Portada - Detalle de la Carta Marina de Escandinavia creada por Oleo Magno en 1539. Biblioteca Estatal de Munich, Alemania. (Public Domain)

Montañas mágicas y serpientes de mar: los primeros mapas del Ártico

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¿Qué te viene a la mente cuando piensas en el Ártico? Imagino que hielo, osos polares y un paisaje frío y estéril. Y lo que es más, supones que dicha composición de imágenes se ha mantenido igual durante mucho tiempo, ya que las exploraciones al Ártico son relativamente recientes.

En general se cree que los primeros mapas reflejan una vasta extensión blanca, esperando ser llenados con el contenido geográfico de los exploradores. Pero éste no es el caso: eso llegó mucho más tarde, en el siglo XVIII, cuando los mitos y rumores dieron paso a la rigurosa investigación científica. De hecho, cuando el Ártico comenzó a mostrarse en detalle, en los mapas del siglo XVI, rebosaba de vida y actividad. Pero mejor comencemos por el principio…

En su primera aparición sobre los mapas climáticos de Macrobius , el Ártico se nos aparece como una región fría del norte. Junto con su contraparte sureña (la Antártida), es etiquetado como Inhabitabilis. De hecho, durante la Edad media el Ártico no solo era un desconocido para los eruditos, sino que para la gran mayoría era considerado como una simple ilusión.

Figura de la Tierra obra de Macrobius, ‘Commentarii in Somnium Scipionis’ (hacia 1150). Biblioteca real de Dinamarca. (Public Domain)

Figura de la Tierra obra de Macrobius, ‘Commentarii in Somnium Scipionis’ (hacia 1150). Biblioteca real de Dinamarca. ( Public Domain )

En los mapas del mundo medieval los extremos norte y sur se convirtieron en las áreas donde se desarrollaban las mayores leyendas. Así, por ejemplo, podemos observar en un mapamundi medieval tardío la leyenda de los gigantes bíblicos Gog y Magog , localizada en la zona norte de la Siberia moderna. También se pueden ver criaturas deformes de pies grandes o los típicos blemios con sus rostros sobre el pecho poblando la ribera sur del mundo. Vemos, por tanto, que se mezclan islas ficticias y lugares imaginarios con otros que existen realmente. Sin embargo, para las personas que crearon y consultaron estos mapas, dichos lugares sí resultaban reales. Ahí radica, precisamente, el gran poder de los mapas: un poder que no ha disminuido con el tiempo.

A medida que las referencias geográficas del norte europeo fueron mejorando, los mapas también se fueron poblando, desde finales del siglo XV, con nuevas figuras y personajes. Así podemos contemplar cómo en la Carta Marina de Escandinavia , creada por Olao Magno , se mezclan renos y osos polares reales con criaturas míticas.

Por otra parte, una de las características más interesantes del Ártico −aparecida por primera vez en el globo terráqueo de Martin Behaim de 1492 −, es la existencia de un extraordinario Polo Norte sobre el que cuatro ríos nacen y discurren, simétricamente, desde él. Esta característica se repitió en otros mapas décadas después, incluyendo los famosos mapamundis de Gerardus Mercator de 1569 y el atlas de 1595.

Mercator: Septentrionalium Terrarum descriptio. Mapa del Polo Norte (1623). (Public Domain)

Mercator: Septentrionalium Terrarum descriptio. Mapa del Polo Norte (1623). ( Public Domain )

Otra característica extraña, añadida a los primeros mapas de la región ártica, es la aparición de una gran montaña magnética en la cima del mundo. Hay que tener en cuenta que a menudo los mitos nacen de una leve semilla de realidad, y la verdad es que los primeros navegantes del Ártico descubrieron que la brújula comenzaba a mostrar lecturas extrañas. Tal historia partió del diario de un supuesto viaje por el Ártico realizado por un holandés llamado Jacobus Cnoyen , quien habría sido testigo de éstas y otras particularidades.

Lo que sí es cierto es que cualquier dato, mapa o historia legendaria era estudiado muy  seriamente por los estados europeos que buscaban ampliar sus imperios y territorios. De este modo, la promesa de un acceso directo a través del norte hacia el Océano Pacífico y las riquezas de China, motivaron que Gran Bretaña, en el siglo XVI, dedicase considerables recursos –centrando gran parte de sus planes en el Ártico–, con el fin de explorar su geografía.

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