destierre de Camelot. Tras una serie de incidentes en los que se nos muestra a Lanzarote participando en justas contra miembros de la corte del Rey Arturo, siempre bajo algún disfraz, se nos dice que Lanzarote viaja a la corte de Sir Bernard de Astolat y participa en nombre de Bernard en uno de los torneos de Arturo. Elaine, hija de Bernard, que solo ahora nos es presentada, queda prendada de él casi inmediatamente, y le solicita que lleve una prenda blanca en su honor en el torneo, a lo que él jamás habría accedido a causa de su amor infinito por la reina de Arturo. Pero esta vez, aunque oculto bajo su disfraz, acepta.

Lanzarote contemplando a Ginebra, a la que amó hasta sus últimos días, obra de Herbert James Draper, década de 1890. (Wikimedia Commons).

Lanzarote contemplando a Ginebra, a la que amó hasta sus últimos días, obra de Herbert James Draper, década de 1890. ( Wikimedia Commons ).

El torneo da comienzo y Lanzarote, como el ávido lector de historias Artúricas no se sorprenderá al descubrir, vence a los hombres de Arturo, pero resulta herido en el combate. Uno de los hijos de Bernardo, Lavaine, le lleva a un ermita para curarle, pero los acontecimientos se desarrollan de tal manera que Lanzarote acaba finalmente en los aposentos de Elaine, siendo atendido durante muchos días por ella hasta que recobra por completo su vitalidad. Ya recuperado, Lanzarote se dispone a marcharse, afligiendo terriblemente a la encandilada Elaine, que le ruega que la tome como esposa, o al menos que pase una noche con ella. Él rehúsa la oferta, pues su corazón pertenece a Ginebra, y abandona el castillo de Sir Bernard. Antes de que hayan pasado diez días, Elaine muere de tristeza.

Los hombres del Rey Arturo en un Torneo de Caballería .Imagen tomada de The Boy's King Arthur: "La lanza de Sir Mador se hizo pedazos, mas la del otro caballero resistió”. Obra de N.C.Wyeth. 1922. (Wikimedia Commons)

Los hombres del Rey Arturo en un Torneo de Caballería .Imagen tomada de The Boy's King Arthur: "La lanza de Sir Mador se hizo pedazos, mas la del otro caballero resistió”. Obra de N.C.Wyeth. 1922. ( Wikimedia Commons )

No obstante, la historia de la Dama no acaba con su muerte. Antes bien, Elaine había dejado a su familia instrucciones específicas acerca de cómo cuidar de su cadáver después de su fallecimiento. Les indicó que debían depositar su cuerpo inerte en una balsa con un lirio en una mano y una carta de su puño y letra en la otra, y abandonarla flotando a la deriva en el río Támesis. En este río, a su paso por Westminster, es descubierta por el Rey Arturo y su esposa la Reina Ginebra, y tras leer Lanzarote la carta, se da cuenta de que él fue la causa de su muerte. Arrasado por la culpa, paga un espléndido y costoso funeral para la muchacha, siendo más tarde, irónicamente, empujado de nuevo en brazos de Ginebra, quien, tras leer la carta de Elaine, descubre que Lanzarote se había mantenido fiel a su amor durante todo este tiempo después de su destierro. La historia de Elaine acaba aquí, con su entierro ante los hombres y mujeres de la corte de Arturo.

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