Portada - La Cruzada de los Niños”, 1905 (Wikimedia Commons)

La Cruzada de los Niños: miles de niños marcharon a Tierra Santa para no volver

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La Cruzada de los Niños fue uno de los acontecimientos más extraordinarios acaecidos en la Europa medieval. En el año 1212, decenas de miles de niños desarmados, autoproclamándose “cruzados”, partieron del Norte de Francia y Alemania Occidental para reconquistar Jerusalén, por aquel entonces en manos de los musulmanes. Al no llegar a obtener en ningún momento la aprobación oficial de las autoridades de la época, la Cruzada así emprendida acabó en desastre. Ninguno de los niños llegó a Tierra Santa, se dice que muchos fueron vendidos como esclavos y miles de ellos no regresaron jamás.

Entre los siglos XI y XIII, los cristianos emprendieron siete Cruzadas desde Europa contra los musulmanes, que ocupaban por aquel entonces Tierra Santa. Además de estas campañas a gran escala encaminadas a reconquistar Jerusalén, la Iglesia Católica autorizó numerosas cruzadas de menor entidad contra sus enemigos. Entre ellas destacan la Cruzada Albigense (1208-1241), cuyo objetivo era erradicar la herejía Cátara del sur de Francia, y las Cruzadas Bálticas (1193–1290) dirigidas contra los paganos del norte de Europa. Aun así, el más extravagante episodio en la historia de las Cruzadas es, con toda probabilidad, la llamada “Cruzada de los Niños” que al parecer tuvo lugar en 1212. 

De acuerdo con una fuente del siglo XIII, la Chronica regia Coloniensis (‘Crónica Real de Colonia’), la Cruzada de los Niños dio comienzo en torno a la Pascua de Pentecostés de 1212:

Muchos miles de niños y muchachos, de edades que iban desde los seis años hasta la plena madurez, abandonaron sus carros y arados, sus rebaños y todo aquello que estuvieran haciendo en aquel momento para marchar a Tierra Santa. Eso hicieron pese a la voluntad de sus padres, parientes y amigos, que intentaban sin éxito que cejaran en su empeño. De repente, se veía a alguno correr detrás de otro para hacerse con la cruz. Y así, en grupos de veinte, cincuenta o cien, enarbolaban sus estandartes y partían con rumbo a Jerusalén.

“La partida: Episodio de la Cruzada de los Niños del siglo XIII”, óleo por Joanna Mary Boyce (Wikimedia Commons)

“La partida: Episodio de la Cruzada de los Niños del siglo XIII”, óleo por Joanna Mary Boyce ( Wikimedia Commons )

Los muchachos proclamaban que era la voluntad divina la que les empujaba a emprender esta Cruzada. No obstante, su expedición no mantuvo este entusiasmo hasta el final: “Algunos dieron media vuelta en Metz, otros en Piacenza, algunos incluso en Roma. Aun así los hubo que llegaron hasta Marsella, más se desconoce cómo acabaron o siquiera si se embarcaron con rumbo a Tierra Santa”. El autor finaliza su escrito con una nota lúgubre: “ Una cosa es segura: que de los muchos que partieron, muy pocos regresaron”.

Versiones más recientes de esta historia sugieren que hubo en realidad dos grupos diferentes de niños involucrados en esta Cruzada. El primero partió de Francia, y estaba dirigido por un joven campesino llamado Étienne de Cloyes, que aseguraba que Jesucristo se le había aparecido en un sueño y le había entregado una carta enviada desde los cielos.  Étienne reclutó un grupo de jóvenes seguidores en la ciudad de Vendôme, marchando después a Saint-Denis, en las afueras de París, donde pretendía comunicar el contenido de su “carta” al rey francés, Felipe II. El rey, sin embargo, no se mostró muy interesado en el joven cruzado. No se molestó siquiera en concederle audiencia y aconsejó a los “cruzados” que volvieran a sus casas. Aunque algunos de ellos siguieron el consejo, muchos otros les reemplazaron. Se dice que el grupo de Étienne llegó a contar con 30.000 niños y alcanzó Marsella, donde tenían pensado embarcarse para cruzar el Mediterráneo con rumbo a Tierra Santa.

"La Cruzada de los Niños”, grabado de Gustave Doré (Wikimedia Commons)

"La Cruzada de los Niños”, grabado de Gustave Doré ( Wikimedia Commons )

Al mismo tiempo otro “ejército” de niños cruzados se estaba formando en Alemania. Su líder era un muchacho de Colonia llamado Nicolas  y se tiene noticia de que atrajo en torno suyo a unos 50.000 seguidores. Al contrario que Étienne, Nicolas incluía un pequeño grupo de adultos en “su ejército”, aunque con toda probabilidad no estaban al mando. Estos cruzados atravesaron Alemania e Italia cruzando los Alpes, llegando hasta Roma donde fueron recibidos por el Papa . Éste elogió a los muchachos por su valor, pero también les dijo que eran demasiado jóvenes para comprometerse en semejante empresa. Con todo ello, la mayoría de los cruzados regresó a Alemania, aunque muchos murieron por el camino. Unos pocos jóvenes más decididos se embarcaron con rumbo a Tierra Santa, para después desaparecer por completo de la historia.

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