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Takht-e Soleyman: El Antiguo Trono del Rey Salomón en Irán

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Entre los siglos III y VII, la nación conocida hoy como Irán formaba parte del Imperio Sasánida, el gran rival de Roma en Oriente. Bajo este imperio el Zoroastrismo fue reconocido como religión oficial y numerosos santuarios zoroástricos fueron construidos por los gobernantes sasánidas como símbolo de su piedad. Uno de los más importantes de estos santuarios se erigió en el lugar conocido como Takht-e-Soleyman.

Takht-e-Soleyman (que significa ‘El Trono de Salomón’) se localiza al oeste de Azerbayán, en el extremo noroeste de Irán, en un valle situado a unos 2.000 m (6500ft) sobre el nivel del mar, rodeado de montañas. En medio del valle se eleva unos 60 m por encima de la llanura circundante, una plataforma de entre 350 y 550 m de altura. Sobre ella se asienta un lago alimentado por aguas subterráneas. Dichas aguas, saturadas de minerales, ni son potables ni pueden albergar vida alguna. A unos 3 km al oeste del lugar se alza un viejo volcán, llamado Zendan-e-Soleyman (que se traduce como ‘El Prisionero de Salomón’). Según cuenta una leyenda popular, el Rey Salomón solía encadenar a los monstruos en el interior del cráter, a unos 100 m de profundidad. Teniendo en cuenta lo maravilloso de este paisaje natural, no debe extrañar que Takht-e-Soleyman fuera percibido como un lugar místico para los antiguos habitantes de la zona.

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Las místicas ruinas de Takht-e-Soleyman, “Puerta de Salomón”. 2005. Foto por: Ahadagha ( en.wikipedia.org)

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Zendan-e-Soleyman, 2006, foto by: Ahadagha ( en.wikipedia.org)

La región de Takht-e-Soleyman era considerada sagrada. Dicha condición ya era reconocida allí, antes incluso de la llegada de los sasánidas. Alrededor del área Zendan-e-Soleyman han sido descubiertas ruinas de templos y lugares santos. Estos restos de construcciones han sido datados en el primer milenio a. C. y están relacionados con los Manas,  que dominaban la región entre los siglos IX y VII  a. C. El cráter volcánico estuvo en el pasado lleno de agua (pero más tarde se desecó) circunstancia que, probablemente, atrajo a los Manas para construir sus templos y lugares santos allí.

Con la llegada de los sasánidas a la región, a lo largo del siglo V, Zendan-e-Soleyman perdió importancia en favor de Takht-e-Soleyman. Hacia la mitad de ese mismo siglo, durante el reinado de Peroz, dio comienzo la construcción del lugar. Durante el siglo siguiente, durante los reinados de Khosraw I y Khosraw II, fue construido en Takht-e-Soleyman un santuario real zoroástrico. Este santuario se convirtió en uno de los más importantes del Zoroastrismo albergando en su interior el Adur Gusnasp : fuego sagrado de la orden más alta y uno de los tres grandes fuegos que el Zoroastrismo creía existentes desde el alba de la creación. Los sasánidas también edificaron en Takht-e-Soleyman un templo al culto de Anahita, una poderosa diosa asociada con el agua.

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Hermosa pintura de los sasánidas en la que podemos observar la habilidad de Bahram Gur con el arco, circa 1430, artista Maulana Azhar,  imagen de dominio público del Met Museum. ( Wikimedia Commons )

Para defender este espacio religioso tan importante, los Sasánidas levantaron a su alrededor un muro de 13 metros de alto (42 ft), con 38 torres y dos entradas -una al norte y otra al sur-. Sin embargo, estas defensas no fueron suficientes para rechazar al ejército bizantino que atacó el lugar como venganza por la incursión sasánida en su territorio. Por consiguiente, Takht-e-Soleyman fue destruido en el año 627. Los siglos posteriores fueron tranquilos para Takht-e-Soleyman, que se convirtió en una población formada por campesinos. Sólo en el siglo XIII, durante un breve período, recuperó algo de su gloria pasada.

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Hermosa fotografía de una simbólica talla zoroástrica, tomada bajo un impresionante cielo rojo, Farvahar. Persépolis, Irán. Fotografía tomada por Roodiparse, 2008.  ( en.wikipedia.org)

Para entonces, el Imperio Sasánida ya hacía mucho tiempo que había desaparecido y la región se hallaba bajo el control del  Ilkhanate, perteneciente al Imperio Mongol, pero que más tarde formaría estado propio. Durante el reinado del Kan Abaqa, segundo monarca mongol Ilkhanate, los campesinos que residían en Takht-e-Soleyman fueron expulsados y sobre las ruinas del antiguo santuario se construyó un palacio para el Kan. Además de nuevas estructuras, también se reconstruyeron algunas de las antiguas. Sin embargo, a mediados del siglo XIV, el lugar fue abandonado de nuevo tras el fallecimiento del Ilkhanate y la invasión Timurid. El lugar quedó en ruinas y olvidado para ser redescubierto en el siglo XIX. En el siglo XX se iniciaron trabajos arqueológicos en el lugar  y en el año 2003 Takht-e-Soleyman fue designada Patrimonio Mundial de la Humanidad.

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