Portada - ‘La batalla de Actium, 2 de septiembre del 31 a. C.’, óleo de Laureys a Castro

La batalla naval de Actium: la derrota definitiva de Marco Antonio y Cleopatra

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La batalla de Actium fue una catástrofe para los sueños e ilusiones de Cleopatra VII y Marco Antonio. La famosa pareja creía estar bien preparada para enfrentarse al ejército combinado comandado por Octavio, pero los hechos acabarían por demostrar que estaban equivocados.

Los muy diversos números de las fuerzas en combate

Según algunos investigadores, las fuerzas de Octavio para esta batalla incluían 250 galeras, 16.000 infantes y 3.000 arqueros. En el bando opuesto, Cleopatra y Marco Antonio disponían de 290 galeras, 50 transportes, 20.000 infantes y 2.000 arqueros. Con estos números, resulta sorprendente a primera vista que las fuerzas de Cleopatra y Marco Antonio perdieran la batalla.

‘Marco Antonio y Cleopatra’, óleo de Lawrence Alma Tadema pintado en 1885. (Public Domain)

‘Marco Antonio y Cleopatra’, óleo de Lawrence Alma Tadema pintado en 1885. (Public Domain )

Según Plutarco, el ejército del que disponía la famosa pareja era aún mayor. El historiador escribe que sus fuerzas incluían no menos de 500 barcos, 100.000 legionarios e infantes y 12.000 hombres a caballo. Contarían asimismo con el apoyo de aliados: Boco de Libia, Tarcondemo de la Cilicia superior, Filadelfo de Paflagonia, Sadalas de Tracia, Mitrídates de Comagene y Arquelao de Capadocia. Plutarco sugiere que Octavio llegó a la batalla con solo 250 navíos, 80.000 hombres de a pie y 12.000 hombres a caballo.

En diversas fuentes podemos leer que la flota de Marco Antonio y Cleopatra contaba con 230 naves, 50.000 marineros y 115.000 soldados. Al mismo tiempo, Octavio habría navegado hacia el este con 100 barcos y 120.000 soldados. Antes de que diera comienzo la batalla de Actium, Agripa, hombre de confianza de Octavio, se unió a su flota con 300 galeras de guerra.

Estatua de un joven Octavio. (c. 30 a. C.) (Public Domain)

Estatua de un joven Octavio. (c. 30 a. C.) ( Public Domain )

Cuando los dos ejércitos se encontraron en el mar Jónico, cerca de la península de Actium, la magnitud de las fuerzas de las que disponía Octavio aterrorizó a Cleopatra. Aunque ella también parecía encontrarse bien preparada para la batalla, le preocupaba el hecho de que su propio ejército procediera de diversas naciones, y que por esta razón su lealtad no fuera tan firme como entre las filas de Octavio.

Por otro lado, la batalla podría haberse perdido por la decisión tomada por uno de los generales de Marco Antonio, Quinto Delio, justo antes de dar comienzo la batalla. Quinto Delio desertó y se pasó a las filas de Octavio, comunicándole todos los planes de Marco Antonio para la batalla al futuro emperador. Ni siquiera la impresionante experiencia en combate que atesoraba Marco Antonio fue suficiente para derrotar a las fuerzas de Octavio, asesorado asimismo por expertos consejeros.

Mapa de la batalla de Actium. (Future Perfect at Sunrise/CC BY SA 3.0)

Mapa de la batalla de Actium. (Future Perfect at Sunrise/CC BY SA 3.0 )

Una batalla que cambió el mundo

La batalla significó el principio del fin para Cleopatra y Marco Antonio. Marco Antonio se rindió el primero. Se sintió vencido por la ansiedad y perdió las ganas de vivir. Todas las descripciones conocidas de la batalla narran su desarrollo más como un culebrón que como un pulso entre líderes serios. Plutarco, por ejemplo, escribe sobre la batalla:

... Marco Antonio dejó bien claro a todo el mundo que no se sentía dominado por los sentimientos de un comandante ni por los de un hombre valeroso, ni siquiera por sí mismo, sino que como alguien dijo bromeando que el alma de un amante habitaba en el cuerpo del ser amado, se sentía él arrastrado por aquella mujer (Cleopatra) como si hubiera pasado a formar parte de ella, y debía ir allá donde ella fuera. Ya que apenas vio Marco Antonio el barco de su amada abandonando la formación se olvidó de todo lo demás, traicionó a sus hombres y huyó del lado de aquellos que estaban luchando y muriendo en su nombre. Marco Antonio se embarcó en un quinquerreme en el que Alexas el Sirio y Escelio eran sus únicos acompañantes, y salió en persecución de aquella mujer que ya le había arruinado y le arruinaría de forma aún más definitiva. Cleopatra le reconoció e izó una señal en su barco; de este modo, Marco Antonio alcanzó la nave de Cleopatra y fue recogido a bordo, pero no la vio ni fue visto por ella. En lugar de eso, caminó en solitario hasta la proa y se sentó en silencio, apoyando la cabeza entre sus manos.  

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