Portada-Detalle del óleo ‘El Jardín del Edén’, obra de Thomas Cole. Amon Carter Museum. (Public Domain)

¿Estaba en Asia el jardín del Edén?

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 “Tomó, pues, Dios al hombre, y lo puso en el jardín del Edén, para que lo labrara y lo guardase ”. (Génesis 2:15)

En el Edén todo era perfecto. El clima era benigno y los frutos de los árboles se hallaban al alcance de la mano. Era un vergel bañado por las aguas, donde el hombre no tenía más preocupación que pasear sobre la suave hierba, jugar con los animales, nadar en los estanques y divertirse con su compañera.

Un paraíso donde todos los días eran soleados y solamente existía la ocupación de cuidar de un jardín, en cuyo centro se alojaba un misterioso árbol de cuyas ramas colgaba un no menos misterioso fruto y en cuya deliciosa carne se hallaba la única prohibición que Dios había mandado a la primera pareja de humanos. Pero el hombre mordió el fruto y su desnudez se le hizo evidente. Entonces fue expulsado y el don de la inmortalidad le fue vetado para siempre.

Lejos, ya, de aquel paraíso terrenal, los descendientes de la primera pareja se esparcieron por el mundo adquiriendo nuevas costumbres y conocimientos, olvidando que aquel lugar donde sus ancestros habían vivido como dioses había existido alguna vez. O tal vez recordándolo, pero sin atreverse a regresar por temor a Dios.

La expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal (1426-1427), fresco obra del destacado artista renacentista Masaccio. El fresco se encuentra pintado sobre la pared de la Capilla Brancacci, en la iglesia de Santa María del Carmine de Florencia, Italia. (Public Domain)

La expulsión de Adán y Eva del Paraíso terrenal (1426-1427), fresco obra del destacado artista renacentista Masaccio. El fresco se encuentra pintado sobre la pared de la  Capilla Brancacci , en la  iglesia de Santa María del Carmine  de Florencia, Italia. ( Public Domain )

Pero el anhelo por el hogar primigenio no podía permanecer adormecido para siempre. Un día, el hombre sintió deseos de regresar y ver cómo era aquel prodigioso espacio en el que los padres de la humanidad habían pasado sus primeros días. Tomando como referencia algunos pasajes de textos antiguos, muchos exploradores se embarcaron en su búsqueda; mas los resultados, hasta hoy, siempre fueron inciertos. ¿Halló alguien el paraíso perdido? ¿Se encontraba en algún punto no explorado del planeta? ¿O fue una simple metáfora del comportamiento humano ante los senderos del bien y del mal?

Los mapas O-T y el Edén chino

En la Edad Media, una serie de curiosos mapamundi, confeccionados en su mayor parte por beatos y otros eruditos religiosos, comenzaron a circular por Europa. Dada su disposición elemental, en la que a primera vista una masa de agua en forma de “T” dividía en tres a una Tierra circular, estos mapas fueron conocidos como “O-T”.

Los mapas O-T  se hallaban cargados de referencias religiosas, indicando, por ejemplo, dónde se hallaban los descendientes de Noé. Pero uno de los detalles más llamativos de esta cartografía era que en casi todos ellos se mostraba, en el extremo norte, un sitio fácilmente identificable como el jardín del Edén.

Mapamundi de Hereford, c. 1300, Catedral de Hereford, Inglaterra. Clásico mapa T-O. (Public Domain)

Mapamundi de Hereford , c. 1300, Catedral de Hereford, Inglaterra. Clásico mapa T-O. ( Public Domain )

Situado ligeramente sobre la mitad oriental de Asia, un recuadro con los cuerpos o caras de Adán y Eva, a veces retratados junto a la serpiente engañadora, señalaban muy claramente a China como el lugar donde se hallaba el primer jardín de la humanidad.

Geografía bíblica

En más de una ocasión, distintos grupos de arqueólogos proclamaron haber hallado los “restos” del Jardín del Edén tras analizar fósiles de los más antiguos alimentos cultivados. Sin embargo, ninguno de estos hallazgos parece coincidir con la idea de un vergel divino como el que se nombra en las escrituras, lo que ha llevado a la mayoría de los estudiosos a buscar claves en los propios textos religiosos.

La referencia bíblica más sólida para ubicar el Edén puede hallarse en Génesis 2,10, donde se dice que allí se encontraba “un río que regaba el Jardín”, que se repartía en cuatro brazos. Estos brazos se llamaban Pisón, Guijón, Hidekel y Éufrates. Dos de los ríos nombrados, el  Éufrates y el Hidekel (más conocido como Tigris), discurren aún hoy por las tierras de Mesopotamia y Oriente Medio, atravesando e irrigando las regiones de Turquía, Siria e Iraq y desembocando juntos en el Golfo Pérsico. Este hecho ha llevado a que la mayoría de los investigadores centre su atención en este lugar a la hora de fundar nuevas teorías sobre la posible localización geográfica del Jardín del Edén.

Nuestra Misión

Ancient Origins pretende descubrir e investigar lo que creemos representa la parte más importante de los conocimientos que podemos lograr como seres humanos: nuestros orígenes.

Si bien hay quien podría pensar que poseemos ya un conocimiento profundo sobre el tema, pensamos que aún existen infinidad de enigmas y misterios que necesitan ser estudiados.

Por lo tanto, alentamos a una comunidad abierta dedicada a la investigación, la comprensión y explicación de los orígenes de la vida de nuestra especie en el planeta Tierra: organizamos, apoyamos y también financiamos los esfuerzos que van en esta dirección.

Nuestro objetivo es ir más allá de las teorías, y presentando una evaluación precisa de la investigación actual, resaltamos y ofrecemos puntos de vista alternativos a las declaraciones de la ciencia y arqueología convencionales.

Embárcate con nosotros en un viaje para explorar civilizaciones perdidas en el tiempo, antiguos lugares y hallazgos y misterios científicos inexplicables, mientras reconstruimos conjuntamente la historia de nuestros orígenes.

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