Portada-Celebración de un Auto de Fe en la Plaza Mayor de Lima. (Wikimedia Commons)

La Inquisición en América

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Tras el descubrimiento del Nuevo Mundo por parte de Cristóbal Colón, la principal preocupación de los Reyes Católicos era de carácter espiritual y práctico a la vez: proteger sus nuevos dominios de la ambición de sus vecinos europeos e instaurar en los territorios recién conquistados una renovada cristiandad. Por ello, ya en marzo del año 1493, consiguieron del Papa una bula por la que disponían del derecho de excluir de las Indias Occidentales a los extranjeros. En septiembre de ese mismo año, zarpó de Cádiz la segunda flota de Colón en la que ya viajaron doce religiosos y clérigos encabezados por el benedictino Bernardo Boyl (o Buil), quien disponía de plenos poderes, otorgados por la Santa Sede, en cuanto a tratar los asuntos de la fe. Junto a ellos se embarcaron alrededor de 1500 “cristianos viejos, ajenos de toda mala sospecha”.

El rey Fernando y el Cardenal Cisneros

Desde los primeros viajes existió, al menos de forma oficiosa, una Inquisición en América: la Inquisición ordinaria, propia de obispos y superiores eclesiásticos. Pero la defensa de la fe no siempre se compaginaba con la política de colonización y población. Así, en 1508, los procuradores de La Española suplicaban que se expulsara de la isla a todos los descendientes de judíos, moros y condenados por el Santo Oficio, pero Fernando el Católico -que se hallaba en plenas negociaciones financieras con conversos peninsulares- otorgó en 1511 el libre acceso a las Indias de todos los naturales de sus reinos.

Con autorización o sin ella pasaban, pues, al Nuevo Mundo muchos de los “prohibidos”. El comercio de licencias y testimonios falsos se volvió floreciente en Sevilla. Otros se embarcaban como miembros de las tripulaciones y luego se quedaban en América. En 1517, el Cardenal Cisneros , que asumió los cargos de Inquisidor General y de Regente, concedió a los prelados de Indias el poder de inquisidores apostólicos con todas sus prerrogativas, hasta la de llegar a relajar ( ejecutar) a los condenados. Los primeros en ejercer tal autoridad fueron el obispo Manso , en Puerto Rico (1520) y fray Pedro de Córdoba en La Española.

Retrato del Cardenal Cisneros, quien ordenó en 1517 que los obispos americanos cumplieran la función de inquisidores. (Wikimedia Commons)

Retrato del Cardenal Cisneros, quien ordenó en 1517 que los obispos americanos cumplieran la función de inquisidores. ( Wikimedia Commons )

¿Qué necesidad había entonces de instaurar en América tribunales del Santo Oficio? La pregunta podría invertirse: ¿por qué no implantar la Inquisición en América? Si los nuevos territorios eran como una continuación de Castilla y de España, resultaba normal y lógico que pudiesen establecerse en ellos los mismos tribunales que en la Península Ibérica tal como, por ejemplo, se hizo en las Islas Canarias .

En la época en que los gobiernos consideraban la unidad de la fe como base de su política, el tribunal del Santo oficio, que gozaba en España de un poder que ni siquiera se detenía ante los miembros de la familia real, fue encargado en América de la policía de costumbres , de reprimir los extravíos de una mística irrefrenada, de extirpar el islamismo y el judaísmo y de impedir la entrada del protestantismo.

México, Lima y Cartagena de Indias, los tres centros de la Inquisición en América

Las cédulas de Felipe II autorizando el establecimiento del Santo oficio en América fueron firmadas a principios de 1569 y a mediados de 1570. A finales del siglo XVII comenzó el declive de este organismo. Su actividad decayó en el XVIII y fue definitivamente suprimido a principios del siglo XIX.

Según el historiador e investigador José Toribio Medina , del análisis de unas 1500 causas juzgadas por el Santo oficio en América, se especifican los siguientes casos: 243 por judaizantes, 5 por moriscos, 65 por luteranos, 298 por bígamos, 40 por aberraciones sexuales, 140 por herejía, 97 por blasfemia y 172 por brujería.

Auto de fe en el pueblo mexicano de San Bartolomé Otzolotepec. Museo Nacional de Arte, México. Óleo sobre lienzo. (Wikimedia Commons)

Auto de fe en el pueblo mexicano de San Bartolomé Otzolotepec. Museo Nacional de Arte, México. Óleo sobre lienzo. ( Wikimedia Commons )

El más aparatoso de los autos de fe americanos, culminación del período más activo de la Inquisición en Nueva España, tuvo lugar el 11 de abril de 1649, con 109 penitenciados y 13 relajados en persona, de los cuales sólo uno murió en la hoguera: Tomás Treviño de Sobremonte . Hay que recordar que no todos los relajados eran quemados en la hoguera sino que también se les daba garrote, instrumento utilizado comúnmente para ejecutar a los condenados a muerte en aquellas épocas.

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